En contexto

Enfoques sobre la actualidad del país y del mundo

Comunicación Institucional

San Andrés en imágenes

Galería multimedia

+ San Andrés

Actualidad

Mariano Tommasi: El enfoque y la persona de Gary Becker

El profesor del Departamento de Economía recuerda al estadounidense Gary Becker, reconocido con el Nobel en 1992 por su trabajo en la aplicación de los principios de la economía en una variedad de aspectos del comportamiento humano. Becker, que falleció este sábado a los 83 años, fue mentor de Tommasi durante el doctorado en la Universidad de Chicago. La versión original de la nota puede verse aquí: http://goo.gl/HQ4jxz

El sábado falleció Gary Becker, profesor y mentor mío durante el doctorado en la Universidad de Chicago.

Gary fue un gigante intelectual, como lo atestiguan el Premio Nobel de Economía que recibió en 1992 y la enorme cantidad de gente sobre la cual influyó. Un economista intelectualmente audaz que rompió fronteras entre distintas disciplinas de las ciencias sociales.

Pero, además de todo eso, fue una persona muy generosa con sus alumnos. Tuve el privilegio de ser su ayudante de cátedra y tener la posibilidad de discutir los temas con él todas las semanas por encima de la pila desordenada de papeles que caracterizaba su escritorio.

¿Qué más puedo agregar a lo mucho y bueno que ya dirán otros colegas en este blog y en otros lugares? ¿Qué decir de Gary que no se haya dicho?  En vez de recurrir a mis palabras, recurro a las del maestro en sí mismo, quien escribió las siguientes líneas a modo de prefacio del libro The New Economics of Human Behavior en honor a su obra, que edité junto a Kathryn Ierulli y que publicó Cambridge University Press originalmente en 1995 y en su traducción al castellano como Economía y Sociedad en 2000:

Al parecer, Jacob Viner, el gran economista de Chicago y Princeton, definió una vez la economía como aquello que los economistas “hacen”. En esta definición se determina el ámbito de un campo de estudio por la materia que abarcan las teorías dominantes en ese campo. Y según esta definición, la economía ha cambiado enormemente en las últimas cuatro décadas, porque lo que los economistas  “hacen” ha experimentado una revolución.

Alguien que comenzase los estudios de economía en la década de 1950, cuando yo empecé, habría encontrado una modesta teoría del gasto del consumidor en bienes de mercado, una teoría sobre la tendencia a la maximización de beneficios de la empresas y sobre el equilibrio del mercado en situación  de competencia, monopolio y otras estructuras de mercado, una teoría sobre la demanda de mano de obra y capital basada en funciones de producción dadas y el factor precios, y una teoría rudimentaria sobre las decisiones públicas por la que los Estados intentaban maximizar el “bienestar social”.

Se dejaban de lado muchas de las cuestiones sociales y económicas más interesantes, quizá para que las estudiasen sociólogos, especialistas en ciencias políticas y psicólogos.  Los economistas no reconocían que lo que los hombres y las mujeres no solo compran manzanas y coches, sino que también tiene hijos, los crían y educan, se casan y divorcian, compran productos de lujo para adquirir prestigio, fuman, y beben en gran cantidad, cometen delitos, y discriminan a veces ferozmente a negros, judíos, mujeres y demás.  También olvidaban que los gobiernos toman muchas medidas de las que difícilmente se puede decir que aumenten le bienestar social, tales como las de imponer aranceles y contribuciones, y nacionalizar empresas.

Por otro lado, los economistas confiaban en un “enfoque” de la conducta humana que difería radicalmente de los métodos utilizados por los demás científicos sociales.  Su sistema suponía que las empresas, los consumidores y los trabajadores  maximizan los beneficios, la utilidad o los salarios, y que los conflictos sobre la distribución de los recursos a diferentes individuos y organizaciones crean fuerzas de mercado que equilibran estas presiones opuestas.

Algunos economistas –incluidos P. H. Wicksteed, S. Newcomb, F. Edgeworth y L. Robbins– se dieron cuenta mucho antes de mediados de este siglo que el método económico definido por la maximización y el equilibrio de mercado tenía un potencial ámbito de aplicación enorme, y que la economía se podía ampliar mucho más allá de las materias tradicionalmente estudiadas,  Pero rara vez utilizaron su punto de vista para proporcionar un análisis detallado de los fenómenos situados fuera de esos límites.

Lo que los economistas “hacen” ha cambiado enormemente durante las últimas décadas, en parte porque los economistas actuales han desarrollado las intuiciones de esto pineros, y comenzaron a tomarse en serio que la conducta maximizadora, el equilibrio y otros aspectos del enfoque económico tienen un alcance muy  amplio.  Ahora difícilmente escapa a su atención un rincón o una ranura desde la que observar el comportamiento. La discriminación contra las minorías, el matrimonio y el divorcio, el sistema jurídico, las adicciones, las clases marginadas, los suicidios, los aranceles y regulaciones, y las guerras y el conflicto son sólo algunas de las materias que investigan.

Además, ahora es difícil distinguir a los economistas de otros investigadores, al aumentar el número de cientistas políticos, abogados, sociólogos e historiadores que utilizan también variantes del enfoque económico.  Normalmente, esta intrusión del enfoque económico en otros campos no ha sido bien recibida por los especialistas con una forma más tradicional de contemplar la materia de estudio de dichos campos.

Al alcanzar la mayoría de edad profesional en el momento oportuno, yo pude participar en esta expansión del ámbito del enfoque económico. Desde mis días como estudiante universitario en Princeton me interesaron más las cuestiones sociales que las tradicionalmente estudiadas por los economistas. Estuve a punto de cambiarme sociología en los últimos cursos porque la economía me parecía demasiado restringida.   Afortunadamente, cursé mi especialidad en Chicago, y el estímulo de Milton Friedman, H. Gregg Lewiss, T.W, Schultz y otros que entonces enseñaban en Chicago me convenció de que la economía también se podía utilizar para estudiar los problemas “sociales”.

Al final de mi primer año redacté un análisis económico de la conducta política (publicado en forma abreviada mucho más tarde, en el primer número [1957] del Journal of Law and Economics). Pero mi tesis doctoral sobe la discriminación fue mi primer gran intento de ampliar los límites de la economía. No preví que mi carrera profesional iba a estar principalmente dedicada a considera otras cuestiones sociales y políticas situadas fuera del ámbito tradicional de la economía. Y tampoco espera que tantos otros, dentro y fuera de la economía, emprendiesen investigaciones relacionadas.

Me enorgullece que muchos antiguos alumnos y actuales colegas preparen artículos para este volumen sobe materias que yo he estudiado, o sobre materia estrechamente relacionadas.  La calidad de los artículos e muy alta, sin embargo  me agrada no estar de acuerdo con todas la opiniones y conclusiones.  El desacuerdo incluso entre aquellos que utilizan enfoques similares, es crucial para el progreso de la ciencia.

Ese libro no supone una celebración de mi trabajo, sino una ventana al mundo de la investigación sobre las aplicaciones de la forma de pensar económica a cuestiones sociales, políticas y jurídicas, además de económicas. Las materias estudiadas son las adicciones, la delincuencia, la discriminación, la sanidad, el crecimiento económico, la inmigración, el matrimonio y las relaciones entre los miembros de la familia, la presión de los pares y las interacciones sociales, el comportamiento religioso y las decisiones políticas. Los artículos demuestran que el enfoque económico proporciona muchas claves para la comprensión de los aspectos más fascinantes y fundamentales de la vida en el mundo actual.

Estos no son artículos técnicos, y los pueden apreciar lectores con conocimientos modestos sobre el análisis económico. Los recomiendo encarecidamente a quienes deseen comprender mejor el mundo que los rodea.

A medida que iba tipeando estas palabras que reflejan algunos aspectos del pensamiento y de la personalidad de Gary Becker, no pude dejar de emocionarme con el recuerdo de su persona ni de sorprenderme por verificar una vez más cuánto ha influido en mi propia manera de decidir y de abordar mis temas de investigación. Gracias, maestro.