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Gabriel Giubellino

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Walter Sosa Escudero: "Hay muchos olfatos que le ganan a la estadística"

"Cuanto más simple es la realidad, más fácil de predecir. De lo que se jactan a veces los predictores es cuando predicen pavadas. Cosas fáciles. Pasa con los arqueros, cuando ataja es un héroe. El abuso es exacerbar cuando predecís bien. Si acierto el PBI, me hago una remera que diga: "Yo le pegué al PBI", indicó el profesor del Departamento de Economía de San Andrés. La versión original de la nota puede verse aquí: http://beta.tiempo.infonews.com/edicion/1499/sociedad

Porteño, licenciado en Economía y PhD en la Universidad de Illinois, Walter Sosa Escudero se especializa en econometría teórica y práctica ligada a cuestiones sociales, como la medición de la pobreza y la desigualdad. De eso habla en su libro Qué es (y qué no es) la estadística (Siglo XXI Editores) y en esta entrevista.

–Qué distinta sería la definición de pobreza si las variables las eligiera el Pepe Mujica, que dice que no es pobre el que más tiene, sino el que menos necesita, o algo así.

–Bueno, con nuestros estándares de pobreza, en Suiza no hay pobres. La percepción de que hay pobres en Suiza es relativa, es en relación con el resto de la gente. Vos sos pobre porque tenés menos que otros. En cualquiera de nuestros países, la percepción es absoluta: a vos no te alcanza para consumir tanto; ergo, sos pobre.

–Pero, ¿hay pobres en Suiza?

–Sí, hay pobres, pero en realidad quiere decir que hay desigualdad. Eso está muy teñido de los movimientos migratorios. En algún sentido, en esos países es síntoma de buena salud social porque significa que están atrayendo gente. No es que produce pobres, sino que tiene pobres. El tema es: cuando hablamos de pobres, de desempleo, ¿de qué estamos hablando? Aunque parezca que hablamos de lo mismo, hablamos de cosas diferentes.

–Ahora todo el mundo produce datos. En la televisación del Mundial, lo vemos: Higuaín fue el jugador que más corrió, por ejemplo, en el partido con Suiza. ¿Y con eso qué hacemos?

–Esa pregunta no sólo se aplica al deporte sino a todo lo que es comunicable entre la gente. Los datos ilustran una parte del fenómeno. Un partido de fútbol es un evento extremadamente complejo. ¿Cómo predecir la goleada de Holanda a España? Mirando los datos, eran parejos. Uno podía decir: bueno, en España son un poco más viejos, Holanda tiene más hambre de gol, pero no había forma analítica de predecir esa goleada. ¿Esto significa que la estadística no sirve para nada? No, sirve hasta cierto punto. Más allá de ese punto, operan cosas complejas que no hablan de la inefectividad de la estadística, sino de la complejidad del fenómeno.

–¿Con el clima pasa lo mismo?

–Juntar datos climáticos se ha vuelto muy fácil con los satélites. El problema de la predecibilidad del clima no son los datos. El clima en el mediano plazo es un evento tan complicado que es muy difícil hacer una predicción sensata.

–¿Los eventos sociales son más difíciles de predecir que el clima?

–Mucho más, por dos razones. En el clima, es la naturaleza haciendo su maldito trabajo, un sistema brutalmente complejo en movimiento. En la sociedad, hay interacciones. Uno que patea, otro que ataja. Detrás de variables inocentes como el precio de la nafta, lo que hay es una brutal interacción entre trabajadores, empresas, productores de petróleo, el Estado mismo. Parte de nuestra inhabilidad para hacer predicciones no es nuestra falta de idoneidad, sino que estamos lidiando con un problema muy difícil.

–Pero en algo tan social como las elecciones, hay encuestadores que la pegan más que otros. En general, están todos bastante cerca.

–Cuanto más simple es la realidad, más fácil de predecir. De lo que se jactan a veces los predictores es cuando predicen pavadas. Cosas fáciles. Pasa con los arqueros, cuando ataja es un héroe. El abuso es exacerbar cuando predecís bien. Si acierto el PBI, me hago una remera que diga: "Yo le pegué al PBI."

–En tu libro mencionás a un español que analizó 1400 penales y dice que no hay forma de predecirlos.

–Lo que dice esa teoría es que vos, como arquero, no tendrías que poder predecirlo porque, si pudieras, yo cambiaría mi decisión.

–¿Pasó eso con el famoso papelito del arquero alemán, en el Mundial 2006, que supuestamente tenía anotado a qué punta pateaba cada argentino? Si sé que ese papel existe, actúo de otra manera.

–Riquelme lo dijo de una manera sofisticada: fue un artilugio de los alemanes para ganar tiempo. Lo que pasa con los datos, hay que ser muy sincero. A veces te dicen lo que vos querés escuchar, pero a veces no.

–¿Qué pasa cuando los datos te contradicen?

–Bueno, ahí viene la incómoda situación de ser honesto. Una alumna una vez me dijo: "Me contrataron para medir el impacto de una campaña publicitaria y me dio negativo, la publicidad baja las ventas, ¿cómo hago para que dé positivo?" Y le dije: "Ponele un signo + adelante." Eso no es un probema estadístico, es un problema ético. No me gusta citar esta frase por lo que significa en nuestro país, pero un tipo una vez dijo que si torturás a los datos, eventualmente confiesan. El abuso de la estadística es ese.

–Pienso en los cuestionamientos políticos y metodológicos al Indec y a las mediciones "independientes" o del Congreso.

–La pregunta es súper delicada. Lo que estaría bueno es que cuando hay fiebre, no discutamos sobre el termómetro. Lo que pasa con el asunto del Indec es que, minada la credibilidad por los factores que vos quieras, empieza a haber mediciones alternativas, que tienen los mismos problemas metodoógicos que los del Indec y quizás alguna desventaja por la falta de experiencia en hacer estadísticas sociales, y eso termina generando más ruido. En definitiva, lo que termina ilustrando esa pregunta es que la estadística pública es un acuerdo social.

–¿Como lo que decías antes sobre acordar qué es la pobreza?

–No existe una forma de resolver la medición de la pobreza si no es antes poniéndonos de acuerdo. Pero sí hay más consenso en definir si la pobreza está subiendo o bajando. 

–¿Viste el experimiento que hizo Facebook en el muro de miles de usuarios?

–Sí. Google lo hace todo el tiempo. Cuando Google decide ponerte un aviso a la izquierda o a la derecha, lo tantea con un grupo de gente. A estos experimentos de corto plazo, como los llaman, los vamos a ver mucho más enfáticamente. Los vamos a ver crecer mucho en los medios sociales. Amazon también. Con mi libro haría un experimento para ver si tiene más aceptación con los libros de matemática o de sociología. Cada vez es más fácil cruzar los datos de la mermelada que compraste con los impuestos que pagaste. La masa de información que se está generando es brutal.

–Siendo estadístico, cuando decidiste hacer tu libro, ¿hiciste algún tipo de estudio?

–No, estamos en la Argentina, no se hace porque no tiene sentido hacerlo. Pero en los Estados Unidos se hace.

–¿Acá sigue librado a la intuición, al olfato del editor?

– Sí. Y para colmo, es un buen olfato. Hay muchos olfatos que le ganan a la estadística. El de los editores, el de los tasadores. El modelo más sofisticado para predecir cuánto vale un departamento no le puede ganar al tipo que entiende, se mete adentro y dice: tanto. Porque hay un maldito 30% que es súper subjetivo. El tipo le va a ganar a cualquier modelo estadístico que se agarre de cosas observables.