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Marcela Lomba: "Respiramos un aire de pluralismo y de apertura a nuevas ideas"

La directora del MBA de San Andrés, destacó en una entrevista con La Nación la diversidad de los profesores y sus enfoques, y valoró una cultura comprometida con el país.

Diversidad. De estilos, de enfoques, de profesores. En un mundo donde los executive MBA se convirtieron en programas commodities, la Universidad de San Andrés -que en los próximos meses estará lanzando formalmente su escuela de negocios- apuesta a esa cualidad para marcar la diferencia.

Se trata de un MBA joven -nacido en 2004-, pero montado en la estructura tradicional de la cultura escocesa de enseñanza ("rigor intelectual y académico", cuentan), que pisó el país con el colegio San Andrés hace ya 175 años.

"Respiramos un aire de pluralismo y de apertura a nuevas ideas", afirma Marcela Lomba, directora del MBA de esa casa de estudios.

-¿Cuáles son las principales características del MBA?

-Es una maestría en dirección de empresas, aunque en realidad es más amplia e incluye otras organizaciones. No nos enfocamos sólo en los negocios sino también en lo público y en el tercer sector. Dura 15 meses pero estructurados en dos años. Está orientado a un público que tiene 31 o 32 años en promedio y unos 10 años de experiencia laboral, que busca desarrollar habilidades genéricas y directivas. Es un programa generalista por definición, un executive part time. Dentro de los MBA es uno de los que tienen mayor proporción de mujeres, un 35% de los que egresan. Después hay un tercio que vienen de ingeniería, sistema y exactas, otro tercio de económicas y el restante, de humanidades y ciencias sociales.

-¿Cómo es la modalidad?

-Se cursa desde de abril los lunes y miércoles a la noche o el viernes a la tarde y a la noche, en el centro. En las dos opciones también se cursa los sábados a la mañana en el campus de Victoria. Además tenemos el modular, que se cursa jueves, viernes y sábado, cada tres semanas, y que tiene cuatro semanas intensivas. Dependiendo del dólar, tenemos alumnos extranjeros, principalmente de Venezuela, Ecuador y Colombia. En el verano vienen alumnos de nuestras universidades partner que cursan un concentrado y nos permiten generar vacantes de intercambio. El alumno se puede ir tres meses a cursar el último trimestre afuera en importantes universidades del exterior.

-¿Qué diferencia ofrece San Andrés? ¿Por qué no elegir otro programa ejecutivo?

-En San Andrés respiramos un aire de pluralismo y de apertura a nuevas ideas. Tiene un sabor que tiene que ver con las humanidades, con las ciencias sociales y con el rigor intelectual académico. El colegio San Andrés tiene 175 años de historia, aunque la universidad es nueva, de 1987. Es nueva, moderna y pequeña, pero montada sobre una tradición que ninguna otra institución educativa privada en la Argentina tiene. Se cuida mucho el rigor intelectual y la cuestión académica. La otra cualidad tiene que ver con la flexibilidad curricular. Se cursa en el primer año una serie de materias generales y en el segundo, orientaciones, pero sin ser especializaciones. El programa se hace en un momento de la vida en el que se atraviesa la primera crisis y está bueno poder chusmear qué pasa en otros lados o cómo sería trabajar en un área diferente de la que uno eligió. Lo que hay que entender es que estos programas son hoy commodities. Son un producto maduro en el mercado. El diferencial pasa también por entender qué pasa en el mundo externo. No ofrecemos las cosas sólo desde nuestro punto de vista sino también desde lo que el mercado necesita. Tenemos un cuerpo de profesores, con estilos y enfoques muy variados. Nuestra forma está más por el estilo que por el contenido: ése es el espíritu que se respira en San Andrés. Además buscamos e incentivamos la innovación del emprendedor y ofrecemos vinculación con la realidad local y regional.

-En las escuelas de negocios se debaten entre lo teórico y el caso, ¿dónde están ustedes?

-San Andrés busca métodos centrados en el participante. El método del caso puro produce una falta de apoyo. Es muy inductivo y está bueno porque aprendés sin darte cuenta. Pero sin el soporte de lo teórico, te deja sin apoyo. Nosotros vamos a un intermedio. Mucho método del caso, mucha bibliografía y con ese mix, muchos talleres, juegos de rol y ejecicios. Se trata de que el aprendizaje sea vivencial.

-¿Cuáles son las tres habilidades que debe llevarse un participante de este MBA?

-Son claramente habilidades blandas. Sin duda. Porque las teóricas son herramientas que siempre se va a tener. Todo lo demás es el terremoto que pasa por la cabeza cuando se hace el MBA. La gente sale más segura y se hace nuevas preguntas. Se aprende un montón de cosas que ni pensaba que existían. Es complejo, un proceso transformador no sólo en lo profesional sino también en lo personal.

-Pero, ¿sobre qué habilidades blandas se trabaja específicamente en el programa?

-Nos focalizamos en comunicación, negociación, creatividad, design thinking, liderazgo, mucho autoconocimiento y trabajo en equipo, entre otras. El eje que va hilvanando todo es el desarrollo profesional. Mientras se cursa, en el ínterin, una van pasando cosas inimaginables. Se dan mucho los casos en lo que se ingresa muy convencido de que la carrera que se eligió es súper corporativa, en busca del ser el próximo CEO, y se sale enamorado de una idea o buscando ser un emprendedor.

-¿Es una ventaja o una desventaja que sea un MBA joven?

-Éste es un programa commoditizado en un mundo en que existen fuerzas que obligan a todos los MBA a converger, como los rankings. No tenemos el peso de la historia, aunque ya tenemos diez años. Para nosotros los diferenciales son claves. Una de las cuestiones importantes es el compromiso con la Argentina. Las escuelas de negocios, para ser relevantes, tienen que ayudar al país pensando en una Argentina a futuro. En San Andrés pensamos que tenemos mucho por hacer para conducir al país a un estadio distinto del que hoy vivimos. Hay que mirar hacia la Argentina 2020. El otro punto fuerte es el tema de los valores. Acá hay un replanteo importante. Hay que redefinir el concepto de éxito. Son cuestiones que queremos tener en cuenta a la hora de aportar, no en estos cinco años, sino a los próximos 50.