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Marcelo Leiras: Estado de políticas para la democracia argentina

“El sistema político no ha servido eficazmente a los ganadores ni ofrecido remedios confiables a los perdedores”, expresa el profesor Marcelo Leiras, Director de la Maestría en Administración y Políticas Públicas, en un tramo de esta nota en la que realiza un análisis acerca de los últimos 30 años de democracia.

En las ciencias sociales le escapamos a los pronósticos. Sin embargo, voy a salir un poquito de esa costumbre para hacer uno: pregunte a diez personas qué le faltó a la democracia argentina en estos 30 años y nueve destacarán la ausencia de políticas de Estado.

En las ciencias sociales no le escapamos a los juegos de palabras. Fiel a la liturgia, propongo otro: a la democracia argentina en estos 30 años no le faltaron políticas de Estado, sino un Estado de políticas.

De acuerdo con el uso común, las políticas de Estado son cursos de acción que se sostienen más allá de los cambios de gobierno porque están fundados en acuerdos amplios. Es razonable pensar que la estabilidad es una virtud de las políticas. Las políticas son señales: prohíben, permiten, obligan, alientan, desalientan. Pocos se toman en serio a las señales que cambian seguido, de modo que las políticas eficaces tienen que ser estables.

Esto no quiere decir que toda política estable sea eficaz. Hay formas virtuosas y viciosas de estabilidad. Hay políticas que son estables porque descansan en consensos amplios, pero la estabilidad a veces también resulta del disenso profundo. El régimen de Coparticipación Federal de Impuestos, por ejemplo, no cambia porque las elites provinciales estén igualmente satisfechas con la situación actual, sino porque cada una elegiría esquemas muy distintos para reemplazarla.

Otras veces puede haber políticas estables porque no hay dinero para financiar políticas distintas; o porque la debilidad técnica o la resistencia de los equipos de funcionarios y empleados públicos neutraliza los intentos de cambio; o porque los actores sociales que se sienten afectados negativamente por ellas las combaten. La demanda de políticas estables es razonable, pero la estabilidad no siempre es signo de que está pasando algo bueno.

Por otro lado, 30 años sin políticas basadas en consensos muy amplios, ¿no deberían hacernos sospechar que quizá no hay cuatro o cinco cosas sobre las que un número suficientemente grande de nosotros pueda ponerse de acuerdo? Empecemos el ejercicio al revés: no hay grandes acuerdos, ¿qué hacemos?

Un Estado de políticas parte de reconocer que las decisiones de gobierno resultan de desacuerdos muchas veces profundos. Por eso, en un Estado de políticas las leyes electorales, la organización de los partidos políticos y la arquitectura del federalismo favorece la manifestación de los distintos intereses sociales y territoriales.

Un Estado de políticas:

-Requiere que los conflictos se manifiesten adentro de las instituciones para poder resolverlos allí y no en la acción directa;

-Ofrece a los perdedores de las elecciones y a los derrotados en las votaciones en el Congreso la posibilidad de manifestar su punto de vista y alguna probabilidad de obtener compensaciones o alterar el curso de las políticas en su favor en algún futuro cercano.

- Necesita ser una herramienta eficaz y confiable para quienes ganan las elecciones y las votaciones en las cámaras. Esta herramienta tiene recursos financieros, técnicos y organizativos para sostener los cursos de acción decididos y para contener y neutralizar las resistencias sectoriales que el sistema representativo no consiga canalizar.

Un Estado de políticas es un Estado para la política, pero no para la política que se agota en la actividad proselitista sino para la que construye mayorías electorales a partir de la gestión eficaz y receptiva de las demandas sociales. En un Estado de políticas la campaña es una continuación de la gestión por otros medios.

En 30 años de democracia hemos tenido, tanto en el nivel nacional como en los provinciales y en muchos espacios locales, pocas políticas de Estado y poco Estado de políticas. Las decisiones han oscilado en un rango muy amplio, la estabilidad ha sido más veces resultado de la impotencia que de la convicción y el sistema político no ha servido eficazmente a los ganadores ni ofrecido remedios confiables a los perdedores.

La demanda de políticas de Estado cree que el problema es que hay disenso donde debería haber consenso. Un Estado de políticas, en cambio, presume que el disenso es inevitable pero confía en que se lo puede expresar y gestionar de otra manera.