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Melina Furman: El desafío de despertar vocaciones científicas

"Generar vocaciones científicas requiere, entonces, dejar de poner el acento en transmitir el qué de la ciencia, el conocimiento acabado, y acercar a los jóvenes a su maravilloso cómo, a ese proceso por el cual esas ideas fueron construidas por una comunidad de pensadores que se preguntaron, debatieron y dudaron en el camino de tratar de entender y transformar sus mundos", afirmó la profesora de la Escuela de Educación de San Andrés.

En muchos países del mundo, incluida la Argentina, aumentó la preocupación por la baja cantidad de estudiantes que optan por carreras relacionadas con ciencia y tecnología. Cada vez más, contar con profesionales formados en estas áreas es indispensable para generar una economía que nos permita pensar en futuros más promisorios como país.

Ante este escenario, ¿cómo despertar vocaciones científicas en chicos y chicas? Un elemento fundamental en esta búsqueda tiene que ver con transformar el modo en que enseñamos ciencias, especialmente en el secundario. Generar vocaciones es inspirar. E inspirar implica, en este caso, mostrarles a los alumnos aquello que hace a la ciencia y la tecnología tan apasionante: la aventura intelectual, la búsqueda colectiva, los procesos creativos asociados al diseño de soluciones.

Hace 12 años fundamos con un grupo de científicos “Expedición Ciencia”, una asociación que busca formar un espíritu científico en los jóvenes a través de distintas actividades, especialmente campamentos científicos. En estos años aprendimos que una de las claves es exponer a los estudiantes a la maravilla que genera ponerse en los zapatos de quien explora un fenómeno por primera vez. Introducirlos, por ejemplo, en la historia de las investigaciones de Pasteur sobre los gases que forman el aire o en la de los primeros griegos que pensaron acerca de la configuración del sistema solar. Y acompañarlos de cerca para que puedan formularse preguntas y sacar conclusiones de los datos que van recogiendo.

Generar vocaciones científicas requiere, entonces, dejar de poner el acento en transmitir el qué de la ciencia, el conocimiento acabado, y acercar a los jóvenes a su maravilloso cómo, a ese proceso por el cual esas ideas fueron construidas por una comunidad de pensadores que se preguntaron, debatieron y dudaron en el camino de tratar de entender y transformar sus mundos. Solo así podemos invitarlos a sumarse a ese camino apasionante.