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La influencia del cine y las artes plásticas argentinas en el mundo, el rol del Estado como sostén económico e impulsor de los principales referentes en cada materia y la revolución tecnológica que, sin embargo, choca con las restricciones al ingreso de equipos desde el exterior. El cineasta Juan José Campanella y Andrés von Buch, miembro del Comité de Patronos de la Universidad de San Andrés, analizaron la cultura en un contexto de vaivenes cíclicos.

Son pocos los que pasan tempano por allí. Algunos lo hacen corriendo, acaso preparándose para la próxima prueba atlética. Otros van tan apurados pero rumbo a la oficina. En un bar, Juan José Campanella, reconocido a nivel internacional por su obra fílmica, y Andrés von Buch, miembro del Comité de Patronos de la Universidad, se preguntan (y responden) de qué modo están insertos en el mundo las artes plásticas y el cine.

Juan José Campanella: En las artes plásticas siempre hubo una "globalización", pero en el cine es algo más moderno que se da a partir del abaratamiento de las tecnologías, una situación que estamos desaprovechando por las limitaciones impuestas a las importaciones y que espero que sea pasajera. Internet revolucionó mucho al cine. No podría haber hecho Metegol, por ejemplo, hace diez años.

Andrés von Buch: ¿Acaso tenga que ver también el mayor interés de Estados Unidos por lo hispano?

Juan José Campanella: Tiene que ver con el abandono que hizo Hollywood del cine con cierta temática seria y adulta. Ellos hacían ese tipo de cine en los años 70, pero al haberlo dejado por completo, nosotros, los cines periféricos –una palabra que no me gusta mucho porque parece que me tiro abajo-, recibimos una oportunidad. Yo lo tomo así. Hollywood abandonó una temática que pasó a la televisión y que incluye observaciones sobre la vida real. Se abrió, de ese modo, una necesidad en ciertos públicos que buscan otro tipo de historias que surgen en diferentes países, y así comienzan a acostumbrarse a otras lenguas. Empezó a aumentar el cine extranjero en Estados Unidos aunque no es el mismo caso de la Argentina, que siempre se nutrió del cine extranjero y en otros idiomas.

Andrés von Buch: En el caso de las artes plásticas, si un argentino quiere traspasar las fronteras tiene, entre otras maneras de hacerlo, que mudarse al exterior, que es lo mismo que Juan hace con el cine. Eso genera un desarraigo. Es muy difícil hacerse conocido como extranjero en una cultura diferente. Entonces lo principal es que una galería argentina lo lleve al exterior, y eso básicamente sucede en las ferias o en las bienales. En la Bienal de San Pablo, por ejemplo, que es emblemática, hay un curador que decide; no hay envíos nacionales. Antiguamente eran los países los que, por medio de un curador designado políticamente o por su mérito, decidía enviar una remesa cultural de tal país. Entonces los que resultaban favorecidos en la elección tenían una proyección. Hoy en día la actividad pasa mucho más por las ferias. Hay una cantidad de ferias en el mundo impresionante, y allí una galería argentina tiene que llevar a los artistas, mostrarlos y generar más o menos interés. Ahí es igual que en el cine. Es una serie de personas que se juntan y dice "mirá qué buena que está esta obra". Y hay un efecto contagio, como las  ovejas siguen una a otra. Hay que estar en esas ferias, atraer la atención de los curadores que después llevan a los artistas a las bienales. La de Venecia tiene el pabellón central, que es el que mayor atención genera, donde naturalmente un curador elegido por la bienal, muestra artistas de diferentes países. Y después están los pabellones nacionales, donde cada país elige a qué artista manda o instala.

+ San Andrés: ¿Qué ocurre en los festivales de cine? ¿Se ve algo similar a las ferias de arte?

Juan José Campanella: En el cine hay representantes que eligen los países, aunque algunos directores tienen la entrada asegurada a ciertos festivales.  A diferencia de la pintura, el cine es un producto carísimo. Es el trabajo de decenas de personas, en el caso del cine en vivo, y de centenas si se trata del cine de animación. Y uno tiene que encontrar a millones de personas que le guste y que compren la entrada de la película. En la pintura un artista tiene que encontrar sólo a una persona que le guste y la compre. Yo no sé cuánto puede salir un cuadro, pero una obra no vale el valor de lo que costó hacerlo sino el valor artístico. Con cinco pomos de pintura no vale lo mismo un cuadro mío que uno de Picasso, aunque los dos usemos la misma cantidad de pintura. Y, además, hay dos estamentos: el de la crítica en festivales y el inapelable del público. A veces la repercusión en un festival ayuda a la presencia de espectadores en las funciones, pero el público común es insobornable, incorruptible. Nosotros tenemos un dicho: "La risa es incorruptible, como también el aplauso". Por más que le pagues a alguien, si no le causa gracia no se va a reír. El público no está tan sujeto a esas modas y cada vez más separado, te diría, porque antes, hace 40 años, de un festival podía salir un Federico Fellini y hacerse masivo. Hoy está cada vez más separado el cine popular de Hollywood del cine de festival. La gente se ha quemado mucho, no lee la crítica, que está en estado de crisis, por las cosas que leo en foros de especialistas. Es muy difícil ese camino.

Andrés von Buch: Los festivales también tienen sus salas paralelas.

Juan José Campanella: En el caso de Cannes, por ejemplo, que es el único que hoy en día puede llegar a influir en la percepción del público, tenés la "Selección Oficial", donde este año tuvimos bastante presencia. Y también hay otras dos competencias importantes, aunque no tanto como la "Oficial", que son las de "Realizadores" y "Una cierta mirada". Y después hay un mercado que en Cannes está mezclado con el festival y que quizá sea como una feria en materia de arte plástico. Ahí van 500 películas y se presenta el que quiere. Tenés la alfombra roja, los vestidos, el glamour del festival, y por el otro lado hay un montón de salitas tomadas por cien personas en las que se dan películas todo el tiempo. Entran los compradores y a los dos minutos de ver algo dicen: "No, esto no me interesa y se van a otra". Es muy cruel.

Andrés von Buch: ¿Cómo fue tu salida al mundo?

Juan José Campanella: Fue desde la Argentina, porque estudié en la Universidad de Nueva York, en la que tengo un Master en Bellas Artes. Y me pasó lo que hablabas vos del desarraigo. Yo no encontraba mi voz allí, las películas que hice eran generadas por otros, las que generaba yo tenían una cosa de sensibilidad, de un sentido del humor muy nuestro que pasado al inglés no era tan fácil de reproducir y fueron fracasos absolutos. Lamiéndome las heridas volví al país y filmé El mismo amor, la misma lluvia y ahí…

Andrés von Buch: Te entendieron.

Juan José Campanella: Me entendí yo, en realidad. Y resultó importante porque, recién después con El hijo de la novia, salí al mundo y la pegué.

Andrés von Buch: ¿En qué medida esos años crueles del desarraigo te sirvieron para entender el mercado al que ibas a mandar El hijo de la novia?

Juan José Campanella: Creo que en nada. No hay un mercado para contar historias, todo tiene mucho que ver con el instinto. Jamás hubiéramos pensado que El hijo de la novia iba a resonarle a un noruego o a un alemán igual que a un argentino; las mismas carcajadas y los mismos aplausos en los mismos momentos de la película. Quizá la que menos repercusión tuvo a nivel mundial, si bien se dio en todos lados, fue Luna de Avellaneda, porque hablaba de una crisis muy nuestra. Si ahora se estrenara en España la entenderían mucho más. Pero después El secreto de sus ojos marcó una sorpresa. No importó desconocer la historia argentina, lo que pasaba en aquellos años que aborda la película. Se engancharon con el aspecto emocional de lo que estaba ocurriendo en la película. Yo insisto en que en el fondo los públicos son iguales; en lo que tiene que ver con lo humano son iguales.

+ San Andrés: ¿Y en el arte también los públicos son iguales?

Andrés von Buch: Posiblemente la gran diferencia es la cantidad de público que está dispuesto a ver una película y el que va a una feria. Es un público mucho más pequeño. Un artista que quiere irse del país tiene que tener una galería que lo ayude. Esa galería, a su vez, tiene que hacer una inversión enorme: por un lado tiene que participar de una feria –algo que es costoso- y el arte argentino, además, es muy barato. Y vender un cuadro en el rango de los 100 mil a un millón de dólares es muy distinto que vender en el rango de 7 mil a 15 mil dólares. Nuestro arte es muy competitivo en calidad pero nos resulta caro participar en el exterior. Es lo mismo que te pasa a vos, Juan: es muy distinta la relación entre lo que te cuesta la producción y tener una cierta trayectoria hasta que convencés a un productor para que te financie y te dé toda la tecnología. Tus mismas películas hechas conmigo como actor pueden tener las mismas emociones, los diálogos, pero…

Juan José Campanella: Eso es lo maravilloso del arte: llega a un punto en el que más allá de lo que sale hacerlo es quién lo hace, y esa es la gran diferencia. Me parece que para llegar ese rango de precios de 100 mil a un millón de dólares no creo que alguien haya vendido a ese nivel en su primera exposición. Debe ser un cuadro con un gran cuerpo de trabajo detrás, con un gran talento.

Andrés von Buch: No necesariamente. Puede ser alguien que cautivó al circuito. Como el público que elige, los curadores, los coleccionistas, los que mueven millones, los que mueven los focos de inversión y no saben qué hacer con su plata, entonces se presentan de una manera o de otra. Pero la Argentina en este momento no tiene buena prensa internacionalmente.

Juan José Campanella: ¿Por su arte o por otros motivos?

Andrés von Buch: Por motivos económicos y políticos. Argentina, en el fuero de las naciones, es un poco un outsider. Estamos en la periferia geográfica, no somos el centro del mundo. Hay otros países que no son el centro, como Perú, por ejemplo, pero le encanta a todo ese grupo de inversionistas que hacen la plata fácil, que son primeros coleccionistas y que de pronto compran 20 obras de un artista. A ellos Perú les gusta más que la Argentina.

Juan José Campanella: O sea que no existe el "arte del sufrimiento" por motivos políticos y económicos.

Andrés von Buch: Eso también incide, aunque no es el factor preponderante.

+ San Andrés: ¿De qué modo influyen las crisis en la temática, en la obra de un artista?

Juan José Campanella: Del lado del cine, la diferencia está en los costos de hacer la obra. Las crisis inciden más en la posibilidad de hacer cine, no tanto en lo creativo. En los años 70 una película recuperaba sus costos entre el público que la veía en los cines de la Capital y el Gran Buenos Aires. Entonces era la época de las películas muy locales del tipo de Jorge Porcel y Alberto Olmedo.

Andrés von Buch: O Isabel Sarli.

Juan José Campanella: Pero Sarli era un éxito internacional. Estoy hablando de esas películas que no salían de la Argentina porque no tenían sentido fuera de acá. Hoy en día a una película no le alcanza con solo lo recaudado en la Argentina. Además, creo que somos muchos los que tenemos ganas de hablar desde aquí al resto del mundo con temas universales con sabor local. No le hacemos asco a nuestro lenguaje, no vamos a hablar de tú ni nada de eso. Pero hacer una película sobre la coyuntura es siempre más limitante a nivel universal. En Luna de Avellaneda hablé de la crisis porque era una necesidad muy fuerte que teníamos de tratar un tema del que nadie sabía qué iba a pasar; eso se respiraba. Hoy en día es más difícil y prácticamente no hay películas sobre la actualidad. No las hay por temas políticos, financieros, etc. Por su parte, las políticas económicas influyen de manera directa. Por un lado, hay una ley de cine, que se sancionó en 1994, que incentiva la industria y se sigue manteniendo. La ley es virtuosa porque no saca plata de los impuestos sino que se nutre de un impuestos del 10 por ciento a las entradas de cine y un canon que pagan los canales de televisión al AFSCA. Hay, por otro lado, una revolución tecnológica de trasmisión por Internet que tiene lados virtuosos como los que te permiten llegar a cualquier lado del mundo, y otros perversos como la piratería. También hay una revolución en la factura de la película. Nosotros podemos hacer una película como Metegol hoy en día; si bien es muy cara para la Argentina, es posible. Acá vale la décima parte de una película de Pixar. Es una revolución tecnológica, pero que si no se permiten entrar equipos… Mi miedo es perder el tren. Me pasó que compré en Estados Unidos una cámara -la pagué antes de que se invente, cuando estaba en pleno desarrollo- y en el momento que la recibí surgió la prohibición de importar productos. Ahora está en la casa de un amigo, en una caja. Son dos cosas muy contradictorias: se habla de querer afianzar la industria pero te ponen muchas trabas.

Andrés von Buch: Yo quería volver a eso de cómo afecta la crisis al artista. Creo que todo tiene validez si expresa el sentir de su generación. En cierta medida el artista tiene que ser un filósofo que capta lo que está pasando y cómo eso tiene relevancia en un público y logra sintetizarlo. En el cine tenés 90 minutos para sintetizarlo y en la pintura, una imagen. Cuando te pregunté acerca de cómo te había tratado el tiempo de estar en Estados Unidos, pensaba que en cierta medida las crisis permiten esa introspección, eso de pasarla mal que ayuda a centrarse en lo que para uno es importante y después mirar un poco alrededor.

Juan José Campanella: Yo pensé mucho ese aspecto después de hacer las películas. Y me pregunto también cuál es la diferencia entre el artista y el cronista. El artista es un producto de su época: sin ser consciente de lo que está pasando produce algo que es símbolo del momento. Es al revés del que está escribiendo la crónica de su época, que mira alrededor y escribe. En pintura no entiendo qué fue lo que vio Piet Mondrian en la sociedad para decir: "Bueno, ahora hay que hacer cuadros con colores". Me da la impresión que vivió y mamó esa sociedad y la plasmó sin pensarlo.

Andrés von Buch: Empezó con el arte figurativo y después la fue plasmando.

Juan José Campanella: Siempre hay un poco de estudio y análisis sobre lo que se hace, pero no sé si es tanto.

Andrés von Buch: Justamente Mondrian fue referente específico de una escuela muy pequeña. Fue un artista para cierto público.

Juan José Campanella: Pero, sin embargo, es muy popular. Es como la remera del Che Guevara, que se ha masificado.

Andrés von Buch: Si nosotros dos tomamos unos crayones y hacemos unas rayas seguramente no va a funcionar.

Juan José Campanella: Me parece que el artista que trasciende es una involuntaria caja de resonancia de lo que está pasando en ese momento. Y tiene que dejarse llevar por su época. Por eso siempre tengo una discusión con algunos críticos, los cuales, sacando algunas excepciones como en el cine fue Francois Truffaut, realizan un entrenamiento incompatible con el de un artista. Porque el crítico está obligado a analizar la obra.

Andrés von Buch: Uno de mis profesores de Historia de Arte nos decía de que al fin y al cabo los críticos de arte son artistas frustrados, que no llegaron y que entonces se dedican a la crítica.

Juan José Campanella: En el cine también se aplica pero los críticos se enojan mucho cuando uno los trata de artistas frustrados. Y hay algunos que genuinamente nacieron para la teoría, para mirar y analizar.

Andrés von Buch: Quería volver al tema de las restricciones para ingresar tecnología al país. La Argentina tiene una política cultural en cuanto a las artes plásticas que es complicada. Para importar una obra hay que cumplir muchos pasos: pagar impuestos por el valor de la obra, el IVA del 21 por ciento si uno se la lleva a su casa o del 18,5 por ciento si uno la pone en un museo. Pero son costos muy importantes que han hecho que muchos coleccionistas argentinos almacenen sus obras afuera del país. En Uruguay le cobran al que quiere importar un cuadro nuestro lo mismo que al que quiere importar uno de un uruguayo como Joaquín Torres García. Les cobran por los materiales empleados. Si nosotros dos hacemos un cuadro de un metro por un metro y empleamos la misma cantidad de pintura que un Torres García, pagamos lo mismo. Hablamos antes de lo que cuesta para un galerista argentino participar en una feria. En la actualidad, de todas las ferias que se organizan la de Basel, en Suiza, es la de mayor rango y fama; es el Cannes del cine. La única galería que hace cinco años había sido admitida para exponer allí no va a ir a la próxima edición porque le resulta demasiado caro. Como argentino me siento frustrado. Son inversiones que un país debería hacer. Los galeristas brasileños tienen el apoyo económico del Estado para participar de esas ferias.

Juan José Campanella: Estaría bueno que hicieran inversiones y apoyaran, pero me conformo con que no pongan trabas. Vivimos un momento tan trastocado que no se piensa que Brasil, que tiene un gobierno de izquierda, del Partido de los Trabajadores, apoya su arte. No se piensa que esto también es importante y hace a la cultura de país. Un Antonio Berni, para decir un nombre conocido por todo el mundo, debería ser tan importante para la Argentina que un Lionel Messi. Y realmente que esto no se facilite es una pena.

Andrés von Buch: La cultura, ya sea en las artes plásticas, el cine y la música, hace a la identidad de un país. Si un país no logra mostrar su cultura en el extranjero le falta una pata. Es muy grande la repercusión que tiene la cultura.

Juan José Campanella: Es demasiado grande, yo te diría que más que la situación económica o  política de un país, porque la cultura es permanente. Un gran artista dura para siempre, no se lleva por los vaivenes cíclicos del país. Buenos Aires hoy en día, que en muchos sentidos está muy atrás en comparación con otras ciudades de América latina en lo tecnológico, en la infraestructura, sigue siendo La Meca de Latinoamérica por su cultura: es la tercera ciudad con más teatros del mundo, la primera en teatros alternativos y los museos de pintura que encontrás acá no está en otros lugares. Sigue siendo la ciudad que todo el continente admira y es gracias a lo cultural, no a su basura, sus grafitis o el Metrobus, o a un 3G que me contaron que existe pero que nunca pude experimentar.

Andrés von Buch: ¿Qué es eso? (Risas)

Juan José Campanella: La cultura no es solamente el gran artista, sino también la cultura popular. Esto fue una discusión que circuló hace poco cuando murió Manuel García Ferré, que fue el creador de "Hijitus" y "Patoruzú". Nueve de diez argentinos no te podrían decir correctamente quién era el presidente argentino en 1943, cuando surgió "Patoruzú", pero las creaciones de la cultura popular sobreviven. Los tangos los sabemos todos, la pintura lo mismo.

Andrés von Buch: Eso es porque sintetizan.

Juan José Campanella: Y de una manera que además enriquece el espíritu por sobre la coyuntura. El artista refleja su época.