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Miguel Wikazki: Murió Eliseo Verón, el semiólogo de la ideología y los medios

Fue uno de los analistas de discurso más importantes. Maestro de generaciones, dejó una obra fundamental. La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.clarin.com/sociedad/Murio-Eliseo-Veron-semiologo-ideologia_0_1121287924.html Foto: Pepe Mateos - Clarín

Eliseo Verón jugaba a las bochas con Umberto Eco. Lo hacían en un convento, en un pueblito de Italia que se llama Monte Cerignone.”Umberto se compró un convento en ese pueblo y en el patio hay una cancha de bochas- contaba Verón- Yo vivo enfrente”. Allí Verón, que murió ayer a los 78 años, a la vez había comprado una parroquia. Los dos semiólogos vivían singularmente en sendos templos. Habían deconstruido los sitios y los habían reconstruido como hogares, aunque sin romper la estructura original, estéticamente sacrosanta. “Somos vecinos, y cuando voy por allí jugamos a las bochas. Umberto habla en francés, por deferencia para conmigo, pero si insulta lo hace en italiano. Somos muy parejos jugando”.

Competían a las bochas en dos idiomas. Verón era argentino y también francés, y por lo tanto perfectamente bilingüe.

La escena, los dos semiólogos jugando, sintetiza la instalación existencial de Verón en el mundo: se trataba de jugar, con la mente, con las palabras, con la relación entre las palabras y las cosas. Eco y Verón se remitían a las bochas sobre las que jugaban, pero el juego los remitía a las palabras que cruzaban en dos idiomas. Esas palabras cruzadas, eran un torneo intelectual, semiótico, lingüístico y deportivo que se fue con el tiempo que se lo lleva todo. Aunque esa imagen: esos dos semiólogos que juegan piensan, hablan, es la que sí queda: Pensar es jugar. El lenguaje son los juegos de lenguaje que sabemos jugar aprendiendo y respetando sus reglas, y que son acuerdos antropológicos muy profundos, según Claude Levi Strauss, uno de los maestros de Eliseo Verón.

Eliseo vivía entre Buenos Aires, Paris, Monte Cerignone, y el norte del Brasil, donde frente al mar había instalado un espacio para que cada año, los más brillantes analistas del discurso del mundo se reunieran a pensar, un poco como los griegos, con esa impronta, “pensar frente al mar”. Tenía programado un próximo encuentro para setiembre de éste año.

No era un hedonista, sino un pensador y un estudioso. Pero también era un hedonista. Fumaba con placer, aunque se le fuera la vida en ello. Y consideraba que la caipirinha, si estaba preparada con alegría brasilera, es un vivencia cercana al arte. Este cronista lo oyó interrogarse en voz alta, respecto de una hipótesis que sostiene precisamente Eco: “Todo proceso de visibilización de las figuras políticas implica el fin de la democracia representativa”. Quizás Verón pensaba que la imagen sustituirá a las palabras, a los conceptos, a las ideas. Pero es muy arriegado aventurar lo que pensaba, porque pensaba más y mejor que la mayoría.

“Si me preguntan si los medios tienen poder, respondo con dos palabras: no sé” dijo hace un par de años en una conferencia. Y sí sabía. Verón siempre sabía de lo que hablaba. Explicitó las razones por las cuales era imposible dar a esa pregunta una respuesta generalista y abstracta. Y enfatizó sobre lo que consideraba una falla imperdonable en los debates calientes sobre esos temas: “No se habla de los contenidos. Discutimos de los medios, como si los contenidos de los medios no existieran”.

Prefería los debates sobre el fondo de las cosas, pero no eludía las coyunturas.

Hablaba de política.

Asesoró a Raúl Alfonsín cuando volvio la democracia, y a Eduardo Duhalde en 2011, pero siempre a distancia de los debates rasos y rudimentarios.

“Kirchner (Néstor) no tiene capital mediático, tiene capital político” dijo en el momento de mayor fuerza del ex presidente. Y también dijo que los fantasmas que tiene la clase política sobre los medios son eso en general eso; fantasmas”.

“Todo está atravesado por la ideología y por el poder”. Aunque creía que ambos conceptos son complejos, no son estructuras estáticas. Son signos en rotación. El poder o la ideología no son cosas que se “tienen” y que no cambian, son flujos dinámicos que lo atraviesan todo. Es una redundancia recordar que su carrera fue superlativa. Trabajó con Levi Strauss y Roland Barthes entre muchos otros. Fue director del Master de periodismo de Clarín y la Universidad de San Andrés, y presidente de su consejo académico. Y profesor en las mejores universidades del mundo.

Su concepto de “contrato de lectura” es uno de los aportes más lúcidos al análisis de medios. Los medios sostienen con sus audiencias un pacto tácito, un acuerdo, según el cual quienes leen esperan del medio que leen, cierto estilo, cierto enfoque, cierta terminología, cierta “construcción del acontecimiento”, para decirlo también en los términos de Eliseo Verón.

Nunca dejó de fumar y eso fue lo que parece que le produjo un tumor que le impedía tragar. Pero no sonreir. Sonreía cuando hablaba y nunca hablaba sin dejar de ser muy sarcástico, es decir, inteligentísimo.

Eliseo Verón ha muerto. No es éste hecho el producto de la “construcción de un acontecimiento” no es un simulacro.

Los hechos ocurren y la muerte es un hecho. El acontecimiento, son los signos que produce su muerte, lo que se escribe, lo que se emite, lo que se llora.

Como sea, es un trístísimo “alivio” que Eliseo no lea ésta necrológica. Era uno de los más lúcidos de los analistas del discurso del mundo. Y no había nota que no mereciera con razón, sus dardos, siempre brillantes e irrefutables.