En contexto

Enfoques sobre la actualidad del país y del mundo

Comunicación Institucional

San Andrés en imágenes

Galería multimedia

+ San Andrés

Actualidad

Thomas Bender, animador del “giro transnacional” en la historiografía estadounidense, disertó en la Universidad

El historiador dictó dos conferencias en el campus y en la Sede Capital de San Andrés.

El historiador norteamericano Thomas Bender se presentó en la Universidad de San Andrés organizadas por el Departamento de Humanidades y la Cátedra Estados Unidos.

"Bender es un experto en la historia universal de Estados Unidos y lidera una corriente muy trabajada en los últimos años del excepcionalismo norteamericano, clave para entender el rol del país en la política exterior", expresó Federico Merke, director de las carreras de Ciencia Política y Relaciones Exteriores.

En su exposición, Bender repasó alguno de sus aportes destacados en libros, artículos y publicaciones.

Para destacar la labor de Bender en la historiografía norteamericana, destacamos a continuación un fragmento del prólogo del libro “Historia de los Estados Unidos - Una nación entre naciones”.

Hace casi una década, empecé a pensar más seriamente y de un modo por completo diferente sobre la manera en que fue escrita la historia de los Estados Unidos –por no mencionar la manera en que se la enseñaba-. Lo que me preocupaba no era la cuestión –por entonces muy discutida- de la política de la historia, por lo menos no en el sentido estrecho de ponerme a favor o en contra de tal o cual bando en las llamadas guerras culturales. Tampoco se trataba de favorecer la interpretación liberal o la conservadora, pues la cuestión que me interesaba no establecía ninguna diferencia entre ellas. A mi entender, el problema estribaba en un aspecto fundamental y metodológico: me parecía que la narrativa canónica que tenía incorporada en mi cabeza limitaba mi capacidad de comprender los temas centrales de la historia norteamericana. ¿Cuáles eran las verdaderas fronteras de la experiencia nacional estadounidense? ¿Qué historia compartían los Estados Unidos con otras naciones? ¿Qué cambios produciría el empleo de un contexto más amplio en la narrativa central norteamericana? Comencé a repensar dos aspectos de ese núcleo narrativo: el supuesto no examinado de que la nación será el continente y el portador de la historia, y la clara tendencia a ignorar la verdad inapelable de que el espacio es tan fundamental como el tiempo para toda explicación histórica, la idea que la historia se desarrolla tanto en el espacio como en el tiempo.

A mí, y a mis connacionales, se nos ha enseñado la historia estadounidense como una narrativa independiente y autosuficiente que no necesitaba apoyarse en ninguna otra estructura. Los cambios recientes en los planes de estudios escolares señalan el problema, pero no lo solucionan. Con el propósito de preparar mejor a nuestros jóvenes para ser ciudadanos de una nación multicultural en un mundo globalizado, la mayoría de los estados hoy exigen que las escuelas ofrezcan cursos de historia del mundo. Este parece ser un cambio curricular eficaz, pero en la práctica el nuevo programa subvierte las buenas intenciones que lo impulsaron. La mayor parte de los cursos de historia mundial no incluyen la historia de los Estados Unidos. De algún modo, el mundo es todo menos nosotros. Las interconexiones e interdependencias de nuestro país que se extienden más allá de sus fronteras rara vez están representadas en estos cursos, y el programa de estudios revisado refuerza la división misma entre los Estados Unidos y el resto del mundo que los ciudadanos contemporáneos deben superar.

Si los estadounidenses tienden a pensar que lo “internacional” es algo que está “fuera de aquí”, algo de alguna manera no conectado con ellos, los historiadores de este país somos en parte responsables de su percepción errada. La manera en que enseñamos historia, manteniendo el compromiso de la disciplina con la nación entendida como portadora autosustentada de la historia, fortalece ese carácter parroquial. Ese nacionalismo es algo que damos por sentado y que no argumentamos. Si los historiadores quieren educar a sus alumnos y al público en general como auténticos ciudadanos, tienen que pensar más profundamente en su manera de presentar las historias nacionales, historias que debemos conservar pero que a su vez deben poner de relieve los puntos en común y las interconexiones con otros procesos históricos.

Es bastante sorprendente que muchos eruditos que estudian naciones y regiones extranjeras-especialistas en estudios de áreas- hayan compartido y reforzado el enfoque binario que coloca a los Estados Unidos y al resto del mundo en dos compartimentos estancos. Los programas de estudios nacionales y de estudios de zona se desarrollaron al mismo tiempo en las universidades estadounidenses, pero sólo recientemente han comenzado a reconocerse que son parte interactiva de la misma historia global. Así es como hemos limitado nuestra comprensión de las demás partes del mundo y pasado por alto hasta qué punto las otras historias han sido parte de la nuestra. Los estadounidenses necesitamos ser más conscientes de que somos “parte del mundo exterior” (…) Para poder pensar en las dimensiones globales de una historia nacional, los historiadores debemos salir de la caja nacional y retornar con explicaciones nuevas y más ricas del desarrollo nacional, pues de ese modo podremos reconocer mejor la permeabilidad de las fronteras, las zonas de contacto y los intercambios de personas, dinero, conocimientos y cosas: las materias primas de la historia que rara vez se detienen en las fronteras. La nación no puede ser su propio contexto, como no pueden serlo el neutrón o la célula. Debe ser estudiada en un marco que la exceda.