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Khatchik DerGhougassian: El factor turco en la guerra de Siria

A fines de marzo, la ciudad de Kesab, situada en la frontera de Siria con Turquía y poblada por armenios, sufrió un ataque cometido por grupos islamistas. Quedan pocas dudas de que los combatientes entraron por la frontera turca. Una agresión de carácter anticristiano facilitada por Turquía a un año del centenario del genocidio armenio podría reavivar la amenaza del exterminio. La versión original de la nota puede verse aquí: http://bastiondigital.com/notas/el-factor-turco-en-la-guerra-siria#sthash.6goSVUyv.dpuf

Desde que las negociaciones encaradas entre enero y febrero pasado por el gobierno sirio y la oposición, con el auspicio de Estados Unidos y Rusia, fracasaron en brindar una solución al conflicto, el balance estratégico en el campo de batalla  parece inclinarse hacia las fuerzas leales a Damasco.

Sin aún clamar una victoria en la guerra civil, el ejército sirio registró avances importantes y retomó el control de algunos bastiones estratégicos de los rebeldes. De estos éxitos en el terreno de combate, sin dudas el más trascendente fue la recuperación, en la noche del 15 al 16 de marzo, de la ciudad de Yabrud, porque significó el fin del control de la oposición a la región de Qalamún, que se extiende del norte al oeste de la capital Damasco.

El dominio sobre este territorio volvió a conectar la capital con el noreste del país, pasando por Homs y llegando a Latakia, la región costera donde se ubica el puerto de Tartús y que históricamente fue el bastión de los alawitas, la confesión religiosa a la cual pertenece la familia de Al Asad, en el poder desde 1976.

La caída de Yabrud podría ser un punto de inflexión en la guerra civil, según opinan varios analistas, más aún cuando las divisiones internas en los rangos de los rebeldes y la lucha entre las facciones islamistas no parecen terminar. Es en estas condiciones es que el 21 de marzo, mientras la atención del mundo se había centrado en Crimea y el avión desaparecido en Asia-Pacífico, los islamistas de Yabhat Al-Nusra, Ansar Al-Sham y El Frente Islámico lanzaron un ataque contra la ciudad de Kesab, al norte de Latakia y en la frontera de Siria con Turquía; cinco días después dominaron la ciudad y las aldeas de alrededor, cuya población huyó a Latakia. La caída de Kesab podría haber generado un golpe duro al gobierno de Bashar Al-Asad si el ejército no hubiera podido impedir su avance hacia Latakia.

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 quienes conocen la geografía de Kesab les quedan pocas dudas acerca de la procedencia de los combatientes islamistas, quienes no podían haber entrado por ninguna otra frontera que no fuera la turca. Damasco no tardó en acusar a Ankara de haber facilitado el ingreso de los islamistas y de preparar el terreno con un intensivo bombardeo del ejército turco a las posiciones sirias.

Mientras Ankara negó cualquier implicación en el episodio, los medios de prensa infiltraron una comunicación secreta entre oficiales turcos que hacían referencia al pretexto de defender la tumba de Suleiman Shah, tío del fundador del Imperio Otomano, para provocar una guerra con Siria. La referida tumba se encuentra en territorio sirio pero bajo soberanía turca y allí se ha posicionado una fuerza simbólica de 24 soldados turcos. Vale mencionar un pequeño detalle: la porción del territorio bajo soberanía turca donde está la tumba se encuentra bajo el control del Estado Islámico en Iraq y el Levante, una de las facciones más extremistas de los islamistas, pero no del gobierno sirio. Pero cuando de pretexto se trata…

Históricamente Kesab ha sido una ciudad poblada por los armenios, que desde el comienzo de la guerra civil en Siria, en 2011, se vieron transformados en un blanco directo. De hecho, apenas los islamistas tomaron la ciudad se encargaron de despojar las iglesias de las cruces y luego devastarlas, como muestran las fotos y los videos subidos al Internet por sus referentes. Con la excepción de ochenta ancianos que no quisieron abandonar sus hogares, el resto de la población, unos tres mil habitantes, huyó para encontrar refugio a Latakia.

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uizá si no fuera por el carácter armenio de Kesab, la noticia hubiera pasado casi desapercibido en la prensa internacional, donde el fantasma de una nueva Guerra Fría por la situación en Crimea recorría en los títulos de las tapas. Pero un ataque de carácter explícitamente anticristiano facilitado, para no decir auspiciado, directamente por Turquía a un año del centenario del genocidio armenio podría reavivar el trauma aún vivo de la amenaza del exterminio. Así, el presidente de Armenia, Serge Sarkisian, fue el primero en advertir en un discurso público al mundo que era la tercera vez en la historia que el gobierno turco intentaba deportar a los armenios de Kesab; las anteriores veces fueron en 1909 y 1915.

El Catolicós de la Gran Casa de Cilicia con sede en Antelias (Líbano), Aram I, pidió fuerzas de la ONU para Kesab. Desde Ereván, capital de Armenia, hasta Los Ángeles, París, Ottawa, Sidney, Beirut y Buenos Aires, entre otras, la diáspora armenia se movilizó en manifestaciones de protesta frente a las representaciones diplomáticas turcas y organismos internacionales.

El canciller de Turquía, Davutoglú, salió a desmentir el involucramiento de su país ofreciendo refugio y ayuda humanitaria a los habitantes armenios de Kesab, pero sus palabras fueron como sal en las heridas: un reconocido columnista armenio en Estados Unidos lo acusó de insultar a la consciencia humana. Dos delegaciones armenias, una del Líbano y otra oficial de Armenia, visitaron Latakia para informarse y organizar la ayuda a los refugiados.

Los twits de reconocidas figuras del mundo del espectáculo, entre otras Kim Kardashian y Cher, difundieron rápidamente el grito #SaveKesab. En Washington, el Consejo Nacional Armenio de América, un reconocido grupo de lobby armenio, tomó la inmediata iniciativa de contactar a diputados en el Congreso, quienes a su vez no tardaron en pedir explicaciones de la representante de Estados Unidos en las Naciones Unidas, Samantha Powers, sobre la situación en Kesab. La diplomática expresó su profunda preocupación por la agresión contra los armenios, al tiempo que admitió la incapacidad de Estados Unidos de controlar a los grupos extremistas y trató, sin poder convencer demasiado, de defender a la llamada “oposición moderada” referente al Ejército Libre Sirio cada vez más insignificante frente al avance de los islamistas. Finalmente, el canciller ruso, Lavrov, declaró que Rusia llevaría el tema de Kesab al Consejo de Seguridad de la ONU.

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os armenios en Siria forman tan solo el 1 por ciento de la población pero son el séptimo grupo confesional/étnico importante. Históricamente presente en Alepo y Kesab, la comunidad se expandió a Damasco, Homs y Latakia en las décadas que siguieron el genocidio, cuando los sobrevivientes se refugiaron en Siria y el Líbano. Tradicionalmente la comunidad armenia se mantuvo al margen de las tormentas políticas, inclusive cuando empezó la guerra civil. Sin embargo, con los grupos islamistas dominando la oposición, los armenios se transformaron en blancos tanto por motivos religiosos como extorsivos. La ofensiva contra Kesab de los islamistas y la participación turca por lo menos en su facilitación los ha tomado como blanco directo.

Con una comisión especial que el gobierno turco ha creado para negar el genocidio en vísperas del centenario, el episodio no podía circunscribirse en la estricta lógica de la guerra civil en Siria. Turquía, con Qatar y Arabia Saudí, se involucró en el conflicto sirio desde el principio, tomó partido e invirtió no solamente en la ayuda logística y militar a la oposición, sino también en términos políticos y diplomáticos con la expectativa de consolidar su posición como potencia regional. Los resultados, en este sentido, no se ven. Más aún, el involucramiento turco en Siria fue uno de los factores de la polarización de la política interna. La toma de Kesab de parte de los islamistas revela que a diferencia de Qatar o Arabia Saudí, el factor armenio nunca había sido ajeno en los cálculos estratégicos de Ankara. Pero quizá habrá calculado mal el costo político que en el contexto internacional implicaría.