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Bernardo Brugnoli: “Hacer una obra de voluntariado representa un cambio de vida trascendental”

El gerente general de TECHO brindó una charla en el anfiteatro del campuso de la Universidad de San Andrés, la última actividad organizada con motivo de la Semana de Iniciativas Sociales de Jóvenes. El encuentro estuvo coordinado por Gabriel Berger, miembro del Comité de Dirección de la Escuela de Administración y Negocios y director del Centro de Innovación Social (CIS).

Bernando Brugnoli recuerda la tarde en la que por primera vez decidió sumarse como voluntario a la construcción de viviendas en un asentamiento de la Villa Hidalgo, ubicado sobre un basural a un costado del Camino del Buen Ayre, en José León Suárez. “Fue un cambio visceral y profundo” para aquel joven graduado universitario que aspiraba a conducir el estudio contable de su padre pero que, al mismo tiempo, sentía que debía “hacer algo más” con su vida.

Ocho años después de aquel día,  “Bruno” (“es un apodo raro”, admite) Brugnoli es gerente general de TECHO, uno de los proyectos sociales más convocantes, surgido en Chile en 1997 y que en Argentina abarca “casi un centenar de asentamientos” en la búsqueda de una solución habitacional para quienes tienen problemas de vivienda.

“Gran parte de nuestra trabajo también intenta empoderar y darle valor a un joven para que, a su vez, entregue su tiempo y capacidad en favor de los demás”, explica Brugnoli durante una charla en el anfiteatro de la Universidad de San Andrés, la última actividad organizada con motivo de la Semana de Iniciativas Sociales de Jóvenes. El encuentro tuvo la coordinación de Gabriel Berger, miembro del Comité de Dirección de la Escuela de Administración y Negocios y director del Centro de Innovación Social (CIS).

Pobreza, empleo informal y otras problemáticas sociales enfrentan los voluntarios de TECHO en cada jornada de trabajo. “Hay una parte de la sociedad que no se entera” de esta situación, reconoce Brugnoli. Por eso, la fundación promueve que sus integrantes “pongan como prioridad al otro”, sostiene.

TECHO también impulsa que la propia comunidad sea la que se reúna para trabajar por el barrio en el que vive. “En un asentamiento con los problemas que nosotros observamos, la unión hace la fuerza”, remarca.

La fundación construye en esas poblaciones un módulo habitacional de seis metros por tres metros sobre una plataforma que aísla el piso de la casa del suelo. Brugnoli admite que el proyecto intenta, en parte, remediar una situación que merece una solución definitiva. Sin embargo, resalta que para muchos habitantes de estos asentamientos significa “una oportunidad única”.

Para sumarse a este tipo de iniciativas es clave “romper con los prejuicios acerca de quienes habitan en los asentamientos. No hay que verlos como alguien al que hay que darle una ayuda de arriba sino con quien trabajar juntos. Como sociedad –insiste Brugnoli- hay que dar un paso adelante y confraternizar con el otro”.

“Hay –señala- muchos jóvenes que quieren hacer algo distinto a los cuales la sociedad no escucha ni encuentra un espacio donde aprender y compartir. Hacer una obra de voluntariado es, para algunos, un cambio de vida trascendental, una forma de canalizar el aprendizaje. Y también es, por supuesto, una forma de ser feliz”.