“El uso de una palabra grosera funciona como señal de los posicionamientos sociopolíticos de los interlocutores”


Silvia Ramírez Gelbes, directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés, analizó en la revista Noticias los exabruptos de la expresidenta Cristina Kirchner.

“Resulta evidente la marca de ‘dominio’ que manifestó el empleo de ese término en concordancia con el tono despectivo que evidencia la grabación”, afirmó la doctora en Lingüística. “En ese caso, entonces, el uso de una palabra grosera funciona como señal de los posicionamientos sociopolíticos de los interlocutores: socialmente, sólo un superior está habilitado para aludir así, en segunda persona, a un subalterno. En esa situación, Cristina Kirchner no sólo lo insultaba –¿amistosamente?– a Parrilli, también le estaba diciendo ‘Acá, la que manda soy yo’”, agregó.

Según Ramírez Gelbes, “las expresiones tabú siempre se han usado para hacer una catarsis en una situación de crisis o de estrés. Incluso cuando se las usa como un insulto –es decir, sin que sean proferidas al aire sino en contra de una segunda persona– tienen este valor catártico”. Para la lingüista, “en el caso de Cristina Kirchner, sin importar que haya sido presidenta de la Nación, el empleo de palabras de este tipo, por lo menos según muestran estas grabaciones, parece bastante frecuente. Su discurso enérgico y apasionado recurre repetidamente a la catarsis”.

 

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Martes, Abril 25, 2017