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Enrique Kawamura: "La plata no va a venir sola después del acuerdo con el Club de París"

"Estas últimas décadas de falta de institucionalidad nos hicieron aprender que la dinámica política no sólo es compleja e inestable, sino que nos vuelve pesimistas a la hora de proyectar instituciones más creíbles", analizó el profesor del Departamento de Economía.

La posibilidad de conseguir nuevos créditos a partir del acuerdo al que llegó el Estado nacional con el Club de París dependerá de que el Gobierno posea una estrategia de gestión; será difícil que la plata aparezca por sí sola.

La actual administración de gobierno tiene un problema de credibilidad que no nació a partir de la disputa con el Club de París, sino que tiene múltiples capítulos: poca predictibilidad en las políticas públicas y monetarias, y la falta de transparencia en el INDEC son sólo algunos ejemplos.

Por ese motivo, pretender que con un acuerdo como el firmado el miércoles pasado se solucionarán todos los inconvenientes del país es, a priori, demasiado ingenuo. Algunos analistas expresaron que “ojalá el convenio sirva para…”, pero conociendo un poco el perfil de los actuales funcionarios me permito dudar de que efectivamente vaya a servir.

Habrá que ver con qué instituciones querrá acordar el Gobierno a partir de ahora. A esta altura es difícil pensar en lo que ocurrió en la década del 90, cuando el Gobierno emitía bonos y el mercado alegremente los compraba. No veo que haya un mercado tan abierto porque, como mínimo, la Argentina debe solucionar antes el conflicto que mantiene con los holdouts.

A esto se le suma las muchas medidas de toqueteo permanente de las políticas fiscales y de las regulaciones. Hoy se ve que se intentan ajustar los subsidios para reducir el déficit fiscal, pero han llegado demasiado tarde. La economía está entrando en una etapa en la que parece estar enfriándose: la recaudación en términos reales es difícil que crezca y sólo reduciendo un poco los subsidios no se va a cerrar la brecha fiscal.

Por este motivo dudo de las posibles consecuencias directas y positivas del impacto que pueda traer este acuerdo. Además, la Argentina enfrente un problema de mediano y largo plazo. Este gobierno, en principio, afrontará sólo los primeros dos pagos de los cinco planteados con el Club de París, pero el resto lo hará el próximo presidente. En ese contexto me llama la atención la aparición del senador nacional Ernesto Sanz considerando que el convenio representa una buena noticia. Si FAUNEN resulta ganador de las elecciones de 2015 tendrá que afrontar estos pagos sin todavía contar con la certeza de que tendrán ingresos fiscales para eso. Ningún político  oficialista ni opositor puede asegurarlo.

Estas últimas décadas de falta de institucionalidad nos hicieron aprender que la dinámica política no sólo es compleja e inestable, sino que en general nos vuelve pesimistas a la hora de proyectar instituciones más creíbles;  puede haber personas con buenas intenciones pero con poco poder de gestión porque enfrentan oposiciones severas, y otras  que tal vez tengan alguna capacidad de gestión pero a las cuales las instituciones le importan muy poco. La historia del último medio siglo demuestra que se ha recorrido un sendero. Desandarlo para volver a uno más sólido institucionalmente creíble y duradero, que nos haga pensar que este acuerdo nos ayudará a atraer inversiones de algo plazo, es demasiado optimista. Ya desaprovechamos muchas oportunidades.