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Silvia Ramírez Gelbes: El Gobierno de la retracción permanente

"No es que sea malo retractarse: suele ser una muestra de humildad y de hidalguía. Aun así, cuando se vuelve recurrente, provoca la impresión de provenir de alguien que no piensa demasiado antes de hablar; o que cambia de opinión con más frecuencia de la que debiera. O que está probando", afirma la directora de la Maestría en Periodismo de San Andrés. La versión original de la nota puede encontrarse aquí: http://www.clarin.com/cartas_al_pais/Gobierno-retractacion-permanente_0_1087691269.html

La pragmática es el área de la lingüística que se ocupa de la lengua en uso, es decir de qué cosas se hacen con el lenguaje.

Una de las cuestiones que más han desvelado a la pragmática es la interpretación correcta de lo que se dice.

Y, en ese desvelo, la pragmática ha colaborado para entender que lo dicho puede ser dicho de modo que después no pueda ser desdicho, o puede ser dicho de modo que después se niegue.

No es extraño que quien habla se corrija a sí mismo. Todo hablante tiene derecho a errar, porque, como dice el refrán, “el que tiene boca, se equivoca”. Pero ¿cómo entender los yerros repetidos de sujetos con altísimas responsabilidades? ¿Cómo interpretar los dichos y los “desdichos” de quienes tienen en sus manos los destinos de un país?

Desde la intervención del INDEC por parte del expresidente Néstor Kirchner, los argentinos nos hemos acostumbrado a que el Gobierno nos relate una realidad que nuestros ojos contradicen. Como si eso no fuera bastante, tras los cambios que se produjeron al retorno de nuestra Presidenta después de su convalecencia por la cirugía del hematoma subdural crónico, hemos tenido que habituarnos a otro rasgo del discurso gubernamental: la retractación.

No es que sea malo retractarse: suele ser una muestra de humildad y de hidalguía. Aun así, cuando se vuelve recurrente, provoca la impresión de provenir de alguien que no piensa demasiado antes de hablar; o que cambia de opinión con más frecuencia de la que debiera. O que está probando.

Ninguna de las tres opciones resulta satisfactoria para un jefe de Gabinete. Jorge Capitanich admitió que hablar de “cortes programados” era una “expresión incorrecta”, reconoció que era inexacto lo que había dicho sobre el cálculo del pago de Bienes Personales y hasta reivindicó el “atesoramiento” de dinero que poco antes había tachado de especulativo.

Y qué decir de las amenazas.

Porque se puede amenazar poniendo un arma sobre la mesa y también diciendo que se van a publicar las listas de quienes compren dólares legales autorizados por el propio Gobierno. Y todos interpretamos eso como una amenaza, aunque después sea rectificado.

No es cuestión de cargar las tintas sobre el jefe de Gabinete. En todo caso, él es la voz cotidiana de un gobierno que ha tenido muchos aciertos pero que últimamente viene sumando desaciertos.

Con treinta años de gimnasia democrática encima, y aunque sea cierto que el entrenamiento no ha sido suficiente aún, la mayoría de los argentinos no queremos más ni elecciones adelantadas ni helicópteros. Queremos volver a votar, pero recién en octubre de 2015.