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María Florencia Carbone

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Roberto Bouzas: "Resultamos muy poco atractivos como socios"

"El problema fundamental es la tradición de conflicto e inestabilidad que tiene la sociedad argentina. Eso por definición te pone en una trayectoria cíclica", sostuvo el director de la Maestría de Política y Economía Internacionales de San Andrés. La versión original de la nota puede encontrarse aquí: http://www.lanacion.com.ar/1666986-roberto-bouzas-resultamos-muy-poco-atractivos-como-socios

Hace algunos años, un estudio reveló que por la relación entre la cantidad de habitantes y profesionales, la Argentina era uno de los países con mayor cantidad de psicólogos en el mundo. Sin embargo, esa abundancia de analistas parece no haber alcanzado para modificar la principal característica de nuestra sociedad: la ciclotimia.

"El problema fundamental es la tradición de conflicto e inestabilidad que tiene la sociedad argentina. Eso por definición te pone en una trayectoria cíclica. Pasás de ser el alumno modelo a ser el peor de la clase; de ser la economía con enormes perspectivas de crecimiento a ser un ejemplo de estancamiento. Eso me parece que es un problema doméstico más fundamental que cómo te vendés. Es imposible venderte bien cuando tenés semejante nivel de volatilidad", dice Roberto Bouzas.

No es sociólogo, mucho menos psicólogo. Bouzas es licenciado en Economía, y actualmente es el director académico de la Maestría en Relaciones y Negociaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés. Imbuido de una mirada multidisciplinaria -uno de los conceptos centrales que busca transmitir la maestría-, analiza la realidad local y regional.


¿Cuánto de real y cuánto de un excelente marketing [incluida la sigla del BRIC] hay en el caso Brasil?

Sin dudas entró en un grupo que estuvo bajo las luces durante mucho tiempo y lo estará. Es cierto que su potencial es enorme, pero también que, desde el punto de vista de la economía, Brasil no ha tenido un desempeño extraordinario en los últimos 20 años, más bien al contrario, una tasa de inversión baja y serios problemas de infraestructura. Desde el punto de vista de hacer negocios, si conseguís transmitir la idea de que esa cartera tiene potencial habrá gente que se embarcará. Creo que es lo que pasó.

Salvando las diferencias de tamaño, ¿por qué la Argentina con potencialidades similares no supo venderse de la misma forma?

Una cosa es venderte y otra que te compren sola. No es que nuestra clase dirigente no tenga capacidad de venta. Durante la década del 90, la Argentina se vendió bien y durante muchos años fue modelo -no sé bien de qué, pero lo fue-.Dejá que tome un poco de vuelo Vaca Muerta y volveremos a estar en el radar de los inversionistas extranjeros. El problema fundamental es la tradición de conflicto e inestabilidad que tiene la sociedad argentina. Eso por definición te pone en una trayectoria cíclica.

¿Cómo se revierte eso?

[Sonríe] Si pudiera responder... Hay una historia, una tradición, una cultura política que influye sobre la manera en cómo los actores ven el mundo que los rodea. Si tenés una mirada esencialmente conflictiva sobre el mundo que te rodea, el resultado de lo que hagas muy probablemente será más conflicto y ahí me parece que el contraste con Brasil es muy grande. Ellos consiguen en general procesar sus conflictos internos de manera mucho menos polarizante. Por ejemplo, Brasil tuvo un boom de recursos naturales con todo lo de los agroalimentos en los últimos 15 años. Y eso, desde el punto de vista político y económico, no generó una situación de tensión y conflicto tan agudo con la vieja burguesía paulista industrial como en la Argentina tenemos hace 70-80 años entre el campo-industria, agroexportación y mercado interno. Creo que como comunidad hacemos las cosas de forma tal que resultamos muy poco atractivos como socios. La realidad es ésa.

¿Cuál es la relación ideal y cuál la posible con Brasil?

Es una gran ventaja tener un mercado de la dimensión de Brasil al lado. Es una oportunidad que la Argentina debería aprovechar. Me da la impresión de que esa discusión sobre si vamos a hacer proveedores de alimentos y recursos naturales de Brasil está un poquito superada porque en realidad hoy Brasil tiene un problema mucho más marcado que nosotros de especialización, no porque nosotros no lo tengamos, sino porque ellos tienen otra dimensión. El destino de la relación bilateral está en la búsqueda de mecanismos para tener una especialización intraindustrial, algo parecido a lo que ocurre en el comercio administrado en el sector automotriz. ¿Cómo se construye eso? Es otro problema. Porque si bien es cierto que las políticas públicas han ayudado y contribuido, también es verdad que ha sido una construcción del sector privado, de los agentes que son los que, en definitiva, organizan la producción.

Habló alguna vez de una matriz de intereses comunes entre ambos países, ¿cuáles serían los tres principales hoy?

Es complicado verlo porque la Argentina está tan ensimismada que es muy difícil pensarlo en abstracto, mirar desde afuera y decir hay que hacer esto. Son procesos. Creo que en los últimos 10-15 años hemos perdido mucho tiempo con Brasil y que hay una fatiga en la relación con la Argentina que es muy evidente, que en cierta medida es consecuencia de lo que hizo Brasil y de lo que hicimos nosotros. Lo primero es tomar conciencia del bajo nivel en que está la relación en términos de esa matriz de intereses comunes. De todas formas, ha habido cambios importantes respecto de la situación de hace 20 años que permiten pensar mejor en la posibilidad de reconstrucción de una matriz de intereses comunes que es que hoy en día hay agentes económicos. Si bien el Mercosur ha sido un gran fracaso como unión aduanera, ha tenido un resultado muy importante al crear una región económica. Hoy existe un nivel de intereses económicos ligados a la región que hace 20-25 años no existía. Eso es un capital sobre el cual construir.

¿Cómo ve al Mercosur?

Ha contribuido a crear una red de vínculos económicos que hace 20-25 años no existían. No sabemos cuánto es el producto del bloque y cuánto de todo lo demás, pero probablemente como hecho político jugó un papel. Creo que hay una pérdida que no es de ahora, lo remonto a fines de los 90, una pérdida de brújula y sentido estratégico en el sentido de qué es lo que los países están haciendo ahí. ¿Cuál es el propósito? Si la idea es reunirse para tener intercambios diplomáticos, me parece muy positivo, pero eso tiene poco que ver con un proyecto de integración económica que es lo que en algún momento aspiraba a ser el Mercosur.

¿Afectó la relevancia del Mercosur el hecho de no haber firmado acuerdos sustanciales con otros bloques?

No. El fenómeno es básicamente endógeno. El Mercosur -la Argentina y Brasil- tendrá una enorme dificultad para firmar acuerdos con la UE y Estados Unidos por restricciones de orden objetivo que tienen que ver con la naturaleza de la agenda. No veo eso como un fracaso en vincularse con terceros, son esencialmente problemas que tienen que ver con la relación de la Argentina y Brasil. En la medida en que esa relación se ordena, el resto sigue casi por consecuencia.

¿Habilitar acuerdos de dos velocidades es sinónimo de ruptura del bloque?

Me cuesta ver qué tipo de acuerdo sustantivo podría firmar Brasil con la UE o EE.UU. Hay problemas de agenda bilateral.

¿También para ellos?

¡Sí! Los problemas no son sólo nuestros.

Lo que se transmite es que la Argentina no quiere firmar.

Hemos estado muy contentos de aparecer con esa bandera. Creo que la Argentina es una excelente excusa, pero ambos tienen problemas. Me cuesta pensar en un acuerdo de Brasil con la UE sin que haya un tratamiento de los subsidios a la producción agrícola y Europa no va a introducir eso en un acuerdo bilateral. No me extraña que la UE tenga un acuerdo con Chile o México en donde esa cuestión no es un tema. Los problemas del Mercosur con la UE y EE.UU. no resultan de un mal manejo colectivo, sino de problemas estructurales de la naturaleza de los intereses ofensivos y defensivos de unos y otros. Podrá eventualmente haber un acuerdo Brasil-UE o EE.UU., pero soy de la idea de que será muy incompleto.