En contexto

Enfoques sobre la actualidad del país y del mundo

Comunicación Institucional

San Andrés en imágenes

Galería multimedia

+ San Andrés

Actualidad

Lorena Moscovich: ¿Quién es el Frank Underwood argentino?

Ni el dominio sobre el bloque legislativo de Miguel Ángel Pichetto, la capacidad de operar en las sombras de Enrique “Coti” Nosiglia, ni la influencia en el PJ bonaerense de Eduardo Duhalde en sus mejores tiempos, tienen la principal característica de la forma de jugar de Frank Underwood: solo y movido por la estrategia. Así analiza la profesora del Departamento de Ciencias Sociales al personaje principal de la serie televisiva “House of Cards”. La versión original de la nota puede verse aquí: http://goo.gl/atZsgG

A la pregunta: “¿Quién es  el Frank Underwood argentino?” hay una única respuesta: nadie. No existe político como él. El dominio sobre el bloque legislativo de Miguel Ángel Pichetto, la capacidad de operar en las sombras del Enrique “Coti” Nosiglia, la influencia sobre las bases bonaerenses del PJ de Eduardo Duhalde en sus mejores épocas, los ojos de papá, la sonrisa de mamá… así podríamos seguir, pero la principal característica de la forma de jugar de Frank Underwood es ajena a la política real: juega solo y solo movido por la estrategia. Frank sabe más que todos, sabe más que el propio Presidente y su única motivación es su propio interés.

Así como Mad Men podría invitarnos a pensar las transformaciones en las relaciones de género o en el cuidado del medio ambiente; Games of Thrones el accidentado proceso de concentración del poder y la lucha en un orden multipolar; podemos hacer el ejercicio de pensar la política real a partir del prisma  que da la serie House of Cards. Así lo hicimos en la Universidad de San Andrés hace algunas semanas junto con Julian Gadano y Diego Reynoso, ante un aula colmada de alumnos,  sentados hasta en los pasillos. Muchas de las ideas que aquí comparto surgieron en esta discusión.

De los límites al poder: instituciones e intereses

Aun en la serie, Frank, este político que la para, arma y define, encuentra límites a su poder.  Gobernar implica liderar y dar una dirección a las políticas del gobierno. Esa dirección es definida respondiendo a algunos intereses y dejando de lado otros. Los actores y sus intereses no están en igualdad de condiciones, algunos serán muy poderosos y otros tan débiles que ni siquiera serán capaces de organizarse para llevar al gobierno sus demandas. Por definición, no hay ningún tipo de relación entre el poder de los actores y el interés público (por no decir la “justicia” o “relevancia”) de sus demandas. Existen demandas con canales regulares y públicos para negociar con el gobierno, por ejemplo, las establecidas por el derecho del trabajo que canaliza los reclamos de los trabajadores a través de sus representantes, los sindicatos.  Otras demandas se resuelven ad hoc por medio de entrevistas y audiencias, pero un último grupo cuyo peso desconocemos se resuelven en las sombras. La idea de poderes fácticos es tan inadecuada como anacrónica. Los “poderes fácticos” no son nada nuevo, son los actores cuyos intereses demandan la atención del gobierno a través de diversos medios y son tan viejos como la política misma.

En la primera temporada Frank empieza a gestar su venganza por no haber sido elegido Secretario de Estado y su plan maestro para  quedarse con todo. Se muestra subordinado y está a punto de quedarse con el crédito del principal logro de los primeros cien días de gestión: la aprobación de la ley de educación. Por más “gato” que sea, si Frank quiere ganarse el favor del presidente debe negociar con los sindicatos. Reunido con Mary Spinella, el vocero y lobista del sindicato de docentes, y con líderes sindicales de todo el país, tiene que negociar punto por punto la ley. Sin embargo Frank deja el recinto para atender una demanda por un accidente de tránsito en su condado de origen.

Un segundo límite al poder es la mismísima competencia electoral. A diferencia de lo que sucede en la Argentina, en Estados Unidos existen distritos uninominales (es decir, circunscripciones electorales donde se elige solo una persona). Así, los votantes identifican quien es “su” diputado y un escándalo local, como una demanda judicial,  podía atentar contra la 13 reelección (si, si, adoradores de la democracia de los padres fundadores, ¡13!) del diputado Underwood. Por ello, Frank  abandona la crucial negociación con los líderes sindicales docentes, la negociación por la ley federal más importante del momento, la que acapara la atención de medios y con la que se juega su carrera política en la Casa Blanca, para ir al condado de  Gaffney a desalentar de manera personal a los padres de la una chica muerta en un accidente de tránsito distraída al textear sobre una torre de agua con forma de … durazno (http://en.wikipedia.org/wiki/Peachoid). Como bien saben los políticos, ganar en su distrito es precondición no solo para ser parte del congreso, sino también para posicionarse con chances frente a otros pre candidatos presidenciales. Si hay algo verosímil de House of Cards, mencionó Reynoso en San Andrés, es lo claro que queda el rol del liderazgo en político. Ese liderazgo, sin embargo, está condicionado por instituciones que los limitan y encauzan, como los sistemas electorales y  los mecanismos de mediación de intereses.

Elogio de los políticos

No existen jugadores que jueguen solos, ese fue uno de los principales puntos de la exposición de Gadano. Y agregó algo más, tampoco existen políticos que sean todo el tiempo estratégicos. Convicciones personales, ideología, compromisos con su partido y, tal vez, mucho más relevante aun sensibilidad respecto del bienestar del electorado de su provincia, municipio y pueblo, son siempre motores del comportamiento político que la serie no refleja detrás de este jugador hábil y estilizado hasta la inverosimilitud. Porque Frank no solo mueve los hilos, prepara la jugada entera para luego moverlos. Tan solo juega Frank que hasta  se ocupa del trabajo sucio con sus propias manos.  Como en la canción de Santi Gold con los Beastie Boys, Underwood no juega juegos que no pueda ganar.

Pero en la política real siempre hay mucho que perder. Max Weber decía que a la mesura y el cálculo, siempre los acompaña la pasión. En la política hay estrategia, pero también hay convicciones y riesgos y eso, todo eso junto se necesita para gobernar bien.