En contexto

Enfoques sobre la actualidad del país y del mundo

Comunicación Institucional

San Andrés en imágenes

Galería multimedia

+ San Andrés

Actualidad

Silvia Ramírez Gelbes: Ese hombre

"El nombre de Néstor Kirchner aparece en alguna anécdota insertada, en algún segmento lateral. Lo que ocurre es, más vale, que la Presidenta no lo nombra en el primer plano de su exposición central, una exposición plagada de cifras y matizada con algunos recuerdos. Y lo cierto es que la evocación de Néstor abrió y cerró el discurso del 1 de marzo en la Cámara Legislativa", señaló la directora de la Maestría en Periodismo.

Entre los diez mandamientos, el segundo reza "No tomarás el santo nombre de Dios en vano". Pero no solo eso. Dentro de la religión primitiva polinesia, donde tiene origen, el tabú es tanto lo más sagrado e intocable como lo prohibido e impuro, prohibición e impureza asociadas al carácter maligno de lo sagrado, que castiga a los transgresores que tocan o pronuncian lo que está prohibido.

Como en el cuento "Esa mujer" de Rodolfo Walsh, donde Eva Perón -cuyo cadáver busca el protagonista- no es nombrada nunca, la alusión a Néstor Kirchner solo por medio del pronombre "él" -o de frases como "el hombre que estuvo sentado aquí en 2003" o "alguien que dijo" seguida de una muy larga cita del discurso de Kirchner para el inicio de su mandato- refuerza su presencia porque lo convierte en obvio. En omnipresente, como los dioses o los santos.

Para explicarlo mejor, situar la memoria del expresidente en la superficie de lo que dice pero sin expresar su nombre parece revelar que Cristina está invistiendo la figura de su marido con la condición de lo sagrado e intocable, lo que no se pronuncia, sobre todo en público, sobre todo en la ceremonia cumbre de la democracia republicana (el discurso de apertura de las sesiones parlamentarias).

No es que no lo nombre nunca: de hecho, el nombre de Néstor aparece en alguna anécdota insertada, en algún segmento lateral. Lo que ocurre es, más vale, que la Presidenta no lo nombra en el primer plano de su exposición central, una exposición plagada de cifras y matizada con algunos recuerdos. Y lo cierto es que la evocación de Néstor abre y cierra este discurso del 1 de marzo en la Cámara.

Con un estilo menos confrontativo que aquel al que nos acostumbró en otros tiempos, la Presidenta retoma, en él, su expectativa de carrera trascendente, que ella configura en sus palabras como el destino histórico ineludible de ser la primera Primera Mandataria en su segundo período y, especialmente, de ser la viuda de un prócer. Es por eso que ya no llama la atención que, en esta especie de culto laico que instaura el kirchnerismo, el nombre no pronunciado por Cristina sea un silencio con vocación de bronce.