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Walter Sosa Escudero: "El ancho de banda de la economía se está ampliando"

"Va mucho más allá de trabajos freaks. Hay avances muy relevantes en campos fundamentales, como la lucha contra la pobreza", indicó el profesor del Departamento de Economía. La siguiente nota también incluye testimonios y menciones de otros economistas graduados y/o docentes de San Andrés: Daniel Aromi, Ricardo Pérez Truglia, Juan Carlos de Pablo, Mauricio Drelichman, Laura Trucco, Alberto Cavallo, Daniel Heymann e Ivan Werning.

Diez años atrás, invitado por el departamento de Epistemología de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), llegó a Buenos Aires, a dar una serie de conferencias, el economista holandés Arjo Klamer, profesor de la Universidad de Rotterdam. Klamer es una suerte de antropólogo, que estudia de cerca la tribu de los economistas: su lenguaje (al que llama "econospeak"), sus costumbres, sus chistes y hasta sus hábitos sexuales. En el recorrido de sus estudios, Klamer notó con la Economía una particularidad, que no se repite con otras disciplinas. 

"Cuando uno mira la producción física de otras ciencias, por ejemplo, la Química, la Medicina o la Historia, se da cuenta de que sus escritos académicos, a nivel de producto gráfico, son similares, aun, cuando se trate de investigaciones realizadas en el siglo XLX o en el XX", explica el académico. "En cambio, con la Economía, esto no sucede. Los papers de fines del siglo XIX estaban llenos de palabras, en la tradición marshalliana, donde las matemáticas estaban relegadas a las notas al pie. Cincuenta años más tarde, los estudios pasan a estar repletos de números: es el reinado de los poskeynesianos, con el armado y la sofisticación de las Cuentas Nacionales. Y, a partir de los años '70 y '80, el 99 por ciento de la producción académica pasa a ser dominada por ecuaciones matemáticas; cuanto más simples y elegantes, mejor".

En los últimos 10 años, el ejercicio de relevamiento gráfico de estudios económicos puede volverse algo desconcertante para un observador neutro. Aparecen, por ejemplo, en forma creciente, investigaciones llenas de imágenes de cortes cerebrales, de resonancias magnéticas, en el ámbito del emergente campo de las neurociencias. El observador, también, podría toparse con un estudio firmado por los economistas Vernon Henderson, Adam Storeygard y David Weil, en el que, en lugar de ecuaciones matemáticas, hay fotos satelitales. Según los autores, las imágenes nocturnas de zonas iluminadas con luz artificial resultaron ser un excelente predictor del PBI en aquellos países que tienen estadísticas menos confiables. O con imágenes más curiosas y atractivas, todavía. Terry Pettijohn analizó en forma minuciosa las características de las playmates (chicas del mes de la revista Playboy) desde la década del '60 a hoy. Halló que, en épocas de recesión, se imponen modelos con cuerpos más grandes, menos curvas y una edad promedio mayor: en la incertidumbre, se busca algo parecido a una imagen maternal en la cual refugiarse. En cambio, en períodos de boom, se toman riesgos: las playmates de moda son más jóvenes y con más curvas. Se trata, apenas, de algunos botones de muestra de un fenómeno epistemológico fascinante: el de la explosión temática de la Economía hacia tierras nunca antes exploradas.

Algo que excede a la "Economía no tradicional" que inauguró Gary Becker, en la década del '70, con sus estudios sobre crimen y matrimonio, y cuyo heredero más exitoso en la actualidad es Steven Leavitt, también, profesor de Chicago y autor del taquillera "Freaknomics".

"La nueva expansión de la disciplina 'importa' insights de otras ciencias y los incorpora a su corpus de supuestos centrales. Dejamos de ser meros exportadores que 'colonizábamos' otras áreas", explica Daniel Heymann, director del Instituto Interdisplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA. "Indudablemente, el ancho de banda de la Economía se está ampliando. Y esto va mucho más allá de trabajos freaks. Hay avances muy relevantes en campos fundamentales, como la lucha contra la pobreza", agrega Walter Sosa Escudero, director del departamento de Economía de la Universidad de San Andrés (UdeSA) y presidente de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP).

En la búsqueda de modelos más realistas, la Economía se nutre de la Psicología, las neurociencias, la Física, la Biología, además de las Ciencias Sociales. Y es, en esa interdisciplinariedad, donde radica la mayor riqueza del fenómeno. La Economía se está volviendo más porosa y menos soberbia con relación a lo que solía ser. Y, de paso, más divertida para el público no especializado y con nuevas aristas para la enseñanza en los cursos de grado.

Esta explosión se está elevando en varios órdenes de magnitud en los últimos meses, gracias a la irrupción del fenómeno de Big Data, la multiplicación de información disponible en Internet. Alumnos de maestría con conocimientos de Econometría y la creatividad para hacerse preguntas adecuadas están hallando respuestas a dilemas nunca antes resueltos. Las estadísticas tradicionales, ideadas en la primera mitad del siglo XX, sirven, cada vez, menos para entender los procesos disruptivos de la Nueva Economía. Este cruce de disciplinas, enriquecido por la ubicuidad de datos en Internet, ya llegó a la economía argentina. En la reunión de la AAEP, que se realizará en noviembre en Posadas, Misiones, buena parte de los casi 200 trabajos que se mostrarán se centrarán en temas no tradicionales.

Bienvenidos a una "Era de la Complejidad", con un tronco teórico neoclásico que no desaparecerá, pero se volverá menos dominante, y una multitud de teorías alternativas que competirán en los próximos años por abandonar la marginalidad y dejar de ser un territorio salvaje.

Economistas en el diván

Psicoeconomía, comportamiento y la búsqueda de la felicidad.

El día previo a una elección presidencial suele ser aburrido y rutinario en las redacciones de los diarios. Ya no se pueden publicar encuestas, porque rige la veda, y los esfuerzos se centran en la cobertura del día siguiente. El 6 de noviembre de 2012, los principales medios gráficos de los Estados Unidos abrieron sus ediciones con notas de servicios y de color, destinadas a contar las horas previas, de nervios, de los principales aspirantes a la Casa Blanca. Los fotógrafos que enfocaron sus cámaras al escritorio de Barack Obama captaron un detalle: el presidente que sería reelecto al otro día estaba leyendo "Pensar rápido, pensar despacio", libro escrito por el Premio Nobel de Economía 2002, Daniel Kahneman.

"Pensar rápido..." fue publicado en 2011 y recopila las principales investigaciones de la vida de Kahneman, el padre de la denominada "Economía del comportamiento", que cruza a la ciencia de Adam Smith y John Maynard Keynes con enseñanzas provenientes de la Psicología.

De todas las ramas no tradicionales de la Economía, sin duda, la que más creció en los últimos años es la Economía Conductual, que se dedica a estudiar "sesgos" errores sistemáticos en las decisiones de consumo, ahorro e inversión, y que las apartan de la racionalidad que fue, durante siglos, un supuesto de hierro en el mainstream económico.

El hecho de que el líder del principal país del mundo haya estado leyendo un trabajo sobre Economía del comportamiento y de la felicidad no es un dato anecdótico. Se suma al interés que tuvieron referentes de otros gobiernos, como los del Reino Unido, Francia, Canadá o países de Asia, por aplicar en políticas públicas lecciones de la "Psicoeconomía" que sean de provecho para mejorar la vida de la sociedad, y por captar, en mediciones oficiales, los niveles agregados de felicidad, que no se reflejan en las estimaciones tradicionales de PBI. En la actualidad, unos 30 países hacen esfuerzos estatales por medir el bienestar emocional de su población.

Las conclusiones de la Economía del comportamiento y de la felicidad hace años que abandonaron su lugar de "colección de curiosidades" y pasaron a nutrir la caja de herramientas de los economistas para mejorar las políticas públicas y para promover un mayor éxito en los negocios. El campo ya tiene reconocimiento académico, con decenas de centros especializados en todo el mundo y journals específicos, además de las "behavioural units" en varias estructuras estatales.

En la Argentina, en la última media década, aparecieron los primeros trabajos locales sobre el tema, gracias al aporte y al entusiasmo de un grupo, todavía, pequeño de economistas intrépidos, quienes se lanzaron a la conquista de este nuevo campo. Entre ellos, Daniel Aromí (UBA y UdeSA), Martín Tetaz (CEDLAS), Victoria Giarrizzo (UBA), Lucio Castro (Cippec) y Ricardo Pérez Truglia (Harvard), entre otros profesionales.

Cerca de la Economía del comportamiento, creció otro campo temático que, en los últimos años, explotó y ganó peso propio: el de la "Economía de la felicidad". Toma bases de datos de bienestar emocional de décadas y observa sus interacciones con distintas variables económicas. Su pionero fue el economista Richard Easterlin, quien, en 1972, formuló la paradoja que lleva su nombre: a pasar de haber multiplicado su PBI desde la posguerra, la población de los países desarrollados no era^ignificativamente más feliz que antes.

Cuando nadie hablaba de esta rama académica, un argentino, Rafael Di Tella (hijo del ex canciller, Guido, y profesor de la UTDT y de Harvard), se metió de lleno en este terreno y realizó un descubrimiento significativo: que la inflación produce mucho menos daño emocional que el desempleo. Di Tella, también, estimó que, a nivel individual, las personas tardan entre tres y cinco años en volver a su "media" de felicidad, tras un shock importante que la altere (un accidente grave, por el lado negativo; ganar la lotería, por el positivo). En forma más reciente, Pablo Shiaffino, de la UTDT y de la Universidad de Palermo, mide el bienestar emocional de los argentinos. Halló que, en la actualidad, el país está en "mitad de tabla" a nivel global y presenta una particularidad: el bienestar argento decrece con la edad (no se recupera después de los 50, como suele suceder en casi todos los países del mundo, donde la curva de felicidad tiene forma de U). Schiaffino lo asocia al bajo valor real de las jubilaciones en la Argentina.

La respuesta en el Big Data

Muchos datos pueden decir mucho... Pero, también, muy poco.

En el primer semestre lectivo de este año, en los Estados Unidos, Sendhil Mullainathan, economista estrella de Harvard, llegó a dar clase y le contó a sus alumnos que sentía que su iPhone andaba más lento y que intuía que era porque Apple había lanzado un nuevo modelo. Como economista, esta historia le provocaba una contradicción interna: si fuera cierta, conllevaba riesgos legales para la empresa de la manzanita y, además, un competidor podría aprovecharse de la situación, ofreciendo teléfonos que aguanten más tiempo con su velocidad original.

Una alumna de Mullainathan, la economista argentina Laura Trucco, quien hace un doctorado en Harvard, tomó nota del dilema e ideó una estrategia para resolverlo.

Supuso que buena parte de los usuarios, cuando advertían este problema, iban a Internet a consultar cómo resolverlo.

Así, armó una serie de tiempo con las búsquedas en Google de "iPhone + slow (lento)" y se topó con un resultado sorprendente: los picos de este tipo de búsquedas condicen, en forma exacta, con la aparición de nuevos modelos del teléfono en el mercado. Uno podría suponer que se trata de una sensación y no de una lentificación real. Pero, entonces, lo mismo debería pasar con otras marcas. Trueco replicó su idea para el Samsung Galaxy. En este caso, no hubo picos de inquietud.

Según Mullainathan, aun con esta evidencia, no se puede afirmar que la empresa vuelve más lentos sus modelos anteriores a propósito porque podría suceder que la merma en la velocidad fuera un efecto no deseado (pero inevitable) de la optimización del sistema operativo para el nuevo modelo. "Todo este ejercicio encapsula las ventajas y limitaciones del fenómeno Big Data- explicó el economista en una columna publicada en el sitio Up Shot-. Permite encontrar respuestas que, antes, eran mucho más costosas (o imposibles) de conseguir. Pero, a su vez, no hace que desaparezcan algunos obstáculos tradicionales de la estadística, como que correlación no implica causalidad."

Para los más optimistas, la ola disruptiva de esta década tendrá que ver con la explosión de los datos online y con la aparición de sistema de comunicación cognitiva (que aprenden de los contenidos), capaces de categorizar y sacarle jugo a este océano de información. Los entusiastas aseguran que, con esto, cambiará en el corto plazo la forma en la que la gente juega, come o hace consultas médicas. 

Walter Sosa Escudero, autor del libro "Qué es (y qué no es) la estadística" (Siglo XXI, 2014) y quien fue profesor de Trucco en San Andrés, explica: "Claramente, se trata de algo grande (big). Y la pregunta clave es si más es, necesariamente, mejor. Así como con todos los órdenes de la vida, la respuesta es 'depende'. Big Data viene como anillo al dedo cuando el problema es de smalldata (pocos datos). La rápida disponibilidad de información permite adivinar, casi instantáneamente, las preferencias de los consumidores, hacerles sugerencias a partir de los libros que están mirando en un sitio web o aprender, velozmente, si los dichos de un político tuvieron un impacto positivo o negativo en la opinión pública". Y agrega: "Por ejemplo, hasta no hace mucho, la construcción de un índice de precios requería un enorme esfuerzo estadístico en materia de encuestas a supermercados y minoristas. Hoy en día, con un robot computarizado, es posible relevar precios de miles de productos en forma instantánea".

Big Data y precios están en el corazón de otra historia fascinante de la Nueva Economía, que involucra a profesionales jóvenes argentinos. Alberto Cavallo, profesor de la Escuela de Negocios del MIT, hijo del ex ministro, es responsable, junto a su socio, Roberto Rigobón, de PriceStats, una compañía de recolección de datos de precios online que está haciendo furor en el ambiente académico y de las finanzas.

La historia de este emprendimiento virtual comenzó en 2007. Cavallo (h) buscaba un tema al cual dedicar su tesis de doctorado en Harvard y, mientras leía las noticias que llegaban desde la Argentina sobre la intervención del Indec, se le ocurrió la idea de crear un software que se conectara a las páginas de los supermercados online y guardara, cada día, la información de precios que entrara. En 2008, comenzó a publicar estadísticas propias en www.inflacionverdadera.com y a usar esos datos para su tesis. Junto con Rigobón, un carismático economista venezolano, Cavallo lanzó el Billion prices project ("Proyecto de los mil millones de precios") en el MIT, con un objetivo original, puramente, académico.

Pero, en 2010, la iniciativa estalló a nivel de demanda privada. El indicador del MIT empezó a anticipar, de forma consistente, los movimientos del IPC de los Estados Unidos. Y la noticia sobre este nuevo oráculo corrió rápidamente en el ambiente financiero.

Cavallo y Rigobón crearon PriceStats y cerraron un acuerdo con State Street, un banco de los Estados Unidos que ofrece la información a clientes del Reino Unido, Brasil, Alemania y Francia, entre decenas de países. Los primeros interesados fueron fondos de inversión, dispuestos a pagar fortunas por información anticipada, y bancos centrales. PriceStats creció de golpe, en forma vertiginosa. Y no para de contratar economistas.

"La mitad de nuestro equipo está integrado por economistas argentinos", precisa Cavallo. La saga escaló a nivel mediático internacional: PriceStats provee la inflación semanal de la Argentina que toma por válida The Economist, la revista de economía más influyente del mundo.

Los pies en el barro
El fin de la teoría y el avance de los experimentalistas

"Supongamos que hay un abrelatas", dice el chiste sobre el economista que se quedó varado en una isla desierta y que, para comer, sólo tenía alimentos enlatados. Por estos días, la teoría económica está siendo atacada por una artillería más pesada que la de las bromas clásicas de la profesión. Hay académicos de renombre que proclaman, en forma provocativa, "el fin de la teoría" con un dato cuantitativo difícil de refutar: en las revistas especializadas, la cantidad de estudios teóricos cae en picada, mientras que los trabajos empíricos o experimentales, con "datos reales", están en pleno auge. Entre los economistas argentinos, el fenómeno, también, es marcado.

Las balas de tinta contra la teoría económica arrancaron con un artículo muy comentado de Noah Smith, un joven profesor de Finanzas que vive en Long Island y alimenta con muy buenos pósteos su sitio, Noaphinion. Smith apela a un trabajo que releva los tipos de estudios publicados en revistas especializadas entre 1963 y 2011 -centenares de miles- y, allí, se ve que los textos teóricos eran más de la mitad en las primeras décadas y llegaron a un pico del 57,6 por ciento en 1983. En ese mismo año, las investigaciones empíricas, apenas, superaban el 35 por ciento y los papers experimentales no llegaban a 1 por ciento (el resto estaba en la categoría de "Teoría con simulaciones").

A partir de 1987, comienza el tobogán de la teoría económica. Los estudios de este tipo bajan a 32 por ciento del total en 1993 a 28 por ciento, en 2003; y a 19,1,en 2011. Dos años atrás, el segmento estrella fue el de investigaciones empíricas con datos propios (34 por ciento), seguido por el de las empíricas con datos prestados (29,9 por ciento). Los trabajos que describen experimentos ya ocupan 8,2 por ciento del ancho de banda académico, mientras que los teóricos con simulaciones están apenas por encima, con 8,8 por ciento del total. "La teoría está casi muerta", le dijo una vez, entre copas, Tyler Cowen, autor del best-seller "El gran estancamiento", a Smith. "Nada grande ni importante está surgiendo de la teoría en estos días.

"Vayan y agarren estudios de los '70 y se sorprenderán de lo desconectados que estaban de la realidad -sigue Smith- Un montón de trabajos gastaban páginas y páginas para tratar de explicar cuestiones de matemática muy abstracta y cero tiempo en y discutir si el modelo propuesto podía testearse, de alguna, forma contra datos de la vida real".

¿Cuál fue el meteorito que impactó contra el planeta de la teoría económica a mediados de los '80 e hizo extinguir a los viejos dinosaurios? Smith arriesga que tuvieron mucho que ver los trabajos de Daniel Kahneman y de Richard Thaler, quienes, desde la Economía del comportamiento, mostraron que el proceso de decisión no es racional, como suponía la Economía neoclásica. Al igual que los de Vernon Smith (quien reveló que, incluso, mercados muy simples no se comportaban en la forma que muchos economistas habían asumido durante décadas) o de Colin Camerer, quien se puso a escanear cerebros para dilucidar los misterios de la caja negra del proceso de toma de decisiones.

También, influyó la revolución de las computadoras y de Internet, que hicieron que el universo de datos se volviera, de pronto, infinito (y gratuito) para disparar todo tipo de investigaciones empíricas. En su blog de The New York Times, Paul Krugman retomó la discusión y acordó con la tendencia general marcada por Smith. Aunque no le asigna a la Economía del comportamiento un rol tan importante.

¿Qué sucede en la Argentina? A nivel local, la muestra más amplia para sondear en qué andan los economistas (académicos) es la de los trabajos presentados en las jornadas anuales de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP). Hay, efectivamente, cada vez, menos teoría en las investigaciones domésticas. En 1992, hubo un solo trabajo basado en microdatos. es decir, obtenidos sobre la base de encuestas.

Por el contrario, en la reunión del año pasado, el análisis puntilloso de información a nivel individual es el juguete de moda, aplicado a temas de desigualdad, decisiones laborales y patrones de consumo.

El avance de los experimentalistas tiene un biblia: "Econometria casi inofensiva", libro del economista del MIT Joshua Angrist. Angrist proclama que la economía "necesita un shock de credibilidad" y, para eso, debe volver a estrechar su contacto con la realidad.

Salud, educación y pobreza son algunos de los campos donde los economistas empíricos están avanzando con descubrimientos muy relevantes, a trasvés de randotnized triáis (experimentos con asignación aleatoria), que permiten encontrar respuestas precisas sobre la efectividad de determinadas políticas económicas.

Sus cultores ya no se limitan a tomar café en claustros académicos, sino que, literalmente, "se embarran los pies" en zonas de pobreza extrema, afectadas por epidemias o por catástrofes naturales. Son la avanzada de un nuevo ejército que opera en la frontera del conocimiento, juntando fuerzas para emprender su próximo viaje a lo desconocido.

El pionero
Gary Becker y su audacia para ampliar la agenda en los '50.

Hablar de matrimonio, crimen, religión o donación de órganos desde una perspectiva económica puede, en la actualidad, no sorprender a nadie. Pero, cuando Gary Becker incorporó esta agenda a la Economía, ya desde tos '50, su movida era extremadamente audaz. Durante décadas, sus estudios fueron objeto de burla entre sus colegas y sociólogos, psicólogos, médicos y criminólogos lo trataban en forma hostil, como a un invasor que atacaba sus territorios.

Con el Premio Nobel de 1992. llegó el reconocimiento para este profesor de Chicago, quien falleció este año a los 83.

"Por eso. to primero que hay que rescatar del legado de Becker es su creatividad (una cualidad que no abunda en el gremio de los economistas) y el hecho de que fue un verdadero pionero para cruzar fronteras que nunca antes se habían atravesado", cuenta Mariano Tommasi, profesor de la Universidad de San Andrés.

Tommasi hizo su doctorado en Chicago y Becker integró su comité de Tesis.

Según Ernesto Schergrodsky, rector de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), Becker fue "uno de los mejores economistas de la Historia, iniciador del imperialismo por el cual la Economía exportó su análisis de incentivos (y abriendo la puerta, también, para su instrumental econométrico) a distintas áreas del comportamiento humano, como el delito, el matrimonio, las faltas de tránsito, la discriminación y el trasplante de órganos, entre otros".

En los últimos años, el economista argentino que estuvo más cerca de Becker fue Iván Werning, quien lo recordó así en un texto que publicó en el blog Foco Económico: "Su tesis doctoral en Chicago, aprobada en 1955 y publicada como libro en 1957. analizó la discriminación racial y fue escrita en medio de un creciente movimiento de derechos civiles que tendría su apogeo entre fines de los años '50 y mediados de tos '60. Luego, en plena época de 'Mad men' y la segunda ola del movimiento feminista, se volcó al estudio del capital humano y. más tarde, a la Economía de la familia, con implicancias, entre otras cosas, para las decisiones de carrera y fertilidad de las mujeres. A la par de 'La naranja mecánica' y en el medio de una ola de crimen en los Estados Unidos, nos dio una nueva forma de pensar, mucho más optimista, sobre crimen y criminales: no es una enfermedad incurable".

Al hablar de "los nuevos economistas" en la Argentina, Werning es otra referencia ineludible. En julio, el FMI anunció que el profesional, de 40 años, formaba parte de la lista de los 25 académicos menores de 45 años más brillantes del mundo. En esa misma lista, aparece el francés Thomás Pratty. qui se hizo famoso dentro y fuera de la Academia por su besfseller "El capital en el siglo XXI" al que muchos consideran el ensayo económico más influyente de la última década.

No es la primera vez que Werning aparece en este tipo de listas. En 2008. The Economist incluyó entre los ocho economistas más influyentes de mundo. En ambas selecciones su nombre surgió tras consultas a colegas y académicos de todo el planeta.

La agenda fosforescente

Hace rato que la Economía dejó de ser la "Ciencia sombría" o "maldita". Al contrario, durante la última década, proliferaron los académicos que centraron sus investigaciones en temas de fuerte luminosidad.

A fines del siglo XVIII, el reverendo Robert Thomas Malthus hizo su célebre predicción pesimista: dado que la tasa de crecimiento de la población excedía, según sus cálculos y para esa época, a la de aumento de la producción de alimentos, no cabía otra alternativa que esperar un futuro negro, con hambrunas que diezmarían a la Humanidad. En 1839, el historiador Victoriano Thomas Carlyle se hizo eco de este contexto depresivo y bautizó a la Economía con su famoso "alias" de "Dismal science": "Ciencia sombría", o "Ciencia maldita".

Ciento setenta y cinco años después, es posible discutir ad infinitum si el adjetivo "sombrío" está bien ganado o no (aunque, si uno se guía por los últimos acontecimientos en la economía global y local, podría tender a pensar que sí). A nivel temático, en la última década, queda, al menos, un consuelo: la agenda de discusión de los economistas no sólo ganó luminosidad, sino que, en algunos casos, se volvió fosforescente o encandilante.

Hay desde estudios que miden el PBI de los países a partir de fotos satelitales hasta regresiones entre el tamaño de las economías y el promedio del largo del miembro sexual masculino, pasando por investigaciones de Teoría de los Juegos sobre la etiqueta a la hora de levantar la tapa del inodoro. O estudios que indagan sobre el verdadero valor monetario del idioma castellano. He aquí algunas de las líneas más llamativas.

Que sea Rock.
Por qué, en períodos de crecimiento o recesión, la canción no es la misma.

Los empleados del juzgado de Norberto Oyarbide le pusieron un nombre insuperable a su equipo de fútbol: "Simpatía por el de moño", en alusión a la prenda favorita del magistrado. "Simpatía por el Demonio", el tema ¡cónico de los Rolling Stones, fue usado como referencia por Thomas Collimore, un miembro de Chartered Financial Analysts (CFA, un master en Finanzas prestigioso en los Estados Unidos), a la hora de elaborar un top-10 de recomendaciones financieras basadas en clásicos del rock & roll de las décadas del '60 y del '70. La estrofa de esa canción "Pero lo que te confunde es la naturaleza de mi juego" fue tomada por Collimore para hablar de la reciente crisis de las hipotecas subprime, que dejó al descubierto una cantidad de fraudes perpetrados contra pequeños y medianos ahorristas.

El trabajo del CFA también, alude a "Escalera al cielo" (Led Zeppelin, 1970): "Hay una dama que asegura que es oro todo lo que reluce y está comprando una escalera al cielo", lírica que aludiría a "Ojo con los instrumentos financieros que no entiendes"); a My generation" (The Who, 1965; "Espero morir antes de llegar a viejo, hablando de mi generación", o sea, "Es probable que vivas más de lo que piensas y tienes que ahorrar en función de ese horizonte"); y a "Dream now" (Aerosmith, 1973; "Todos tienen que pagar sus deudas en la vida", es decir, "Mira con mucha atención los gastos y comisiones que te cobran los asesores financieros").

Una relación que no está del todo desarrollada es la de los músicos y los economistas. Según el libro de Juan Carlos de Pablo "En qué anduvieron y en qué andan los economistas", que da cuenta de 1000 biografías de profesionales de la Ciencia sombría, sólo hay 21 que "encima, son músicos". Entre ellos, algunos conocidos, como Orris Herfindahl (creador del índice de concentración económica Herfindahl- Hirschman y aficionado al clarinete), Wyne Godley (un poskeynesiano duro y virtuoso del oboe), Tjalling Koopmans (Nobel, especialista en optimización, violín y piano) y Jacob Mincer (economista laboral y violinista).

Con menos recorrido académico aparece Mick Jagger, de los Rolling Stones, quien estudió en 1961 en la London School of Economics, becado por sus buenas notas en la secundaria. El ex jefe de la Fed Alan Greenspan es un apasionado del clarinete y solía tocar con el saxofonista Stan Gets. A nivel local, Roberto Frenkel es un buen bajista (su hijo Diego es músico y ex integrante de La Portuaria). Elias Salama tocaba el piano. Y Yayo Guridi, el cómico cordobés, canta cuarteto y es economista recibido.

En 2012, Nicolás Gadano, ex secretario de Presupuesto, ex economista Jefe de YPF y funcionario del Banco Ciudad, editó un disco de canciones románticas mexicanas junto a su mujer, Gabriela Portantiero. Gadano escribió todas las letras e hizo los arreglos de guitarra. Ricardo Delgado, consultor y actual asesor económico de Sergio Massa, tiene su grupo de rock, la misma afición del vicepresidente y, también, economista, Amado Boudou. Y el economista Jefe del Grupo Clarín, Gustavo Janse, fue bajista del legendario grupo de ska Los Intocables, cuyo tema "Don José" puede verse en YouTube, en una presentación del programa sabatino "Badía y compañía".

Hablando del sitio de videos, en YouTube, también, pueden encontrarse videos con temática de Economía. Por caso, ex alumnos de Columbia escribieron la versión de "Every breath you take", de The Police, cuando Ben Bernanke asumió en la Reserva Federal. Parte de la letra: "Every breath you take / every change of rate / Jobs you don't create / while we still stangflate / I'll be watching you" ("Cada vez que respiras / cada cambio de tasa de interés / trabajos que no creas / cuando aún estamos en estanflación / te estaré observando").

Otro hit: un rap de Keynes y Hayek arranca con los dos popes de la economía cantando, al ritmo del hip hop: "Estuvimos yendo y viniendo por un siglo / hay un ciclo de boom y caída en los mercados / y buenas razones para temerles / ¡Culpen a las tasas de interés! (Hayek)/ ¡No! ¡Culpen a los animal spiritsl (Keynes)".

Pero, tal vez, el tema más exitoso de todos sea el blues de Paul Krugman, que compuso el legendario Loudon Wainwright III: "Leí el New York Times / de ahí, saco mis noticias / Paul Krugman está en la portada / de ahí, saco este blues". Wainwright es el padre de los también músicos Rufus y Martha, y se hizo conocido para el público masivo cuando interpretó al capitán Calvin Spaldingen la serie "Mash".

El tamaño sí importa. Todo lo que quiso saber sobre Economía y sexo y no se atrevió a preguntar.

El paper comenzó a circular a mediados de 2011 entre los economistas académicos y se diseminó como reguero de pólvora. Lo último y más estrafalario sobre "Economía del sexo" fue publicado en la Universidad de Helsinki, en Finlandia: "Male organ and economicgrowh: does size matter?" ("El órgano masculino y el crecimiento económico: ¿importa el tamaño?) es el título del trabajo en cuestión.

Tatu Westling, su autor, encontró una relación entre ambas variables relevadas, en forma de U: el tamaño de miembro erecto promedio que maximiza el crecimiento es de 13,5 centímetros.

En una muestra de 121 países, la Argentina está, levemente, por encima de esa medida, con 14,88 cm. Hay que aceptarlo: por debajo de Brasil (16,1), de Colombia (17) y de Ecuador (17,77).

¿La causalidad? Westling remarca la relación con la "autoestima" en este paper que llega de Finlandia, el mismo país del que es originario el sitio JokEc, el espacio humorístico sobre economistas más conocido de Internet.

Dicho sea de paso, en JoKec, abundan los chistes y anécdotas sobre los economistas y el sexo. Por ejemplo, ahí figura la anécdota que cuenta que las prostitutas de Boston aprovechan la semana de la convención anual de economistas para tomarse vacaciones porque la actividad cae en picada.

Yendo a los clásicos, la vida sexual de los grandes exponentes de esta disciplina, siempre, quedó en un segundo plano, salvo algunas excepciones famosas, como la bisexualidad de John Maynard Keynes. El actual profesor de la Universidad de Warwick, Lord Robert Skidelsky cuenta, en la biografía más exhaustiva que se haya escrito hasta ahora sobre el padre de la macroeconomía moderna ("John Maynard Keynes: economista philosopher, statesman 2004, Pan Macmillan) que, en Cambridge, encontró su primer amor: un joven llamado Duncan Grant. Después de unos años, conoció a una bailarina rusa, quien, luego, sería su esposa para siempre. Duncan Grant y Lidia Lopokova, cuenta Skidelsky, fueron los dos grandes amores de su vida.

Milton Friedman y su esposa, Rose (en "Two lucky people- memoirs"'), añaden el dato sobre la homosexualidad de otro grande del momento, Arthur Pigou, catedrático de Cambridge, de 1908 a 1943, sobre quien Keynes concentró toda su artillería contra la Economía clásica.

Legendarias en su época fueron las habilidades amatorias del austro-estadounidense Joseph Schumpeter, experto en ciclos económicos, "loco por las mujeres", según sus biógrafos.

En los últimos 10 años, los economistas se excitaron (de manera académica) con papers sexuales de lo más variados, como el referido de la Universidad de Helsinki. Hay desde un trabajo que correlaciona al tipo de conejitas de PlayBoy con el ciclo económico (Terry Pettyjohn descubrió que, en épocas de boom, se demanda jóvenes con curvas y, en cambio, en la depresión, las playmates son más maduras y con menos curvas; los lectores buscan una figura maternal en la que refugiarse) hasta un estudio que midió el efecto del tamaño del busto en ciertas decisiones masculinas. En "Bust size and hithhicking: a field study" ("Tamaño de busto y autostop: un estudio de campo), el francés Nicolás Guéguen convocó a una voluntaria a hacer dedo en la ruta y comprobó que, cuando se aumentaba un talle su corpiño (con relleno), la cantidad de conductores hombres que frenaban y se ofrecían a llevarla aumentaba un 15 por ciento.

Hay economistas que dedican su tiempo a estudiar la inflación, el desempleo y las variables monetarias. Jefrrey DeSimone profesor de Economía de la Universidad de Texas, en Tatu Westling Arlington, la pasa bastante indagó cuan largo mejor: puso el foco en el sexo entre jóvenes, sus fies- tas y la ingesta de alcohol. DeSimone publicó sus conclusiones en Vox, un sitio de Economía académica muy prestigioso, donde postean habitualmente desde Olivier Blanchard hasta los argentinos Daniel Heymann y Guillermo Rozenwurcel.


¿Qué encontró? Que los jóvenes que consumen más alcohol (más de cinco vasos de cerveza en una sola salida) tienen un 30 por ciento más de probabilidades de tener sexo que quienes no lo hacen. No se debe a que resultan más atractivos, sino a que bajan su umbral de exigencia: tienen relaciones con parejas con las que no intimarían estando sobrios. Como dijo una vez Woody Allen: "Yo me perdí la revolución sexual por dos meses".

Marte ataca
El Comercio Interestelar de Krugman y la balanza deficitaria del planeta rojo.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, un pequeño grupo de economistas tomó elementos clásicos de la Ciencia Ficción para avanzar con estudios académicos.

Usaron ecuaciones econométricas con variables tales como la velocidad de la luz, los viajes en el tiempo y el comercio intergaláctico. Entre los lunáticos que invirtieron su tiempo terrestre en este tipo de disquisiciones, estuvo Paul Krugman, luego, ganador del premio Nobel y figura estelar del campo económico.

En 1978, Krugman era un ignoto asistente de cátedra en Yale. Pero ya empezaba a hacer ruido con sus papers sobre Comercio Internacional. "La Teoría del Comercio Interestelar" es el título de un breve trabajo que publicó en julio de ese año, en el que se preguntaba, entre otras cuestiones, cómo deberían computarse las tasas de inte- res a bienes en tránsito que viajan a una velocidad cercana a la de la luz. "Una solución se deriva de la Teoría Económica, y dos teoremas inútiles pero verdaderos son probados", contaba el académico, en el resumen del trabajo.

El Nobel es un fanático de la Ciencia Ficción y suele aceptar, gustoso, invitaciones a hablar en convenciones sobre este tema, donde muchos asistentes van caracterizados como extraterrestres. El intelectual favorito del Partido Demócrata contó, inclusive, que se volcó a estudiar economía luego de leer la saga de "La Fundación", de Isaac Asimov, donde una presunta ciencia aplicada, la "Psicohistoria", se utiliza para moderar y reducir un período de caos.

En su trabajo sobre el comercio interestelar, aparecen ecuaciones referidas a bienes del planeta Trantor, capital del imperio intergaláctico creado por Asimov. "El estudio va derecho al problema del comercio en distancias estelares y deja de lado aquellas cuestiones que atañen al comercio en el sistema solar", agrega Krugman, en un guiño a "¿Hay comercio con otros planetas?", un trabajo del mismo año, 1978, publicado por el entonces economista del FMI y profesor de la Universidad de Michigan, Jeffrey Frankel.

Frankel partía de un dato que se verifica en la realidad: cuando se suman los resultados comerciales de todos los países del planeta, el neto, que debería ser cero - lo que importa una nación es lo que exporta otra- tiende a ser negativo. Lo que parece un rojo comercial con Marte se explica por varios problemas que aquejan a las estadísticas: las dificultades para contabilizar el comercio de servicios, el contrabando, la subdeclaración de exportaciones y sobredeclaración de exportaciones en países con tipo de cambio regulado, entre otros issues. "El balance del comercio global nunca es cero y, casi todos los años, es negativo", explicaba Frankel.

Indiana Jones y los cazadores de las arcas perdidas
De los cuatro defaults de Felipe II a la quema de brujas en Europa.

Al menos, tienen una prenda en común: el arqueólogo y aventurero Indiana Jones y los economistas académicos suelen usar, ambos, pantalones color caqui. En los últimos años, hay otro elemento compartido: algunos estudiosos de la ciencia de Adam Smith y Keynes están apelando a indicios y pruebas de otros siglos para sacar conclusiones económicas.

Es el caso del argentino Mauricio Drelichman, un economista que se especializó en la España de fines del siglo XVI.

Drelichman estudió los cuatro defaults de Felipe II, que ocurrieron en 1557, 1560, 1575 y 1596. Allí, no se cumplió la máxima moderna: "La gestión que defoltea no es la misma que soluciona la situación". ¿Cómo es posible que los acreedores continuaran prestándole? "La Corona tenía, por entonces, dos principales fuentes de ingresos: las guerras y la llegada de metales desde América", explica Drelichman. "Quienes prestaban dinero conocían esta contingencia y sabían que una mala racha no necesariamente indicaba que no había voluntad de pago. De hecho, en el largo plazo, las familias inversoras tuvieron retornos positivos", cuenta.

Drelichman estudió Economía en San Andrés y, en la actualidad, da clases en British Columbia (Canadá) y en Pompeu Fabra (Barcelona).

Su investigación lo llevó a recorrer archivos oscuros y olvidados de la Península Ibérica. Por ejemplo, para reconstruir una serie larga de precios para ricos de esa época, encontró un inventario del valor de los alimentos que le daban a Juana de Castilla ("La Loca"), abuela de Felipe II, durante su cautiverio de más de 45 años en la casona-palacio-cárcel de Tordesillas. Pudo armar la canasta de los pobres en base a los registros de los "hospitales", que dependían de la Iglesia y albergaban a los desamparados. Drelichman contó que se sorprende todo el tiempo con lo que descubre.

Por ejemplo, los banqueros del Rey tenían muy en claro la noción de "valor presente", un concepto teórico que, formalmente, todavía no se había creado. Además de viejos escritos, hay economistas que apelan a fuentes mucho más estrambóticas para rechazar o validar hipótesis sobre hechos ocurridos en siglos pasados.

Emiliy Oster, economista y profesora de la Universidad de Chicago, descubrió una respuesta sorprendente para uno de los enigmas más oscuros de la historia de la Edad Media y del Renacimiento: por qué se intensificó la quema de acusados por "brujería" en determinadas épocas y lugares de Europa y América.

Entre los siglos XIII y XIX, un millón de europeos murieron en la hoguera. Pero hubo dos períodos (la década de 1560 y el lapso que va de 1680 a 1720) en los que el ritmo de ejecuciones creció en proporciones cruentas.

Las víctimas fueron, mayormente, mujeres pobres. Los procesos se dispersaron por toda Europa. Pero comenzaron y terminaron antes en el Sur y se dieron más tardíamente en el Norte. La tendencia, inclusive, cruzó el Atlántico, hasta Salem, Massachussets.

"Desde la Historia, se habían ofrecido varias hipótesis, como la búsqueda de fronteras morales más estrictas por parte de la Iglesia Católica o epidemias de sífilis que provocaban enfermedades mentales en personas que, por esto, eran acusadas de brujería", explica Oster. "Pero ninguna de ellas alcanzaba a explicar el fenómeno en toda su magnitud".

La académica recurrió a datos de una disciplina relativamente reciente, que revoluciona el trabajo de los historiadores: los estudios "paleoclimáticos", que, con técnicas de análisis de barras de hielo y otras pistas, son capaces de determinar la temperatura en siglos pasados, con un altísimo grado de precisión. Oster se centró en un período que los paleoclimatólogos bautizaron como "Pequeña Era de Hielo", que se solapa a la perfección con el de la aceleración de la matanza de supuestas brujas.

Todavía, se discute qué fue lo que causó este movimiento climático. Pero lo cierto es que, en la Europa de esos años, la temperatura descendió un grado centígrado, lo suficiente como para dejar a Islandia completamente rodeada de hielo o para congelar el río Támesis y los canales holandeses, algo inusual en años anteriores.

La menor temperatura hizo que se perdieran cosechas. Y los mares más fríos disuadieron a los bacalaos y otros peces de migrar hacia el Norte, con lo cual, las poblaciones de esa zona perdieron su principal fuente de alimentación.

Las hambrunas resultantes llevaron a buscar un chivo expiatorio: las brujas, a quienes se les adjudicaba, entre otros poderes, la capacidad de causar tempestades.

La etiqueta del inodoro

De la Teoría de los Juegos a la Toilettenomics y las lecciones de Seinfeld.

La próxima vez que alguien reciba un reto por dejar la tapa del inodoro levantada, será mejor que tenga un pizarrón a mano. Tranquilizará a su pareja (o a quien lo esté insultando), le dirá que preste atención y comenzará a escribir ecuaciones. Le hablará de la Teoría de los Juegos y concluirá, sin dejar lugar para dudas, que "la norma social de dejar la tapa del inodoro baja es ineficiente desde el punto de vista del gasto de energía en los hogares".

El problema de la tapa del inodoro no sólo tuvo una formulación matemática original en noviembre de 2002 (la hizo el economista Jai Pil Choi, de la Universidad de Michigan), sino que, luego, acumuló estudios que ampliaron las conclusiones. Cuatro años después del trabajo de Choi, el economista Hammad Siddiqi propuso un esquema de "juego no cooperativo", que internaliza el costo de "recibir gritos de parte de la pareja cuando se deja la tapa del inodoro levantada".

Todos estas investigaciones se basan en la Teoría de los Juegos, el esquema teórico que popularizó la película ganadora del Osear "Una mente brillante", basada en la vida del economista John Nash (merecedor del premio Nobel de Economía en 1994). El asunto de la etiqueta de la tapa del inodoro no es el primero que se discute dentro de una rama que podría bautizarse "Toilet-nomics".

Richard Thaler, el pope de la Economía del comportamiento, quien asesora a Barack Obama y al premier británico, David Cameron, entre otros gobernantes, citó, en su libro "Nudge", la iniciativa propuesta por un joven economista que trabaja en el aeropuerto de Schipol, en Amsterdam, por la cual se colocaron stickers de "moscas" en los mingitorios de los baños de hombres. Una atracción instintiva de "dar en el blanco" de los viajantes varones hizo que los derrames de orina en el piso disminuyeran hasta un 80 por ciento.

La serie de papers sobre tapas de inodoros apareció en la sección "Misceláneas" del Economic Enquiry, un journal que tiene toda una tradición en darle espacio a estudios económicos no convencionales. El editor de las misceláneas es Yoram Bauman, autodefinido como "el primer y único economista de stand-up". La sección tiene aportes de estrellas económicas e, inclusive, de premios Nobel. James Heckman escribió allí "El efecto de los rezos en la actitud de Dios hacia la Humanidad". Avinash Dixit, otro economista de prestigio, profesor de Princeton nacido en Bombay, India, y con títulos de grado en Matemática y Física, propuso un "Problema de valor de opciones para 'Seinfeld'", cuyo resumen anticipa "Este paperes sobre la nada", en homenaje a la frase de cabecera de la comedia de TV más exitosa de todos los tiempos.

Y, hablando de "Seinfeld", hay que decir que esta sitcom se convirtió en una fuente insospechada para la enseñanza de Economía. Las escenas clásicas del show son utilizadas por los profesores de Economía para ilustrar conceptos básicos, como "costo de oportunidad", "fallas de información" o "arbitraje". El sitio yadayadayadaecon.com propone unas 100 "bolillas" para unas eventuales materias "Seinfeld I", "II" y "III". ¿Algunas de las más divertidas?

"The baby shower": en este capítulo, Jerry hace un análisis de costo-beneficio sobre la posibilidad de "colgarse del cable". El dilema está calcado de los esquema imaginados por el Nobel Gary Becker a principios de los '70 , cuando creó la "Economía del crimen". Al final, el protagonista de la serie decide entrar en la ilegalidad, cuando se entera de que, allí, transmitirán un juego de los Mets.

"The calzone": George Constanza compra un calzone en el mostrador y, cuando va a dejar US$ 1 de propina, el vendedor se da vuelta. Constanza se lamenta porque no obtiene el crédito de agradecimiento. Un caso de altruismo imperfecto, útil en la Economía del comportamiento, que toma enseñanzas de la Psicología.

"The Chinese restaurant"-, este capítulo, media hora en la que los cuatro amigos esperan a que les asignen mesa, es un festival de conceptos económicos. Desde los "costos de oportunidad" (Jerry discute cuánto está dispuesto a pagar para sentarse antes) hasta la "eficiencia": Elaine insiste en que los turnos no deberían asignarse por orden de llegada, sino priorizando a los comensales que tienen más hambre.

"The chicken roaster": Kramer sufre una "externalidad negativa". Un nuevo local de pollo rostizado coloca un cartel de neón rojo justo frente a su ventana y no lo deja dormir. A cambio, negocia que le den pollo gratis.

"The soup nazi": la sopa más deliciosa de Nueva York-la prepara un cocinero malhumorado, que maltrata a sus clientes. Cuando se niega a venderle a Elaine, ella piensa en alternativas para romper el monopolio de la sopa rica.

Así están las cosas: si parecía que los economistas habían metido sus narices en muchos lados, su incursión en las sitcoms más exitosas da la razón al respecto. Y esto, parece, recién empieza.


 


Big Data -explicó el economista, Jkwkm en una columna publicada en el sitio Up Shot-. Permite encontrar respuestas que, antes, eran mucho más costosas (o imposibles) de conseguir. Pero, a su vez, no hace que desaparezcan algunos obstáculos tradicionales de la estadística, como que correlación no implica causalidad".

Para los más optimistas, la ola disruptiva de esta década tendrá que ver con la explosión de datos online y con la aparición de sistemas de computación cognitiva (que aprenden de los contenidos), capaces de categorizar y sacarle jugo a este océano de información. Los entusiastas aseguran que, con esto, cambiará en el corto plazo la forma en la que la gente juega, come o hace consultas médicas.