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“La educación argentina tiene excusas para no ser Finlandia, pero debe ser la mejor de Latinoamérica”

Los profesores Paula Razquin, Melina Furman y Facundo Albornoz investigan las estadísticas internacionales en materia de evaluación educativa para avanzar en un análisis que permita entender, comparativamente, el rendimiento de los estudiantes argentinos. El desafío, sostuvieron, es “darle una mirada interdisciplinaria” a la problemática, sostienen.

“Pruebas PISA: Sileoni admitió que "la máxima responsabilidad es del Estado", “Pobre desempeño argentino en un ránking global”, “Mala nota para la Argentina en la evaluación internacional a estudiantes secundarios”. La noticia gana las portadas de los diarios, pero pasados los días el tema volverá a tener nulas menciones. Solo surgirá de nuevo cuando, en algún caso, se busque darle un contexto a un conflicto salarial que involucre a un gobierno y los docentes. La necesidad de restarle un aspecto lúdico a la estadística y evaluarla de un modo más empírico reunió a dos educadores, Paula Razquin y Melina Furman, y a un economista, Facundo Albornoz, con el objetivo de evaluar las estadísticas y “sacar conclusiones basadas en una evidencia confiable, que vaya más allá de la intuición o los postulados más puramente ideológicos”.

+ San Andrés: Según las últimas mediciones difundidas a nivel internacional, ¿cómo se encuentra la educación argentina en relación a otros países?

Paula Razquin: Hay muchas estadísticas por las cuales uno puede ubicar a la educación argentina en el mundo. Una es la que estamos investigando, que es tomar las pruebas de calidad PISA, mediciones que tratan de determinar cuánto aprenden los chicos en Matemática, Ciencias y, dependiendo los años que cursen, otras disciplinas. Se comparan los datos con el resto de los países que participan en la encuesta a nivel mundial.

Facundo Albornoz: Muchas veces, por ser un estudio comparativo, hay una tentación de ubicar a la Argentina en el mundo y hacer de eso un ranking, como si fuera ganar el campeonato de la educación. Pero algo que está dejado de lado en el debate sobre PISA es que estos datos permiten no sólo comparar países, sino también entender los determinantes del desempeño educativo para cada uno de ellos. Porque en cada país hay alumnos con rendimiento buenos, malos, o regulares, y los indicadores que aparecen en el debate público, en general, son los datos agregados o el promedio. En la Argentina hay estudiantes a los que les va muy bien a nivel internacional, pero que como objeto de preocupación representan la minoría. Pero hay cosas que funcionan aquí  como en cualquier país del mundo. Lo valioso de los datos de PISA es que no solamente buscan ver cómo los países se ubican en el ranking, sino tomar indicadores que puedan dar a entender qué hace que un alumno tenga un buen desempeño o no.

Melina Furman: Un aspecto interesante a la hora de interpretar los datos de PISA es que las pruebas no toman contenidos declarativos, sino que los expone a los alumnos a problemas y situaciones en las que tienen que poner en juego saberes más complejos. Vale la pena preguntarse cómo nos está yendo y qué factores hacen que nos vaya bien o mal en ese tipo de pruebas internacionales que evalúan saberes y capacidades de pensamiento crítico y autónomo.

Facundo Albornoz: En ciertos indicadores de quienes van a la escuela y la universalización de la educación, no somos campeones mundiales pero estamos dentro de los buenos. Pero lo que uno le pregunta a los chicos y cómo eso se traduce en conocimiento, ahí si nos va  mal. El PISA permite no sólo comparar entre países sino dentro de cada país, entre alumnos con distintos condicionamientos socio-económicos, y culturales. Y también permite observar resultados estructurales en cuanto al tipo de escuelas a las que asisten, las personas con las que interactúan, etc. Además, otra característica de nuestra investigaciónes examinar qué características del contexto familiar en la Argentina explicarían que a algunos les vaya bien y a otros no.

Paula Razquin: Una aclaración que tenemos que hacer es que PISA es un test que no tiene en cuenta necesariamente lo que se enseña en las escuelas. Hay otros exámenes que miran en qué medida los alumnos alcanzaron los contenidos y los estándares que definen concretamente a cada país. Acá son un conjunto de habilidades que se supone que un adolescente de 15 años tendría que tener en un mundo globalizado.

Melina Furman: Pero no mide los temas concretos que están en el programa. Esta idea de enseñar pensamiento crítico, lectura comprensiva, razonamiento matemático está en línea con las metas curriculares de los programas argentinos de manera más general. El espíritu de los programas argentinos está totalmente en línea con eso. Sin embargo, estas capacidades no necesariamente están siendo desarrolladas en las aulas.

Paula Razquin: En general algunos critican al examen y otros lo consideran una prueba poco válida. Obviamente, como toda medición, tiene sus limitaciones, pero las pruebas son bastantes sólidas para tratar de entender más allá.

Melina Furman: De hecho, en otras investigaciones que hacemos acerca de la enseñanza de estas capacidades utilizamos estas pruebas en la capacitación a los docentes como faro, analizando cómo tendríamos que trabajar en el aula si quisiéramos que estuvieran realmente preparados para estas competencias de mundo global.

Facundo Albornoz: Como es un examen estandarizado, aprobarlo se puede convertir en un objetivo en sí mismo. Y eso, en algún punto, puede generar incentivos contraproducentes como  enseñar a rendir el examen en vez de generar las capacidades que, entre otras cosas más importantes, permite aprobarlo.

Melina Furman: En el último examen surgió una gran duda porque a China le fue muchísimo mejor que a otros países. Entonces apareció la pregunta de cuánto se prepararon para dar ese examen y en qué medida los resultados de la evaluación reflejan lo que genuinamente sucede en las aulas.

Facundo Albornoz: Pareciera que el juego del ranking puede potenciar algunos aspectos más viciosos. Los responsables educativos ven plasmado el éxito de sus tareas en un ranking y esto puede empujar a priorizar el impacto inmediato del conocimiento sobre un aprendizaje profundo y persistente de aquello que la sociedad decide que sus estudiantes deben aprender. De todas maneras, nadie puede festejar que le vaya mal en un examen estandarizado. Hay una especie de ambivalencia frente a eso. Algo distintivo de este grupo de estudio es que nos proponemos ir más allá de tratar de entender las posiciones relativas de los países. Intentamos entender qué es lo que tiene cada chico que hace que se desempeñe como a uno le gustaría que lo haga la mayoría. Ahí es donde variables importantes como el tipo de escuela, si es pública o privada, y por qué ir a un tipo de escuela tiene un impacto sobre su desempeño. Está verificado, en los últimos resultados PISA, que a los chicos que asisten a la escuela privada les va mejor en promedio. Si eso fuera la causa de por qué le va mejor, lo que tendría que hacerse es privatizar la educación. Pero esa afirmación sería, sin embargo, producto de tomar un resultado empírico desprovisto de cualquier análisis y llevarlo a conclusiones equivocadas. No es tanto proponer una disyuntiva entre escuelas privadas y públicas, sino identificar qué cosas se encuentran en las escuelas privadas que no se encuentran en promedio en las escuelas públicas. Lo que estamos viendo es que gran parte de las cosas que tienen que ver con la diferencia en calidad o en los resultados que se observan tienen que ver con el entorno económico.  En algún punto eso es más frustrante, porque la mayoría de los chicos que van a la escuela privada tienen en promedio un mejor nivel de satisfacción material en sus hogares y padres con un mayor nivel educativo y bagaje cultural. Lo que tiene un poco de desesperante es que es una reacción endógena de la sociedad frente a los problemas y que no se puede modificar directamente con políticas públicas, porque no es una cuestión de agarrar las escuelas y mezclarlos.

Melina Furman: Ha habido políticas públicas en ese sentido en distintos países, por ejemplo integrando en una misma escuela a estudiantes de distintos contextos socioeconómicos, pero son mucho más difíciles que, por ejemplo, dotar a una escuela pública con recursos.

Facundo Albornoz: Nos hubiera gustado que las diferencias entre escuelas privadas y públicas se manifiesten mucho más en la infraestructura y en recursos educativos, pero observamos que se explican a partir de los niveles socio-económicos y culturales de las familias. Hay mucho de quién puede acceder a la escuela privada relacionado con características que hacen que a esos alumnos les vaya mejor. No es la escuela privada per se, es el tipo de estudiantes que la componen.

+ San Andrés: ¿Cómo se puede reducir esa brecha entre escuela pública y privada?

Facundo Albornoz: Hay un camino que es más arduo. Los resultados indican que reducir la brecha entre estudiantes de escuelas públicas y privadas involucra modificar los parámetros de la decisión que toman los padres sobre a qué escuelas enviar a sus hijos… Está claro que hoy en día los que tienen mejor nivel adquisitivo y mejor bagaje intelectual en general se autoseleccionan en escuelas privadas, entonces uno tiene que actuar sobre qué es lo que hace que las familias de niveles medios y altos seleccionen la escuela privada por sobre la pública.

Paula Razquin: Me parece que eso mucho no se puede tocar, porque las escuelas privadas, salvo las subvencionadas por el Estado, tienen su criterio. Puede ser, entonces, que se mejore el nivel de calidad de la escuela pública, y eso se hace, por un lado, mejorando en general y, por otro lado, mejorando el promedio de a quiénes peores les va, que son generalmente provenientes de grupos desfavorecidos; apuntar a esas personas para mejorar esos niveles de aprendizaje es clave.

Melina Furman: El tema de las huelgas docentes también juega mucho a la hora de tomar una opción por la escuela privada, independientemente de la calidad de la enseñanza.

Facundo Albornoz: Los paros y también el tipo de pares que uno suele encontrar cuando manda a su hijo a la escuela suelen variables que determinan una opción a favor de las escuelas privadas. Entonces el sistema educativo potencia fenómenos de segregación que van más allá de lo que pueda hacer un ministro de Educación; es algo que tiene que ver con la sociedad que estamos viviendo. También hay que tener en cuenta que existe una heterogeneidad muy fuerte dentro de cada tipo de escuelas. El fenómeno que describimos es el agregado de casos particulares que incluyen escuelas privadas con malos resultados y públicas con buenos resultados. De hecho, nuestras investigaciones resaltan también esta heterogeneidad. Nuevamente, el efecto del tipo de escuela no es si se trata de una privada o pública. Está más vinculado a quienes conforman las aulas y cómo esto repercute en el aprendizaje y la enseñanza.

Melina Furman: Es necesario fortalecer el nivel de la escuela pública, y especialmente apuntar a mejorar las escuelas que atienden a chicos de poblaciones más vulnerables.

Paula Razquin: Hay países en los que la idea de los padres sigue siendo que sus hijos vayan a una escuela pública. En la Argentina fue así, pero cada vez más se va revisando esa elección. Todavía te quedan algunas escuelas públicas de elite, pero eso fue cambiando en los últimos años.

Melina Furman: Una de las cosas que estuvimos mirando es la relación entre esta segregación público-privada en la Argentina y otros países de la región.

Facundo Albornoz: En cuanto a la dimensión internacional, hay en las escuelas secundarias argentinas una tasa mayor de chicos que están en años que no corresponden con su edad si hubieran seguido prolijamente el camino académico. Lo que no sabemos todavía es si esto refleja una virtud o un defecto del sistema educativo. Muchos chicos repiten, pero esto no implica dejar la escuela como en otros países. Este sistema tiene una alta retención de estudiantes repitentes y esto se manifiesta en menores resultados promedio en los exámenes PISA, pues esta evaluación apunta a adolescentes de 15 años pero no a un año escolar en particular. Puede ser un defecto, entonces, en cuanto a que hay chicos que repiten y se atrasan, pero también puede referir una virtud en cuanto a que el sistema todavía los retiene cuando, de lo contrario, muchos habríandejado la secundaria. Todavía no tenemos un resultado preciso.

Paula Razquin: Hay países en los cuales esa relación es mejor pero a costa de expulsar a los estudiantes.

Facundo Albornoz: Hay ejemplos como los de Chile y Turquía, a los que les va mejor en PISA pero tienen una tasa de lo que llamo “desclasados” - alumnos que repitieron uno o más años de escuela- mucho más baja en cuanto a que estos chicos no aparecen evaluados en el PISA. Hay lo que se llama en economía un sesgo de selección.

Melina Furman: Básicamente si uno saca a los alumnos que repitieron el año de la muestra de estudiantes evaluados y mira el resultado de los otros en PISA, lo que se ve es que Argentina alcanza niveles mucho más altos de desempeño.

Facundo Albornoz: Se tiende a fetichizar el ranking, a simplificar si somos los peores o mejoramos un poco.

+ San Andrés: ¿De qué modo le va a Argentina en comparación con estudios anteriores?

Melina Furman: En comparación con 2009 nos mantuvimos aproximadamente en los mismos números.

Facundo Albornoz: La idea es que mejoran en lo absoluto pero no en lo relativo, donde todos los países mejoran. Y en los rankings, incluso, hay caídas en la clasificación porque se incorporaron nuevos países. Uno puede hilvanar un discurso positivo o negativo según las ganas que tenga.

Melina Furman: Con unos puntos más o menos, los resultados en las tres áreas del conocimiento de los alumnos argentinos se mantuvieron igual.

Facundo Albornoz: Seguimos siendo un país que está por debajo del promedio latinoamericano.

Melina Furman: Y Latinoamérica como un todo está muy por debajo de otras regiones del mundo.

Facundo Albornoz: Si se controla este efecto de repetición que implica que un grupo de chicos se “desclase”, la Argentina sube en el ranking hasta niveles similares a los de Chile y Uruguay. En los términos de campeonato que caracteriza el debate actual sobre el PISA, la Argentina se convierte en un equipo bueno del pelotón de los malos.

Paula Razquin: No se necesita de PISA para decir que no nos va tan bien como Estados Unidos, Singapur y China, pero lo importante es compararnos con América Latina.

Facundo Albornoz: Si a uno le interesa la educación desde el punto de vista que puede generar capacidades que se asocian con niveles mayores de desarrollo socioeconómico, es muy difícil establecer una relación que tenga sentido, porque también gran parte del desarrollo educativo está afectado por el nivel de desarrollo del país. Sin embargo, hay estudios nuevos que demuestran que hay una correlación bastante bien establecida, que resiste todos los controles, que harían de ella una relación que sugiere cierta causalidad entre las capacidades cognitivas que captura el PISA y el crecimiento económico.

Melina Furman: Como sociedad se da por sentado que la educación va a generar desarrollo. Sin embargo, no cualquier tipo de educación va a generar desarrollo económico.

Paula Razquin: Por ejemplo, en los 90 nosotros teníamos tal producto bruto per cápita, tal nivel de desarrollo y nos comparábamos con otros países que tenían el mismo nivel de desarrollo económico. Ahora nos preguntamos qué hicieron esos otros países que les fue mejor que a nosotros tanto en estos programas educativos y económicamente. ¿Por qué nos fue peor? Es otra manera de analizar la educación y el desarrollo económico.

Melina Furman: Creemos que de acá en adelante hace mucha falta empezar a mirar en el sistema educativo argentino los datos con más profundidad. Es necesario sacar conclusiones basadas en evidencia confiable, que vaya más allá de la intuición o los postulados más puramente ideológicos, y tratar de entender el problema con la complejidad que tiene desde los datos que hay. En muchos casos no hay datos suficientes, entonces habrá que ir a recolectarlos o ver de dónde se obtienen. Pero informes como los de PISA, para los cuales los gobiernos invierten mucho dinero en participar, son poco aprovechados. Parte del desafío de juntarnos es darle una mirada más colectiva. Por eso conformamos un grupo de investigación interdisciplinario que va en esa línea.

Facundo Albornoz: Lo que hicimos fue armar los primeros cimientos para construir algo que tenga más institucionalidad, en el sentido que identificamos una necesidad. Nos gustaría que eso se traduzca en una demanda social en el sentido de que está claro que muchos análisis adolecen de rigurosidad y de base empírica. El PISA, en algún punto, introdujo esa dimensión, pero el uso que se hace es más bien de la parte lúdica del dato que está ligado al ranking. Hay una especie de hueco en el cual la comunidad de San Andrés, a partir de sus académicos, puede brindarle a la sociedad un análisis de las políticas con más sustento empírico y más riguroso. Nuestra idea, como equipo, es sentar las bases para construir un grupo que perdure. Estamos discutiendo la conformación de un centro de investigación en educación que permita a la Universidad contribuir seriamente con un debate al que hay que animar con información y análisis riguroso de PISA, pero también de otros datos e indicadores. Nos interesa la idea de conformar un grupo donde investigadores y analistas de educación trabajemos conjuntamente con economistas.

Paula Razquin: Además, aunque está todavía muy incipiente, está la idea de fortalecer algo que en la Argentina todavía está poco desarrollado: una formación en análisis cuantitativo, o en economía de la educación. Tener un enfoque un poco más histórico, por más descriptivo que sea, para tratar de entender y explicar los fenómenos.

Melina Furman: Hay que tener en cuenta que no es solo una cuestión de voluntades, sino que tiene que haber gente preparada metodológicamente. Es parte de lo que queremos hacer.

Facundo Albornoz: No se trata sólo de procesar las estadísticas sino también de discutir casos. Cuando uno ve sobre qué están basando sus investigaciones algunos educadores se observan pocos datos y experiencias.

Paula Razquin: Ahí estamos un poco peor. Por ejemplo, no tenemos muchas maneras de evaluar sin datos el impacto de la Asignación Universal por Hijo. Vi algunas estadísticas y son muy cualitativas. Hay otros países como Brasil o México que están implementando políticas similares y tienen todo un sistema de generación de datos y de información para aprender o no si funciona esta política. Nosotros no las tenemos, estamos más atrás de algunos países incluso de América latina.

Facundo Albornoz: En cuanto a tradición y oportunidades de políticas públicas, tenemos excusas para no ser Finlandia pero no para ser los mejores de América Latina.