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"La cultura del juego quedó destruida en el fútbol argentino"

El accionar de las barras bravas al amparo de la estructura estatal, el negocio de la televisión por sobre el amague, la filosofía de ganar como sea y el ejemplo del Barcelona, Messi y Maradona. Mientras se disputaba Brasil 2014, los periodistas Ezequiel Fernández Moores y Norberto “Ruso” Verea dialogaron con los profesores Eduardo Zimmermann, Marcelo Leiras y Roberto Dvoskin sobre el reino de la pelota en el país y el mundo. Foto: Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs.

La noticia aparece en la tapa del diario: "Un fallo impide el envío de datos de barrabravas a Brasil". El Mundial se adueña de cualquier la charla de fútbol en los bares. Este no es la excepción.

Ruso Verea: Las hinchadas en la Argentina se mueven en una ligazón constante con el poder; es una realidad. Por ejemplo, el jefe de la barra brava de Independiente, Pablo ‘Bebote’ Álvarez, se reunió con funcionarios de Estado para organizar de qué modo iban a viajar 400 ó 600 barras a Brasil.

Ezequiel Fernández Moores: Y si hay un vericueto legal, ellos y sus abogados lo encuentran.

Roberto Dvoskin: La discusión se da en términos de barras afuera y ley adentro. Son dos cosas distintas, pero si vos tenés una sociedad que está afuera del mundo y por ley quiere estar adentro del mundo, es una contradicción.

Ezequiel Fernández Moores: El otro día me invitaron a la Embajada británica para hablar con un especialista en materia de seguridad en los estadios. Y en la charla me termina diciendo que el fútbol inglés creó leyes especiales para combatir a los hooligans a tal punto que la policía le reconoció: 'Si tuviéramos estas leyes del fútbol para la lucha contra el narcotráfico, solucionaríamos algunos problemas'. El fútbol logró avanzar por sobre derechos constitucionales de los ciudadanos y la policía estaba feliz porque podía actuar con más eficiencia. Terminaron con los hooligans creando una isla legal especial para el fútbol.

Roberto Dvoskin: El fútbol tiene un organismo supra nacional, como es la FIFA, que te impide ir a la justicia. Uno tiene un conflicto en un partido de fútbol y no podes concurrir a la justicia ordinaria. Es como si uno tuviera dos tipos de justicia.

Ruso Verea: Cuando Ezequiel habla de Inglaterra, que es un país que tuvo un proceso interno feroz y tremendo con los hooligans, tenemos que hacer una buena separación con relación a nuestras barras. El hooligan es un tipo bravo, duro, hasta un malviviente fuera del esquema, pero es un idiota desdentado que vive en un pub tratando de ver cómo se agarra a trompadas con un hincha del equipo rival. Acá el barrabrava no es un malviviente, sino que está dentro de una estructura y amparado políticamente. Rafael Di Zeo, ex jefe de la barra brava de Boca, dice: 'Yo no soy famoso, pero tengo las tarjetas personales de los poderosos’. Está dejando en evidencia en qué lugar se mueve.

Ezequiel Fernández Moores: Pero en muchos informes surge que los hooligans pertenecían a agrupaciones de extrema derecha y que tenían mucha organización.

Marcelo Leiras: Pero no son hombres de negocios como los barras argentinos.

Ezequiel Fernández Moores: No, pero participan en algo más armado políticamente.

Ruso Verea: Surgieron a partir de la desindustrialización de Gran Bretaña como parte de la locura laboral que generó el gobierno de Margaret Thatcher. En ese escenario la ultra derecha ganó un lugar descomunal. Pero después hay una realidad y es la de un Estado que dijo: 'Se acabó con esto'.

Roberto Dvoskin: Una cosa es no participar de la estructura política ideológica dominante, como es el caso de los hooligans, pero acá participan de esa estructura política dominante. Participan de los sindicatos, de la policía...

Ruso Verea: Están amparados por quienes hoy manejan la realidad de fútbol. Entre la AFA y el Gobierno los han apoyado abiertamente. Han llegado a viajar en el avión de la selección.

Ezequiel Fernández Moores: Porque forman parte de la estructura de poder y de cualquier signo político. Porque en Boca Di Zeo creció con Mauricio Macri, no es sÓlo responsabilidad del gobierno nacional actual.

Eduardo Zimmermann: Pero en Inglaterra quedaron más alejados del sistema.

Ezequiel Fernández Moores: Confrontan más con el sistema, es cierto. En esa charla con el especialista británico le dije que la lucha contra los hooligans tuvo un efecto colateral. Hay que ver las películas de Ken Loach, las de Eric Cantona, donde los hinchas verdaderos no aparecen en las canchas sino en el pub;  ya no van a las canchas porque los precios son prohibitivos. En Inglaterra cada club fija el precio que quiere para entrar a la cancha.

Ruso Verea: El hincha pobre ahora ve el partido por Sky TV tomando cerveza barata en el peor pub del barrio.

Roberto Dvoskin: Ese es otro tema fundamental de cambio. Vos tenés un mercado, que es el de los pasionales, digamos, entre los que me incluyo, que son los que van a la cancha todos los domingos, y también tenés el mercado del entretenimiento, que son los que ven a la selección por  televisión o Internet.

Ruso Verea: La idea del entretenimiento es algo que desde lo periodístico lo aprendí de Ezequiel en una charla. Dijo que 'el periodismo es para formar, para informar y muy lejanamente para entretener'. El fútbol es un deporte maravilloso que ha perdido la esencia del entretenimiento, a tal punto que el mensaje que ganó es que el cómo ganar no importa. Si el cómo no importa, ¿para qué vas a la cancha?

Roberto Dvoskin: Los partidos en Inglaterra y España son muy entretenidos, pero los de la Argentina son imposibles de ver.

Ezequiel Fernández Moores: Hay una vuelta de tuerca ahí, y que es que gente que está vinculada al mundo del espectáculo en términos de televisión, de la industria del entretenimiento, se adueñó de los clubes de fútbol. No lo hacen por ideología futbolística, por jugar para ganar, sino para recaudar porque la gente va más a la cancha. El Bayern Munich de Alemania ganó todo el año pasado y se planteó: 'Ahora tenemos que ser como el Barcelona'. Y contrató al técnico hacedor del Barcelona campeón, Pep Guardiola. 'Tenemos que ser una marca global que gane y entretenga', analizaron.

Ruso Verea: Pero la gente exige otra cosa. El espectador argentino está convencido de que si su equipo gana con un gol con la mano y en tiempo de descuento es más feliz.

Roberto Dvoskin: Igualmente debemos dividir a la gente que va a la cancha, que genera el ingreso menor que tiene el espectáculo, de la que mira un partido por televisión desde China, que significa el ingreso mayor.

Eduardo Zimmermann: El año pasado vino a la Universidad Rory Miller, un profesor británico que dictaba clases de Historia Económica y al que un día lo llamaron de la Escuela de Negocios de la Universidad de Liverpool. Le dijeron: 'Nosotros tenemos un MBA y queremos lanzar uno para la industria del fútbol. ¿Te interesaría'? Y él se mete de cabeza, tanto que hoy lo único que hace es enseñar en la Escuela de Negocios, donde tiene 18 alumnos latinoamericanos como parte de la profesionalización de la Premier League. Miller vino a San Andrés a presentar un estudio sobre la industria del fútbol inglés, la administración de los clubes, la televisación y la globalización de los contenidos.

Ezequiel Fernández Moores: Inglaterra parece ser La Meca en cuanto a la industria de negocio del fútbol. Pero hace años el pase de Carlos Tevez a West Ham generó un escándalo porque pertenecía a una tercera parte de la negociación, el iraní Kia Joorabchian; es decir, no era de ninguno de los clubes involucrados en la operación. Esto fue esquivado en el contrato, pero un año y medio después saltó la verdad. Al West Ham le sacaron varios puntos como castigo y le aplicaron una multa millonaria. Yo les decía a mis amigos periodistas ingleses: 'Se preocupan por saber a quién pertenece el pase de un jugador pero no a quién pertenecen los clubes'. Son todas fortunas ilegales de ministros escapados de países asiáticos.

Ruso Verea: Ezequiel, nosotros vamos vestidos con un turbante por Oxford Street y nos llevan presos, pero con la misma vestimenta ponemos mil millones de libras esterlinas y nos dejan comprar un club.

Ezequiel Fernández Moores: Lo que quiero dejar en claro es que cada liga y cada país tienen su fenómeno y complejidad. No me gusta verlos como modelos porque cada uno que tiene su contratacara.

Ruso Verea: La estructura del negocio, aberrante y patética, se los fagocitó a todos. Algunos son más hipócritas y otros, menos. La supuesta idea de la pasión es el gran escudo y la gran farsa para que yo pueda hacer cualquier cosa en la cancha. Uno de los pocos lugares donde eso no ocurre es en la cancha del Liverpool, donde los hinchas les piden a los jugadores que vayan al ataque. 'Esto es el Liverpool, perdamos 5-4 con estos burros pero no podemos ganar 1-0 colgados del travesaño sin atacar'.

Marcelo Leiras: ¿Vos decís que acá se puede apostar a eso?

Ruso Verea: No, porque hace 30 ó 40 años que se instaló la idea de lograr el triunfo a cualquier precio.

Eduardo Zimmermann: Los italianos son iguales a nosotros en algún sentido. 'Yo te quiero ganar como sea. Si te veo en el suelo te piso la cabeza', dicen.

Ruso Verea: Pero no vi que drogaran a ningún rival en un Mundial, como pasó con el brasileño Branco en el partido frente a la Argentina en el Mundial de Italia '90. Si hacen eso, la Secretaría de Deportes italiana arma un escándalo. Además, aunque Fernando Niembro me quiera decir otra cosa, el modo en que se juga en la Argentina al fútbol provoca un desgaste muchísimo mayor en comparación con cómo se juega en otro lado. Porque vos vivís en el roce y el arbitraje es muy permisivo con quienes pegan.

Eduardo Zimmermann: ¿Te parece que acá hay más desgaste físico que en el fútbol europeo? Yo creo que allá corren diez veces más que acá.

Ezequiel Fernández Moores: Pero no siempre tiene que ver con correr. El argentino es un fútbol más atlético y más feo.

Ruso Verea: Cuando te dicen que el fútbol es un deporte de contacto, no te lo puedo negar. Pero quiero que me expliquen cuál contacto, porque después de un rato de partido ya tengo tres codazos en el cuello. Los arbitrajes son patéticos y permiten pegar mucho. Y ahí tenemos otro punto muy interesante: hasta qué punto el negocio maneja los arbitrajes. La gente, sin embargo,  adopta todo eso.

Roberto Dvoskin: El fútbol se hace atractivo por la competencia y no por la calidad del espectáculo.

Ezequiel Fernández Moores: Hay una doble cara, porque no queremos perder pero en la cultura de esta última década, en la que se acentuó esta situación, descendieron todos los equipos grandes menos Boca. Entonces de qué sirve la cultura del no perder si al final perdemos más.

Eduardo Zimmermann: Pero en eso hay una parte grande del empobrecimiento general de la Argentina, porque no queda un jugador como la gente; se fueron todos afuera.

Ruso Verea: Los dos últimos equipos grandes que descendieron tuvieron razones muy claras para llegar a esa instancia y para bajar de categoría. La estructura de River se basó durante 20 años en hacer todos los deberes de la AFA y negocios con las ventas de Hernán Crespo, Javier Saviola, Pablo Aimar y otros veinte jugadores más de ese estilo. En ese lugar River fue más veces campeón que Boca, pero los dirigentes se robaron todo.

Ezequiel Fernández Moores: Yo me resisto a decir que todo lo decide el negocio. Hay una frase maravillosa que dice que 'el fútbol es demasiado negocio para ser sólo deporte pero demasiado deporte pasa ser sólo negocio'. River se fue a la B porque no ganó los últimos nueve partidos. Si ganaba uno de esos no descendía, y ahí hay una responsabilidad directa de River.

Ruso Verea: Yo no le quito ninguna responsabilidad, sino que busco sumar otros aspectos a la discusión. Los equipos se van  a la B porque son desastrosos. Independiente se fue porque era desastroso, no le ganaba a nadie.

Ezequiel Fernández Moores: Hay algo que también habla bien del fútbol argentino, y es que permite el descenso de River y de Independiente. Permite un Banfield campeón, un Argentinos Juniors campeón. Eso atenta al negocio, que fue un fracaso absoluto. El fútbol no vende nada. Trabajo en una agencia de noticias internacional desde hace 24 años. Siempre me pedían de otros países notas extensas sobre el fútbol argentino. Ahora no le interesa a nadie.

Ruso Verea: Hay cuestiones que tienen que ver con lo futbolístico, es cierto, pero en los momentos clave te cae la guadaña como que hay un Dios. A Julio Comparada, el ex presidente de Independiente, lo puso Julio Grondona, y el vaciamiento en el club tenía un sentido que se les fue de la mano: instalar el éxito de Arsenal por sobre Racing e Independiente, los otros dos equipos de partido de Avellaneda.

Ezequiel Fernández Moores: Sí, pero inisito con eso de lo deportivo. Los colegas holandeses tienen la teoría de que no son campeones mundiales porque les tocaron las finales con los dos quipos locales: Alemania '74 y Argentina '78. Y dicen que es imposible ganarle la final a un país organizador. Sin embargo, empezaron ganando 1-0 con Alemania y los dominaron todo el partido. Hace pocos meses estuve charlando con Johan Cruyff y le pregunté por qué perdieron aquella final. No me daba argumentos hasta que me dijo: "Creímos que en una final podíamos enseñarle al mundo cómo se jugaba al fútbol". Me pareció una frase extraordinaria. Y en el '78 tuvieron una pelota en el último minuto que pegó en el palo. Entonces, en un ambiente dominado por la dictadura y un árbitro localista, el triunfo de Holanda pudo darse.

Ruso Verea: Coincido con que el fútbol es el único deporte que puede permitir que lo impredecible se dé. Vos no podes arreglar All Blacks contra Italia, porque es muy evidente, o San Antonio Spurs contra Olimpia de Venado Tuerto.

Ezequiel Fernández Moores: También ahí hay una cosa a favor del fútbol, o al menos para debatir. Todos los deportes modificaron sus reglamentos para favorecer su entretenimiento y la transparencia. Pero el fútbol ha dicho 'por qué en nombre de espectáculo tengo que cambiar el reglamento'. Si un equipo chico quiere poner dos micros en la línea del arco para salir 0-0, o meter un contragolpe y tal vez ganar 1-0 en el último minuto, y encima tal vez con la mano, eso forma parte del fútbol. Y esto creo que mantienen parte de la popularidad y la locura del fútbol.

Eduardo Zimmermann: Eso es lo que a los estadounidenses no les entra en la cabeza.

Marcelo Leiras: El único cambio importante fue que el arquero no pudiera agarrar la pelota con la mano después de un pase de un compañero, y estuvo bien.

Ruso Verea: Para mí las reglas no habría que tocarlas, aunque sólo cambiaría el hecho de comprobar en forma electrónica si fue gol o no. Es lo único que aceptaría. Si no tiene malas armas,  no me molesta que ponga dos micros adelante del arco. En todo caso, tengo que encontrar la vuelta para abrir la ventana. Ahora el problema es que te dejan poner los dos micros, te dejan que te lleven a los pibes al exterior, que te escondan la pelota, que te envenenen los bidones, que te prendan y apaguen la luz, que te inunden el vestuario… Entonces tenemos un lío bárbaro.

Eduardo Zimmermann: En eso estamos de acuerdo, pero creo se podría cambiar un poco las reglas. Es legítimo poner los dos micros, pero si ponés lo del punto bonus, como en el rugby, tenés un incentivo para que el equipo chico, incluso perdiendo, pueda sacar un punto.

Marcelo Leiras: Pero si ponés un bidón con agua como el que le diste a Branco…

Ezequiel Fernández Moores: Eso pasó en un mundial y el autor, el máximo responsable que eso haya sucedido, Carlos Bilardo, luego ocupó un cargo en la FIFA y fue el secretario de Deportes de la provincia de Buenos Aires en la primera gobernación de Daniel Scioli.

Ruso Verea: Todo se fue desvirtuando. Para mí Inglaterra siempre fue Black Sabbatth, Led Zeppelin, The Who y un montón de otras bandas. Pero hay allí una idea desde la política de cómo plantar el fútbol hacia afuera que es totalmente diferente a lo que ocurre en la Argentina. Hoy un padre le grita a su hijo 'tirate al piso que faltan 30 segundos' y la madre que le plancha la ropa de fútbol se agarra a trompadas con otra madre en un partido infantil.

Ezequiel Fernández Moores: Acá sucede esa salvajería, es cierto, pero no es menos salvaje que Real Madrid, Barcelona o Arsenal de Inglaterra  compren pibes de nueve años. ¿Cómo le digo a mi hijo que quizá hay dos millones de dólares en juego por su pase?

Marcelo Leiras: O el escándalo del Barcelona a la hora de comprar a Neymar.

Ezequiel Fernández Moores: Escondieron 50 millones de euros del pase. Resulta que el presidente Sandro Rosell se tuvo que ir a Londres porque apareció un balazo en la cerradura de la casa. Eso es el mensaje de la mafia. Nuestra salvajería no está aislada de lo que pasa en otros lados. Si a mi hijo lo va a comprar el Real Madrid por dos millones de dólares le digo que se mate en cada partido. Existe esa figura de que el pibe te va a salvar.

Ruso Verea: No podemos estar más de acuerdo, porque de ahí es donde baja el mensaje. El otro día se me acercó un padre y me contó: "Ruso, mi pibe me dice 'quiero los botines de Martín Palermo'. Prendo la televisión y sale Palermo diciendo que le compren los botines. Voy a la cancha de Boca y hay un cartel grande de Palermo con sus botines. Sale a la cancha y los botines se ven a cien mil cuadras. Yo no se los puedo comprar, pero viene un empresario y le dice: 'Tomá, acá tenés los botines de Palermo', y a mi hijo se le ilumina la cara. ¿Qué hago? Se los prendo fuego?" En África y en otras partes del mundo nadie pregunta por el padre y se llevan a los pibes. Este es un negocio atroz y feroz que se comió todo.

Ezequiel Fernández Moores: La diferencia es que acá hemos destruido la cultura del juego. En todos los componentes que tiene el fútbol, entre ellos el negocio y la pasión, el juego quedó hecho bolsa porque ganó lo otro. Yo creo que el factor de los barras es de los más deleznables. El espectáculo pasó a estar en la tribuna y dejó de estar en la cancha; el sujeto pasó a ser el barrabrava a tal punto que un adolescente no quiere ser jugador; está más cerca de ser Rafael Di Zeo que Juan Román Riquelme.

Roberto Dvoskin: Y los ingresos fundamentales del fútbol no provienen del espectáculo sino de la televisión, entonces los clubes les ceden a otros el espectáculo deportivo.

Ezequiel Fernández Moores: Y también porque la formación de jugadores cambió. Formo para vender y dejé de formar equipos. El fútbol es un deporte de equipos. ¿Qué eran Los Cebollitas? No sólo era Diego, era un equipo.

Marcelo Leiras: La plena incorporación al mercado internacional no le está haciendo bien al fútbol argentino. La presión de los precios que se pagan por los pases se siente muy temprano. Messi y Mauro Icardi se formaron en Barcelona desde muy niños, pero ellos no son los únicos casos sino la punta de un iceberg mucho más grande. Son muchos los pibes que se van con sus familias antes de completar la experiencia de fútbol formativo y los que no se van juegan pensando solamente en irse. Los clubes hacen sus cuentas contando que alguno de esos pases internacionales los va a salvar para equilibrar los balances. La función de semillero del fútbol global debilita la formación y creo que deterioró el desarrollo de las habilidades técnicas y tácticas. Los resultados de los equipos argentinos en los torneos internacionales de clubes y de selecciones para mí revelan ese debilitamiento. La Argentina no va a dejar de ser semillero de fútbol global, pero si no compatibiliza eso con el fortalecimiento de los clubes y los campeonatos locales se va a ir agotando, va a vender peores jugadores y más baratos.

Ruso Verea: Y, además, hay una ruptura desde el juego, desde lo lúdico. Se formatea a los pibes. Cruyff decía que lo primero que tuvieron que hacer en Holanda fue allanar los campos de juego para que la pelota fuera lo más redonda posible. 'Antes nosotros corríamos atrás de los que manejaban la pelota', me dijo. En el Mundial '98 estuve en una mesa redonda con César Luis Menotti, el español Emilio Butragueño, Jorge Valdano y el holandés Leo Beenhakker. Y éste le decía a Menotti: "Explíqueme por qué nosotros, que antes corríamos atrás de la pelota, ahora vemos a Argentina metiéndole pelotazos a Gabriel Batistuta para ver si nos ganan". Yo imitaba a Hugo Gatti cuando atajaba. Con 12 o 13 años me probaron con los jugadores más grandes y entrenaba en las divisiones inferiores de Independiente. Lo único que quería era cortar un centro y pegarle bien a la pelota como lo hacía Gatti. El número 5, que era un chueco, me decía: 'Nene, está solo el 7. Dámela acá, tírasela al 4, al volante por derecha". Hoy andá a ver los partidos: le dan la pelota al arquero, la pone contra el piso, levanta la cabeza y no tiene a ninguno cerca. Los nenes están formateados, juegan a uno o dos toques, pero nadie gambetea. Está lleno de pibes de 14 años que tienen un montón de copas en la habitación pero dejaron de jugar al fútbol porque están cansados y aburridos.

Ezequiel Fernández Moores: El Barcelona marcó un antes y después porque hizo una escuela. Porque jugó y ganó. Eso ayudó a que se instalara el modelo, porque si no hubiera sido Holanda, que para muchos son los grandes perdedores. Eran una máquina, pero para mi gusto con una contracara,: exacerbaron el fútbol físico. Porque tenían una presión asfixiante.

Eduardo Zimmermann: Pero Barcelona también tenía eso de ahogarte en toda la cancha.

Ezequiel Fernández Moores: Sí, pero la clave del Barcelona era evitar el choque porque si no perdía, porque sus jugadores son muy chiquitos.

+ San Andrés: En todo este contexto de fútbol, barras y negocio, ¿de qué modo se analiza un fenómeno global como el de Lionel Messi?

Ezequiel Fernández Moores: Messi era un fenómeno desde que tenía 7 años, no había que hacer mucho para descubrirlo. Y el padre se pregunta qué hace con su hijo. ¿Se lo dejo al Pimpi Caminos, que era el jefe de la barra brava de Newell’s y el que manejaba las inferiores del club? ¿Se lo dejo al presidente, Eduardo López, que era tan barra como Caminos? Entonces, por suerte, se lo llevó a Barcelona.

Ruso Verea: Y por haber hecho su carrera en otro país es que en la Argentina Messi pagó las consecuencias: quisimos que hiciera en cada partido un acto heroico como el Sargento Cabral, que nos sacara de la frustración como José de San Martín, y que, encima, nos mostrara que es Falucho que envuelto en la bandera argentina cae barranca abajo.

Marcelo Leiras: Pero a Maradona también lo presionaron. Antes de México '86 la revista El Gráfico sacó una tapa que decía "¿Qué le pasa?"

Ezequiel Fernández Moores: Al final siempre criticamos lo que practicamos, porque hablamos de un juego de equipo pero ahora nada más mencionamos nombres propios: Messi, Maradona… Pareciera que nos fijamos solo en eso. Nadie daba un peso por esa selección del '86 un mes antes del Mundial, era un desastre. Y en ese momento explotó la vieja pica entre Independiente y Estudiantes. Al entonces presidente Raúl Alfonsín, que era un fanático de Independiente, no le gustaba Bilardo. Para él representaba todo aquello de pinchar con alfileres a los rivales. Entonces le vinieron los recuerdos de la adolescencia y le pidió al que era secretario de Deportes, Rodolfo O'Reilly, que lo echara de la selección.

Ruso Verea: Nosotros usamos la Secretaría de Deportes para lo que no hay que hacer, que es desestabilizar a un entrenador y jugar el juego del que se tiene que ocupar la AFA. Pero no lo usamos para lo que hay que hacer, que es agarrar al presidente de la AFA, sentarlo y preguntarle: 'Es verdad que le pusimos droga a un rival en la máxima competencia'. Nosotros no podemos venderles soja podrida a los chinos porque no nos compran más.

Roberto Dvoskin: Cuando empezó el Fútbol para Todos lo menos que podía haber pedido el Gobierno es la renuncia de Grondona.

Ezequiel Fernández Moores: No creo que el Gobierno deba echar a Grondona, en todo caso que le exija el cumplimiento de las reglamentaciones. Porque si no el fin justifica los medios.

Roberto Dvoskin: Pero por lo menos establecer reglas de juego más claras.

Ezequiel Fernández Moores: Eso sí. Y tampoco creo que la Secretaría de Deportes deba meterse en la elección del entrenador del seleccionado de fútbol.

Ruso Verea: Pero tenemos que preguntarle a la AFA si es verdad que envenenamos a un rival. Nosotros le vendemos futbolistas al mundo y hay que vender una imagen.

Ezequiel Fernández Moores: Es difícil actuar cuando la FIFA,  que pone las reglas, tampoco hizo nada. Es más, premió a Grondona con el cargo de vicepresidente de la entidad. Y fíjate cómo es el ambiente del fútbol que hasta Brasil se bancó esta situación. Porque si presenta una protesta formal para investigar qué había en ese bidón… Quizá la FIFA no le da pelota, pero por qué no lo presentó es la cuestión. Hay un código de omertá en el fútbol. Cuando vos tenés esos códigos, es complicado.

Roberto Dvoskin: Es que Grondona le hizo ganar a la FIFA más dinero que nunca.

Ruso Verea: Fue el que eligió al actual presidente, Joseph Blatter.

Ezequiel Fernández Moores: Sí es cierto que tiene poder pese a que no habla inglés ni tiene correo electrónico. Durante el Mundial de Sudáfrica 2010 vi una escena extraordinaria. Grondona estaba sentado a la mesa, rodeado de sus amigos de siempre. Llega Michel Platini, que puede ser el próximo presidente de la FIFA. Platini intenta hablarle a Grondona en un italiano cocoliche para que le entienda. Pero Grondona le habla en español. Más todavía, le habla en Sarandí básico. Platini se queda sin entender nada. Grondona ni se molesta para que lo entienda. Yo estaba en el medio y le traduje a Platini. Pero Grondona no se molestó. Ese es el poder. El fútbol como todo poder.

Roberto Dvoskin: El fútbol es muy masivo. No te olvides que en China prendés la televisión y tenés mil millones de habitantes.

Ezequiel Fernández Moores: Silvio Berlusconi no hubiera sido presidente de Italia si antes no era presidente de Milan. Macri seguiría siendo Macri, y no Mauricio, si no hubiera sido presidente de Boca. La familia Agnelli, en Italia, necesitaba a la Juventus para tener visibilidad. Son cosas paralelas pero generan negocios.

Roberto Dvoskin: Estamos hablando de un imperio que tiene una impresionante capacidad de consumo. Permite llegar a todos.

Ruso Verea: Y provoca una gran ceguera. Yo creo que el apasionamiento en la Argentina es la gran excusa para no hacerte cargo.

Ezequiel Fernández Moores: Alguna vez leí que el fútbol era la juguetería dentro del shopping. Y estamos todos jugando con el fútbol. Pero esa locura y súper exposición mediática, esa creencia de que el fútbol va a definir el futuro de país dura una semana. Los militares creyeron que con el Mundial '78 iban a hacer un partido político y a eternizarse. Pero a los pocos meses tuvieron un conflicto bélico con Chile. En 2001/2002 todos los analistas políticos decían que solo faltaba que nos fuera mal en el Mundial de Corea y Japón para que la Argentina desapareciera de la faz de la tierra.

Ruso Verea: El mensaje a los jugadores era "denle una alegría a este país" en medio de la crisis.

Ezequiel Fernández Moores: Con esa selección nos fue peor que nunca, pero en el año siguiente el país comenzó a resurgir económicamente. Es muy tentadora la comparación de los procesos sociales con el fútbol, pero muchas veces no resiste el más mínimo análisis serio. Los alemanes te dicen que el Mundial del '54, en el que salen campeones, significó algo muy fuerte en el país, que tenía la culpa del nazismo y vivía el desastre de la posguerra. Ese Mundial les provocó un gran orgullo. Lo llamaron ‘El milagro de Berna’ y hasta hicieron una película. El fútbol influye en los humores populares y tiene una simbología muy fuerte, pero si no hay otra cosa detrás, se cae. El milagro alemán no es que sólo ganaron el Mundial del '54. ¿Cómo vamos a aceptar que la selección fútbol-arte que ha tenido la historia de las copas del mundo, la de Brasil del '70, tenía como estructura de cuerpos técnicos a militares. Todo era manejado por militares. Esos tipos, en ese contexto, jugaban un fútbol-arte. A veces en el fútbol los grises son súper interesantes.

La mano de Diego y los goles de Messi

Ruso Verea: A veces se entiende un gol con la mano como un gesto de trampa, y yo creo que eso es no entender el juego. La trampa surge a partir de conocer quién es el árbitro, el juez de línea… Lo que está claro es que no podés jugar al engaño todo el tiempo. El gol con la mano de Maradona a Inglaterra en el ’86 es sólo un momento.

Marcelo Leiras: Inclusive Diego después del partido había contestado bien ante la prensa. Dijo que había sido ‘la mano de Dios’. Después con los años fue agrandando todo y convirtió el gol en una gesta patriótica.

Ezequiel Fernández Moores: El fútbol es la cultura del engaño. Y yo revindico a ese mismo hombre que cinco minutos después del gol con la mano se dice ‘no voy a pasar a la historia por esa jugada’. Entonces hace lo que hizo y mete el segundo gol. ‘Voy a ir en preso por el primer gol, está bien, pero júzguenme también por el segundo’. Sigue siendo impresionante.

Ruso Verea: Son los jugadores diferentes. Gabriel Milito me cuenta que en un partido de la Copa de Campeones de Europa con el Barcelona y frente al Arsenal, en 2010, se manda un error y viene el gol del rival. Se da vuelta, mira al cielo e insulta. Cuando vuelve a mirar al césped lo encuentra a Messi en la mitad de la cancha, con la pelota en los pies. Lo mira desde lejos y le pregunta: '¿Qué pasa, Gabriel? Ahora meto cuatro goles'. Y después metió cuatro goles.