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“Después de 30 años en democracia uno de los desafíos es mejorar la educación”

Catalina Wainerman, Angela Aisenstein, Rebeca Anijovich y Jason Beech analizaron el contenido y los efectos de las políticas educativas aplicadas desde 1983, las consecuencias que dejó la última dictadura y la brecha que separa a las decisiones macro del día a día en las aulas.

“Uno de los grandes desafíos de la Argentina es mejorar nuestra educación”. Cuatro educadores sentados a una mesa, casi dos horas de charla y la definición final que es coincidente luego de evaluar los últimos 30 años de democracia en los ámbitos escolares y universitarios del país. Un recorrido que abarcó desde la actividad en las escuelas hasta los ámbitos de decisión de gobierno.


Catalina Wainerman: Sigo tratando de formar educadores con una mirada crítica, al mismo tiempo que creo que la posibilidad de cambiar el sistema educativo  es próxima a cero.

+ San Andrés: ¿Y de qué modo, en ese contexto de análisis, se puede analizar la educación argentina en las últimas tres décadas?

Jason Beech: Por deformación profesional una de las cosas que hago es ver a la educación en un contexto socioeconómico, político y también global. Desde esa perspectiva, no podemos mirar a la educación sin analizar qué pasó en la sociedad argentina. En los años 70, por ejemplo, el 7 por ciento de los habitantes del país estaba bajo la línea de la pobreza, pero en 2013 ese número, según cifras no oficiales, está cerca del 20 por ciento, aunque tuvimos picos de 50 por ciento en 2001-2002. Creo que no hay muchas sociedades en el mundo que hayan tenido una debacle social como la que tuvo la Argentina en términos de ampliación de la brecha entre ricos y pobres y de la pobreza. El sistema educativo está especialmente vinculado con todo eso; es causa y consecuencia. Hay históricamente una especia de ideal, que algo de real tiene y de narrativa también, de que la Argentina tuvo un sistema educativo de alta calidad. En algún momento esa concepción se empieza a caer, creo que antes de la última dictadura, pero hay una asociación muy directa entre los problemas políticos que tiene la Argentina y esa debacle del sistema educativo. Cuando vos tenés problemas políticos, de violencia, económicos y crisis sociales, obviamente hay muchos menos recursos para dedicarte a pensar el futuro, que es por definición la educación. Uno puede ver una debacle que empieza claramente antes de la última dictadura, y se agrega que los militares no tenían una idea clara de qué querían construir sino de qué querían destruir. La dictadura tiene cinco ministros de Educación distintos, no hay una política educativa propositiva sino de represión, especialmente en la educación superior, pero no solo allí. Después de eso viene la democracia con mucha esperanza, pero en el gobierno de Raúl Alfonsín salvo el Congreso Pedagógico del ‘84, donde desde lo discursivo hubo lindos debates.

Angela Aisenstein: Ahí ya se proponía una nueva Ley General de Educación; y el sector más organizado, que pudo plantear más orgánicamente sus perspectivas fue el de la Iglesia. Se puede decir, inclusive, que anticipó algunas cuestiones de la ley de los 90.

Jason Beech: Claramente el Congreso Pedagógico no tuvo mucho efecto. Pero hay otra cosa que es que desde los 70 se está dando en el mundo una revolución en la educación. Hay un cambio radical en cuanto a cómo se produce y cómo circula la información. Mientras en el resto del mundo –Europa, Estados Unidos y Australia, por ejemplo- están discutiendo cómo adaptar los sistemas educativos modernos creados para la era industrial a esta nueva era de la información, acá estamos discutiendo cómo recuperar un sistema antiguo. Y un ejemplo de eso es el currículum para la Formación Docente. Cuando Alfonsín llega al gobierno aplica una reforma que significa volver al ’73, porque la idea era sacar la influencia de la dictadura. Yo celebro el hecho de sacar esa influencia, pero un gran problema de la educación es que siempre se quiere sacar la influencia de lo anterior y no queda claro qué se construía.

Catalina Wainerman: Mirando a la educación como parte de un sistema social general me parece que no hay mayores diferencias respecto de otras áreas. Argentina sufre de la inexistencia de proyecto de país. Son respuestas espasmódicas a cuestiones puntuales de gobiernos que saben que gobiernan durante cuatro años, con suerte, y que no se proponen un proyecto de país con grandeza.

Rebeca Anijovich: Mirando más a la situación micro, que se ve reflejada en lo que dijeron, me parece que hubo y sigue habiendo, producto de la falta de una política clara, emprendimientos que dependen de la buena disposición, creatividad y voluntad del director de una escuela, un maestro o un profesor. Es cierto lo que dice Jason acerca de que en los 80 se abren debates interesantes, y uno de ellos es el tema del sistema de convivencia. Entonces se discuten las sanciones, hay una historia de modelos diferentes donde la intención está asociada a dejar de castigar y trabajar con la idea de reparar. Pero reparar hoy sigue siendo, en algunos casos, que si te portaste mal en la escuela vas el sábado y pintás una pared, como si eso tuviera que ver con el episodio y lo que dio lugar a la sanción. Por otro lado, el fenómeno se repite también con los materiales, los textos, las estrategias de enseñanza. La lista de libros prohibidos por la dictadura deja de estar vigente pero no cambia la esencia en términos de instalar otra política y el impacto que eso tiene en las aulas. Son expresiones aisladas, sueltas, dependientes de la voluntad de las personas. Yo escucho lo que ustedes dicen sobre el nivel macro de la educación y me planteo que mientras tanto los docentes están en las aulas con los alumnos y algo hay que hacer. Eso me genera todo el tiempo tensión, porque al mismo tiempo un maestro de una escuela me dice: “¿Qué hago con todo esto?”. La escuela no cierra mientras todo esto se discute.

Jason Beech: Cuando el Estado, sea quien sea, no resuelve los problemas está haciendo política de alguna manera, porque deja un espacio para que otros ocupen ese lugar y se beneficien. Robert Cowen dice que la educación es política comprimida. Las tomas de las escuelas, como por ejemplo en el Nacional Buenos Aires, también te muestran cómo se hace política en la Argentina: cortando una calle o una ruta. Uno entiende que se haga esto así en la Argentina porque no hay institucionalidad. Ahora uno esperaría que la escuela sea un lugar diferente donde se aprenden a hacer las cosas de manera distinta para que la próxima generación haga política de una manera más constructiva.

Angela Aisenstein: La escuela no está separada del sistema, como tampoco los maestros de su lugar de padres y ciudadanos. Ahora que se cumplen 30 años de democracia, me parece que estamos celebrando eso y punto. Algo que alguna vez fue normal, que fue parte de la historia pero que desde 1955 en adelante ya no. Pero en nuestro campo de desempeño tenemos que ver cuál es el efecto de los últimos 20 años, porque los primeros diez creo que centralmente se trataron de la recuperación del sistema democrático, de poder decir lo que no se podía, leer los libros que no se podían leer, traer a los autores que no se podían traer, que el conocimiento fuera importante y terminar con las prácticas autoritarias en las escuelas. En la primera década tratamos de recuperarnos de la debacle que ocasionó la dictadura. Ahora, es complicado hacer un balance sin datos en la mano de los últimos 20 años.

Jason Beech: Hay algo que si uno mira dentro de estos 30 años hemos ganado como sociedad: que es impensable la posibilidad de un nuevo golpe militar, y sin dudas la educación está vinculada a esta idea; las prácticas en las escuelas y en la universidad se han beneficiado de esa situación. Más allá de todos los problemas estructurales que podemos tener, por lo menos estamos discutiendo en un ámbito democrático. Pero después, cuando uno piensa en las políticas educativas y en sus avances, han sido 30 años en los cuales no hemos logrado organizarnos, tener una política educativa y una mirada sobre la educación a largo plazo, ordenada, que sepamos adónde estamos yendo. En educación hay un claro problema de falta de gobierno. Y en un régimen democrático como el argentino, donde hay mucha fragmentación, poca estabilidad de los partidos políticos e institucionalidad se hace mucho más difícil. La única reforma más o menos estructurada que tuvimos fue al de los 90, pero sus efectos fueron bastante negativos en muchos sentidos.

Angela Aisenstein: Sí, aunque no se hicieron políticas pro-mercado, como en Chile, el efecto fue de fragmentación, casi de mercado. Tenemos nichos de educación de excelencia y otros que tiene una educación peor que antes. El efecto fue pro mercado pero la política fue pensada en el y con el Estado como actor central.


Catalina Wainerman: No hay proyecto de largo plazo, no hay continuidad de la administración, no hay continuidad de los cuadros profesionales, cambia el gobierno y todo empieza de nuevo. Lo terrible, si es un modo de decirlo, es que es un país con un capital intelectual notable. Pero se destruye y se destruye.

Jason Beech: En el medio está claro que esta falta de institucionalidad permite que florezcan actitudes individuales que antes no estaban, gente que puede hacer cosas, docentes y escuelas que son interesantes. Pero pensemos que es una educación que en estos 30 años, junto con recuperarnos del autoritarismo tremendo de la dictadura, tuvimos que lidiar con problemas de pobreza mucho más grandes, con padres desempleados y, al mismo tiempo, siguiendo las tendencias en el mundo que le exigen a la escuela incluir cada vez más cosas. Al mismo tiempo que esto pasa no se invierte dinero. Recién en los últimos diez años se empezó a invertir más en educación. Insisto: no hay un proyecto a largo plazo y creo que esto afecta a todas las instituciones. En educación uno puede resolver en el corto tiempo, pero la política educativa a nivel país es, por definición, a largo plazo.

Angela Aisenstein: Si uno piensa en la Ley de Educación Nacional es una buena ley, pero ahí se debe empezar, no terminar. Tener un plan estratégico educativo es más que tener una ley de educación.

Jason Beech: Creo que el desafío no está solo en tener buenas leyes, un buen currículum, sino que además se necesita que lo que pase en las aulas sea más o menos parecido a lo que dice la norma. Nuestro sistema tiene serios problemas de gobierno, y también los gremios son parte del problema. No han logrado cambiar su forma de funcionamiento para contribuir a la reforma del sistema. Se abroquelan en las luchas de poder internas, que son muchas. Me parece que eso también tiene que ver con la forma de hacer política en la Argentina.

Catalina Wainerman: La cuestión es si este marco de sostenimiento de la democracia, de sistema político, ha ayudado o no a que la educación mejore su funcionamiento. Mi visión es un poco negativa, lo que no quiere decir que uno descrea del sistema democrático como forma de gobierno.

Jason Beech: Si vos querés comparar el sistema educativo actual con el de la última dictadura obviamente estamos mejor desde el momento en que las prácticas no son autoritarias dentro de las escuelas. Pero pasados 30 años uno le exige más al sistema que simplemente haberse recuperado de los males de la dictadura. Uno de los grandes desafíos de la Argentina es mejorar nuestra educación.

Catalina Wainerman: Claramente el sistema democrático es una condición necesaria pero no suficiente para modificar el sistema educativo.


Jason Beech: Pero uno no puede dejar de tener en cuenta que es junto con la democracia que vienen otros cambios que le caen al sistema educativo como paquete: la pobreza, las diferencias sociales, el desempleo, la desfinanciación. Todo eso impactó tremendamente en el sistema educativo. Si lo mirás, por ejemplo, desde el punto de vista de los resultados de aprendizaje, de retención, el balance es negativo.


Angela Aisenstein: En estos 30 años la escuela trató de recuperar la escuela que teníamos cuando la sociedad era más simple.


Jason Beech: Esa imagen de escuela exitosa es un lastre que todavía nos cuesta. Quieren volver a la escuela en la que Julio Cortázar era profesor, pero ya no se puede. 

de Facundo, 06 de December de 2013

Totalmente de acuerdo con el titulo de la nota