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Pablo Calvo

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Cecilia Grierson: Doctora coraje

La primera médica argentina mantuvo intensas batallas para que las mujeres se capacitaran y accedieran a mejores empleos. La nota revela documentos inéditos de su archivo personal que se encuentran guardados en el Departamento de Colecciones Especiales y Archivos de San Andrés.

Se festejaba el Centenario de la Revolución de Mayo cuando Cecilia Grierson entintó su pluma y le escribió a la infanta de España, María Isabel de Borbón, de visita en la Argentina. Lejos de la pompa y el protocolo, Cecilia se presentó como "una obrera del pensamiento" y le pidió una audiencia formal, no para hablar de joyas, regalos o vestidos sino sobre el comercio ilegal de mujeres.

"Su Alteza Real: Acabo de presidir el primer Congreso Femenino Internacional reunido en Sudamérica, y entre los trabajos tratados hubo uno de una médica española, la doctora Alexander, de Madrid, quien en carta particular habla, como todos, encomiásticamente de Su Alteza, su interés por las actividades de la mujer, su bondad, su sencillez y nos hemos animado a pedirle una entrevista. Entre los asuntos presentados al Congreso estaba la cuestión Trata de Blancas, en que Su Alteza toma tanto interés".

Había un anexo: "Un pequeño trabajo de instrucción popular sobre maneras de prestar primeros auxilios en casos de accidentes que os ofrece de todo corazón una obrera del pensamiento".

La carta, que habla del espíritu de lucha de la autora en favor de los derechos de las mujeres, es una perla de su archivo personal, al que accedió Viva. Contiene cartas manuscritas, diplomas, medallas, libros y fotos inéditas, que fueron cuidadas y catalogadas por el departamento de Colecciones Especiales y Archivos de la Biblioteca Max von Buch de la Universidad de San Andrés.

Cecilia Grierson nació el 22 de noviembre de 1859, fue la primera médica argentina y la primera en Sudamérica en obtener un título universitario. Enfrentó los prejuicios de un mundo que no daba a la mujer ni el voto y tuvo que alargarse la pollera para parecer mayor y obtener autorización para trabajar como maestra rural.

"Eras una niña juguetona, alegre, muy buena como hasta ahora, que acumulabas cada vez mayores simpatías en todos los que tratabas. Ya enseñabas al hoy doctor Gustavo de Elía a leer y escribir, lo mismo que a sus hermanitos y a la negra Micaela, por la que te hacías llevar a cuestas", la recordó Eusebio, un amigo de la infancia, en otra carta que sirve para armar una biografía distinta de esta mujer pionera.

"Ya maestra -continúa esa misiva, que conservó desde 1917- tu pensamiento buscó nuevos horizontes, quisiste estudiar medicina, ser apóstol. Fuimos los primeros en aconsejarte que siguieras tu ideal. Yo tenía confianza en tu inteligencia, en tu honradez acrisolada y en tu firmeza de carácter. Y posponiendo prejuicios y miserias que habrá perdonado tu noble corazón, saliste triunfando y seguiste triunfando, en las iniciativas provechosas en bien de la humanidad".

A los 15 años comenzó a enseñar, a los 23 ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y a los 25 luchó contra la epidemia de cólera en la Casa de Aislamiento (hoy Hospital Muñiz) y a los 26 fundó la primera Escuela de Enfermeras y Masajistas del país, que dirigió durante tres décadas a jeringa y espada, porque tuvo que pelear con las autoridades que le retaceaban fondos, personal y puestos de trabajo.

Una dura disputa entre el profesionalismo que ella quería inculcar y el acomodo con que otros improvisados se quedaban con los mejores empleos fue motivo de otra de sus cartas hasta aquí desconocidas.

"Existe un servicio de enfermeras no autorizado oficialmente sin jefe responsable ni reglamento de ninguna especie. En el local de la Asistencia Pública, se recomienda a cualquiera que tenga la audacia de inscribirse como idóneo y se les permite cobrar de 15 a 20 pesos diarios a las familias, amén de otros abusos, aunque la recomendada no haya pisado escuela, hospital ni sea persona de responsabilidad alguna", denunció Grierson, en defensa de sus pupilas, en una carta que dirigió al director de la cartera sanitaria, José Penna, el 9 de abril de 1906.

Para la doctora, "esta práctica ha estado minando la disciplina de la escuela, puesto que para ser recomendada no se requería ni conocimientos, práctica ni moralidad" y "los repetidos abusos por esa gente sin preparación ha hecho que el público, hoy día, tenga terror de verse obligado a solicitar una enfermera a la Asistencia Pública".

Según los indicios de esta carta, hubo un escándalo con una enfermera en 1899. Escribió Grierson: "Quisieron relajar la disciplina de la escuela en favor de una alumna incompetente e inmoral. La Directora (que era ella) prefirió sacrificar sus intereses personales antes que ver quebrantada su autoridad moral y elevó su renuncia al irse a Europa, lo cual trajo disturbios, manifestaciones y contramanifestaciones de alumnas y otras personas, cerrándose de hecho la institución".

No le aceptaron la renuncia y, al volver de su perfeccionamiento en instituciones francesas, seguía en el cargo, pero con "trabas y mala voluntad" por parte de las autoridades, "a causa de oponerme tenazmente a recibir a la ex alumna causante del aniquilamiento de esta benéfica institución".

Hubo hasta patotas que irrumpieron en la escuela, rompieron muebles y se llevaron materiales, que nunca se recuperaron. Grierson se volvió a plantar y advirtió que si no le daban recursos suficientes, sueldo para cuatro maestras, un local más amplio, empleados con viáticos para el "tranway", y mayor celo oficial a la hora de entregar diplomas, no seguía. Así, consiguió buena parte de lo que buscaba.

En otro diagnóstico de la salud en el país, la doctora Cecilia señaló "las dificultades con que se ha tropezado al querer dotar a nuestro país de soldados y clases idóneas para este ejército que es la medicina".

"Todos somos jefes y oficiales, pero carecemos de subalternos preparados, con lo cual es tan difícil ganar las batallas de la vida, como lo sería en iguales condiciones en las acciones de guerra", fueron sus metáforas de un problema que persiste hasta el presente, cuando en la Argentina faltan más de 20 mil enfermeras bien preparadas.

Se recibió de médica y su tesis, titulada "Histero-ovariotomias efectuadas en el Hospital de Mujeres desde el año 1883 hasta 1889" recomendó extremar los cuidados higiénicos de las pacientes y la asepsia de médicos y enfermeros, condiciones que esa época no eran prioridad y podían ayudar a salvar vidas. "Toda insistencia sobre estas precauciones nunca será exagerada", se anticipó, un siglo antes de que se hablara de los "virus hospitalarios".

Saltaba barreras Cecilia, aunque algunas la frenaban. En 1894 se presentó a un concurso en la Universidad para cubrir el cargo de profesora en la cátedra de Obstetricia para Parteras. Tenía más méritos que sus oponentes, pero la compulsa fue declarada desierta, porque la docencia universitaria era entonces un terreno vedado a las mujeres.

Pero no se detuvo. A los 35 años, Grierson fundó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios. Y a los 40 viajó a Londres para ejercer la vicepresidencia del Congreso Internacional de Mujeres y realizar un curso de ginecología en París. En 1900 fundó el Consejo Nacional de Mujeres y la Asociación Obstétrica Nacional.

En 1914, hace justo un siglo, llegó el tiempo de la reivindicación: en las Bodas de Plata de su egreso, sus compañeros la halagaron como nunca y la pusieron en el centro de la foto grupal. La "obrera del pensamiento" había conquistado su silla de alteza de la medicina popular.

Otra de sus apuestas fue la Escuela Técnica del Hogar, cuyos conocimientos "interesan por igual a todas las mujeres, sea cual fuere suposición social, señoritas, amas de casa y criadas que desean instruirse en las artes domésticas".

"Esta escuela no fue creada con fines de lucro, sino para marcar rumbos y realizar una obra de verdadero servicio social. Lástima grande que no haya en nuestra Patria algún (Andrew) Carnegie como el que en los Estados Unidos de América funda por centenares escuelas prácticas para mujeres", se quejaba en octubre de 1912, en busca de filántropos, donaciones y un local mejor para esta escuela. Al revisar sus anotaciones de Grierson sobre los contenidos y programas, se ven distintos consejos para el ahorro familiar y el fomento de habilidades que, incluso, podían servir para una salida laboral de las mujeres.

Dice otra de las cartas rescatadas por la Universidad de San Andrés: "Se trata de enseñar inculcando un espíritu práctico de aseo, economía, método e independencia, una moral práctica, estimulando el amor al trabajo, a la sencillez y a la verdad, para que las alumnas lleven una verdadera base de educación, combatiendo muchas rutinas y prejuicios arraigados en nuestro pueblo, como es el amor al lujo, la falta de espíritu económico y previsión, la tendencia al engaño y a las apariencias".

"No ha habido la pretensión de formar profesionales en estos ramos domésticos; son puramente cursos familiares; pero, si alguna llegara a tener un perfeccionamiento que le permita utilizar estas artes como medios para ganarse la subsistencia y tenga necesidad de aplicarlo en otros hogares, esta Comisión de Educación Doméstica tendrá una satisfacción todavía mayor", señala.

Hay otra carta manuscrita, de febrero de 1923, donde Cecilia Grierson deja un legado romántico de su vida, donando lo poco que tenía para la creación de una escuela, luego de pelear por una jubilación para la que no le reconocían aportes suficientes, pese a haber trabajado más de 40 años:  "Señor Presidente del Consejo Nacional de Educación, doctor Jorge Boero: Como argentina y profesora jubilada, deseo retribuir al Estado lo que de él he recibido y mejorarlas condiciones de los que me rodean. Así, en este saludable y precioso paraje de Los Cocos, Córdoba, donde paso mi vejez, he hecho construir un edificio para escuela y casa de la maestra contigua, porque aquí no hay ninguna escuela nacional".

Apenas pidió que conservaran los árboles y que la dirección de la escuela estuviera a cargo de una maestra "con espíritu verdaderamente misionero".

"Deseo que hagan una obra cultural intensa no sólo instruyendo niños, sino encaminándolos a que no contraigan los defectos de los adultos de esta región: la afición a las bebidas alcohólicas y a los juegos de azar. Les haría falta lecturas agradables, una biblioteca popular, un cine educativo, música... y el centro de todo esto debe ser la escuela", fue su visión, aplicable al día de hoy.

La Colección Cecilia Grierson tiene diplomas y medallas que le dieron la Cruz Roja, el Grupo Femenino Unión y Labor, las universidades y hasta los Bomberos de La Boca. Hay también un prendedor, en una cajita de tela cosida a mano, con las "CG" iniciales en letra gótica, para lucir en el pecho, el lugar del orgullo.

DOS MOMENTOS

Hay dos años emblemáticos en la trayectoria de Cecilia Grierson, pionera de la medicina argentina. El primero habla de prejuicios; el segundo, de superación.

En 1894 era la mejor en un concurso para cubrir una cátedra universitaria, pero no se la asignaron porque era mujer. Esa instancia fue declarada desierta por las autoridades. Un eufemismo del rechazo.

En 1914 fue agasajada con un banquete en el Majestic Hotel por sus compañeros de colación, todos varones. Dio el discurso central en esas Bodas de Plata y fue aplaudida por sus colegas.

SEMBLANZA DE UNA LUCHADORA

Contra los prejuicios de su época, Cecilia Grierson se hizo un lugar en la historia de la medicina argentina.

1859
Nacimiento

Fue el 22 de noviembre. Su padre, John Parish Robertson Grierson, era descendiente de colonos escoceses. Y su madre, Jane Duffy, tenía origen irlandés.

1885
Impulso a la enfermería

Fundó la primera Escuela de Enfermeras de Sudamérica, entidad que dirigió hasta 1913. Peleó con las autoridades sanitarias por recursos y mejores instalaciones.

1889
El gran logro

Se graduó como médica, con una tesis sobre ginecología, y comenzó a ejercer en el hospital Ramos Mejía. Fue la primera mujer que obtuvo título universitario en el país.

1923
Un último gesto

Ya jubilada, donó un terreno en Los Cocos, Córdoba, para construir una escuela.