El Gobierno: poco satisfactorio, pero aprobado


Por Diego Reynoso, profesor de la Universidad y director de Ipsos Public Affairs.

Ya pasado un año de gobierno de la gestión de Mauricio Macri la forma en que se estructura la opinión pública parece en lo esencial no modificarse: en su mayoría los que lo votaron lo aprueban y quienes no lo hicieron lo desaprueban. Los resultados de la encuesta mensual realizado durante todo el mes de enero 2017 de los Indicadores de Satisfacción Política e Institucional que realizamos entre la Universidad de San Andrés e Ipsos, así lo vienen confirmando. A lo largo del año la aprobación del presidente cayó del 68% en enero del 2016 para estabilizarse en mayo alrededor del 50% durante este año, con picos del 56% y caídas al 48%, para llegar hoy a fines de enero de 2017 a un 51% de aprobación y un 39% de desaprobación. La división en dos bloques de la opinión pública, como los del ballotage, parece persistir inalterada.

Si bien la mitad lo aprueba, la satisfacción del electorado con la situación política, o incluso en relación al desempeño del poder ejecutivo, es más baja. En la actualidad nuestro Indicador de Satisfacción Ponderada acerca de cómo marchan las cosas en el país arrojó valores muy similares a los del mes de noviembre y diciembre, esto es: un valor de 43.1, muy por debajo de los estándares aceptables de satisfacción (alrededor de 70). Algo similar arroja en el índice de satisfacción con el poder ejecutivo (39.6).

El panorama es claro: si bien la mitad que lo ha convertido en presidente lo aprueba, parece estar menos satisfecha con los resultados que presenta su gestión. Y no es para menos, ya que un 68.8% de los entrevistados considera que la situación económica es mala o muy mala. Pero no sólo es la economía… (estúpido!), también hay algunos indicadores de satisfacción con ciertas políticas que se han deteriorado: el conflicto del CONICET por ejemplo, desplazó del top-five de políticas mejor evaluadas a “ciencia y tecnología”. Algo similar parece suceder con “relaciones exteriores”. Las políticas que siguen despertando de manera sostenida la menor satisfacción de la población son empleo, justicia y seguridad, todas ellas con muy baja satisfacción durante todo el año. La satisfacción con las diferentes áreas de política pública cayó durante todo el año, en grados diferentes desde luego. Incluso las políticas que mejor son evaluadas por la sociedad, como turismo, cultura y relación con los medios no solo tienen puntuaciones bajas de satisfacción si no también han experimentado cierta retracción con 2016.

Cualquier CEO de una empresa cuyas diferentes áreas de servicios dieran estos números estaría seriamente preocupado. Pero es cierto que las empresas corren con ventaja, ya que miden la satisfacción solo entre sus clientes, los cuales de hecho en casi la mayoría de los casos suelen elegir a la empresa que le compran sus productos o servicios. El gobierno en este sentido es diferente, porque debe satisfacer con sus políticas y servicios tanto a quienes lo eligieron como a los que no. De todas formas, no requiere que el 70% o el 100% esté satisfecho, le basta a veces con una simple mayoría. La cuestión es, considerando el año de gobierno, si los niveles de (in) satisfacción política, económica y social alcanzan para sostener al porcentaje que todavía aprueba al presidente y transformarlo, así, en apoyo electoral en las elecciones de octubre. Al menos al día de hoy cuando preguntamos a quién votaría en las próximas elecciones, un 28% parecería inclinarse por la oposición, un 29% indica que aún no sabe, mientras que un 42% señala que lo haría por la lista de candidatos del partido del presidente. Si bien el dispositivo “la culpa es del anterior gobierno” por ahora parece funcionar, no es claro si lo seguirá haciendo ya cercanos a octubre.

Clarín
06 de Febrero de 2017