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Walter Curia

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Barry Buzan: "Occidente tiene que aceptar que ya no es el dueño del futuro"

"Soy un poco pesimista con las cuestiones medioambientales, que me preocupan y mucho. Pero no sobre la manera en que evoluciona la política global. La sociedad internacional es muy robusta. No todo es dulzura y armonía, pero comparado de dónde venimos, no se ve tan mal. Es mejor que todo el siglo XX junto", consideró el académico británico, que se presentó en la Universidad invitado por la Maestría en Política y Economía Internacionales. La versión original de la nota puede verse aquí: http://goo.gl/VJLy3n

Apuntes para el futuro del mundo: la modernidad seguirá expandiéndose hacia la periferia del planeta, ya no habrá superpotencias y en su lugar veremos distintas potencias y poderes regionales interesados en el éxito de un sistema económico global: el capitalismo.

Quien predice estas cosas es Barry Buzan, profesor emérito de la London School of Economics y uno de los principales teóricos en el mundo sobre las relaciones internacionales. Británico criado en Canadá, representa a la Escuela Inglesa, una corriente alternativa entre el liberalismo y el realismo en las relaciones internacionales. Su agenda es vasta: desde la historia mundial y la seguridad internacional hasta los más actuales estudios sobre las polaridades, la declinación de Occidente y de las instituciones del orden liberal y el surgimiento de China como nueva potencia.

Buzan alienta una visión relativamente optimista sobre la evolución de la política global. Explica que el poder es "más difuso" y que se han reducido las diferencias ideológicas entre los Estados características del siglo pasado. En resumen, dice que hoy todos son capitalistas y eso puede ser una ventaja.

"Hoy hay cuatro formas predominantes de capitalismo: liberal, socialdemócrata, autoritaria y burocrática", afirma uno de sus trabajos recientes sobre la economía del mundo emergente.

"Aunque históricamente el capitalismo nunca fue pensado para adaptarse a la democracia, el peso y la influencia relativa de los Estados capitalistas autoritarios está en aumento. La competencia pacífica entre las distintas versiones del capitalismo mostrará pronto si un modo de política económica es superior a otro", escribe.

Este hombre de aspecto impasible viajó varias veces en los últimos años a China, donde estudió el fenómeno de "surgimiento pacífico" hacia una nueva potencia global y advirtió semejanzas con el ascenso de los Estados Unidos, un siglo atrás. "Irónicamente, como China hoy, el surgimiento de EE.UU. buscó comprometerse con el mundo económicamente mientras permanecía distante de los equilibrios de poder. Igual que China, se resistió a asumir responsabilidades de liderazgo hasta que lo obligaran los acontecimientos", dice.

Aunque se pregunta por el destino del poder en Pekín, no augura posibilidades de éxito al reciente movimiento de protesta en Hong Kong y no duda en afirmar que, si el Partido Comunista Chino siente que está siendo demasiado presionado, "empezará a matar gente".

Buzan llegó a Buenos Aires invitado por la Maestría en Política y Economía Internacionales de la Universidad de San Andrés y ofreció dos conferencias. la nacion lo entrevistó en el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales.

-El surgimiento y consolidación de China se da simultáneamente con el proceso de declinación de los Estados Unidos. La aparición de este nuevo tipo de potencia, con su mix de capitalismo económico y régimen de partido único, ¿implica también la declinación de los valores asociados al liberalismo político, como los derechos humanos, las libertades individuales, la diversidad? ¿Veremos en el fututo un mundo con más capitalismo y menos democracia?

-Ciertamente estamos viendo bastante capitalismo no asociado a la democracia en el mundo. Creo que es una característica de esta década y de las décadas por venir. Pero a la larga, el capitalismo va a tener el efecto de difundir poder, conocimiento, riqueza, capacidad de organización en las sociedades. Si se liberan las fuerzas el capitalismo eventualmente conducirá a algún tipo de pluralismo, pero no a la democracia en el sentido en el que la entendemos en Occidente. El modelo chino tiene un problema a largo plazo, porque un partido comunista dirigiendo una sociedad capitalista se ve raro. Y lo que estamos viendo en el presente es un régimen dispuesto a mantener al extremo un riguroso control sobre todas las cosas, pero que también sabe que el aumento de la riqueza y del poder de China depende del capitalismo. Es lo que los marxistas suelen llamar una contradicción y tendrá que ser resuelta por el Partido Comunista chino. Ellos han inventado el comunismo de mercado y si quieren seguir permaneciendo en el poder, deberán inventar el comunismo pluralista.

-Usted predice el fin de las superpotencias y afirma que Occidente será sólo uno entre varios centros de poder en el mundo. ¿De quién será el futuro?

-De todos. Creo que Occidente tiene que aceptar que el futuro ya no le pertenece, que ya no es el dueño del futuro. Estados Unidos será más una gran potencia que una superpotencia. Nos dirigimos a un sistema internacional mucho más decente. Hemos crecido bajo la idea de que es normal para un pequeño grupo de países occidentales hacer funcionar el mundo. Pero no es normal. Eso fue resultado de una serie de condiciones históricas que prevalecieron desde el comienzo del siglo XIX y que para mí parecen debilitarse. En adelante va a haber diferentes centros de influencia de poder, pero ninguno de ellos tan dominante como los han sido el de los Estados Unidos o lo fue el de los británicos. Occidente no ha llegado a su fin, todavía es poderoso, pero será uno más entre otros poderes. Puede verse cómo están ya emergiendo.

-¿Pueden coexistir pacíficamente esas distintas versiones del capitalismo que usted describe?

-Pueden, pero no estoy diciendo que lo vayan a hacer. El punto es que hoy tenemos un "ancho de banda" ideológico más estrecho. Si los países lo quieren, podrían ayudar a la construcción de un orden internacional más pacífico y estable. Hubo una importante transición desde la Segunda Guerra Mundial, cuando todos los campos del capitalismo entendieron que el sistema tenía que funcionar globalmente y no sobre la base de esferas imperiales, y ese concepto aún se mantiene fuerte. Incluso los chinos lo comparten. Construir ese orden tendrá un costo. Si usted adhiere al proyecto liberal de derechos humanos, entonces ese cambio no lo hará feliz. Porque las potencias liberales son todavía fuertes, pero no lo serán de la manera globalmente dominante en que lo han sido en las últimas décadas. Otras regiones definirán sus propias políticas y habrá menos potencias detrás del proyecto liberal democrático.

-¿Cómo va a evolucionar el régimen en China?

-Nadie lo sabe. No es posible hacer predicciones sobre el futuro de China. No podemos afirmar cómo será China en los próximos 20 o 30 años. Podría ser algo como un país fascista; usted puede ver allí que el ultranacionalismo va algunas veces con el rostro del desarrollo. También hay liberalismo, una corriente de opinión que quiere llevar a un surgimiento pacífico, una ruta liberal. ¿Atravesará un período de turbulencias políticas y económicas? Son todos escenarios posibles. El poder de China está aumentando, pero no sabemos qué tipo de régimen político vendrá atado a él.

-¿Cómo caracterizaría la relación entre China y los Estados Unidos? ¿Son competidores, rivales, enemigos?

-Bueno, la respuesta dependerá de a quién se le pregunte dentro de cada país? Hay en ambos países quienes quieren verse como enemigos. Los halcones norteamericanos amarían tener a China como un rival, porque les haría la política más sencilla. Hay quienes en ambos lados creen que saldrán del paso con una mezcla de rivalidad y colaboración. Los liderazgos de ambos lados no quieren una guerra, que sería un error, aunque no es imposible. Si las corrientes realistas quieren construir esta relación como un juego de transición de poder sería una de las maneras más peligrosas de abordar esto. La salida más probable entonces es la que tenemos ahora, algo mejor, algo peor en algunas áreas y con mucho detrás de la escena.

-¿Y cómo evalúa la asociación estratégica entre China y Rusia?

-No hay amor entre China y Rusia; tienen un enorme pasado de problemas. Aunque hay un interesante tipo de sociedad estratégica, no son países que confíen en el otro. Pero hay en ambos un sentimiento antioccidental que los hace jugar juntos. Creo que Putin ha cometido un gran error estratégico. Obtuvo una victoria en Ucrania, pero al costo de invalidar todos los elementos de confianza y cooperación que fueron siendo construidos con algunos países europeos y también con Estados Unidos. Rusia es un país débil; tiene petróleo y nada más.

-No le asigna posibilidades de volver a ser una gran potencia?

-La chance es cero. Rusia está preocupada por evitar ser devota de un poder regional. Todavía tiene algún poder nuclear, muy fuera de época, todos a su alrededor se están fortaleciendo más rápido, no está entendiendo el capitalismo y así no consigue explotar su poder y riqueza como lo hacen sus vecinos. Su demografía y su salud pública son un desastre, su población se está reduciendo; no produce nada de interés, sus ideas no son valiosas o están en decadencia. Rusia está en una posición dependiente de China como nunca antes. Su psicología más profunda de las relaciones internacionales los lleva a temer a Asia y ahora Asia se está fortaleciendo. Rusia es un país grande, pero con una acumulación inútil de poder.

-Las protestas en Hong Kong vuelven a plantear la cuestión clave sobre si China podrá mantener su capitalismo en el contexto del sistema autoritario de partido único. ¿Cómo cree que podrá manejar ese conflicto?

-Es una pregunta difícil. La primera cosa para decir es que quienes están haciendo eso son extraordinariamente valientes. Pero también que no hay ninguna posibilidad de que el actual gobierno chino dé un paso atrás. Y si siente que está siendo demasiado presionado, empezará a matar gente. Éste es un Partido Comunista pragmático y cuidadoso, pero también despiadado, que no va a hacer concesiones. Especialmente alguien como Xi Jinping, a quien parece desagradar cualquier noción de democracia. No estoy seguro cómo China ha estado controlando las noticias. He hablado con gente en China que sabe algo de lo que está pasando en Hong Kong, pero no están demasiado seguros, no pueden confiar en la blogósfera, en los medios estatales y están muy preocupados cuando hablan con extranjeros, porque el tráfico de e-mails es monitoreado todo el tiempo. El aparato represivo del Partido Comunista es bastante impresionante.

-¿Cuál diría que es la principal amenaza que enfrenta hoy el proceso de reformas?

-China no tiene ningún problema de seguridad porque nadie representa una amenaza para ella. Pero sí los tiene el Partido Comunista y son bastante grandes. Porque se siente un poder muy inseguro. En ese sentido está amenazado por todo, dentro de China y también por las democracias o por las diferentes formas de capitalismo. La cuestión principal sobre China sigue siendo el comunismo de mercado y el tipo de oxímoron y contradicción que eso representa. El Partido Comunista ha generado una sociedad capitalista con la que no se siente cómodo. Hasta ahora no está entendiendo esto y se dedica a apalear las cabezas. Pero ese mismo partido tiene un rasgo de pragmatismo y uno no pierde la esperanza de que aprenda cómo hacer esto. El único camino va a ser su propia reforma, algo de lo que se habla mucho pero se hace poco. No parece haber otra alternativa si se quiere hacer sin violencia. Tiene que ser más pluralista y permitir que se escuchen más voces, abrirse y dejar que la sociedad sea más dinámica.

-Desde el desembarco de China en América latina se presenta para algunos en la región un dilema ideológico acerca de si un imperialismo chino puede incluso ser peor que el imperialismo norteamericano.

-No conozco la región. Los chinos son muy pragmáticos y eso forma parte de su filosofía. Han creado una impresión neocolonial, están aprendiendo sobre eso y viendo cómo reaccionarán a ser llamados "imperialistas". Ahora, si usted se siente víctima de imperialismo y se siente débil, lo mejor que puede hacer es promover la competencia entre imperialismos rivales. La periferia se está reduciendo porque en el centro hay más países industrializados. No va a estar bajo la amenaza de un monopolio imperialista. Depende de qué manera la política económica y la tecnología se desenvuelvan. Esto representa otra amenaza en realidad, que es la de ser absolutamente ignorado por todos. Hay un viejo dicho que podría encajar aquí: "Lo único peor a ser explotado es no ser explotado".

-China no quiere ser considerada la principal economía el mundo. Rechaza la idea de que está por superar a los Estados Unidos. ¿Por qué ya nadie quiere dominar el mundo? ¿Es muy costoso, muy agotador?

-Bueno, si vemos la experiencia norteamericana, no es muy divertido, sobre todo últimamente... Los chinos evitan esa definición por la necesidad de propagandizar su "surgimiento pacífico". En general, el deseo de dominar el mundo proviene de dos tipos de fuentes. Si usted tiene el 40 por ciento de la economía del mundo, tiene intereses en todas partes y necesita ordenar. Desde ese punto de vista, los grandes poderes tienden a ser naturales proveedores de orden, porque está en sus intereses. O si usted es conducido por algún tipo de ideología global y quiere imponerla al resto, eso puede estimular el deseo de liderar el mundo. Pero la brecha competitiva ha desaparecido. Es un mundo descentralizado, nadie es capaz de dominar al resto.

-Queda la sensación de que es bastante optimista en relación con el rumbo del mundo?

-Soy un poco pesimista con las cuestiones medioambientales, que me preocupan y mucho. Pero no sobre la manera en que evoluciona la política global. La sociedad internacional es muy robusta. No todo es dulzura y armonía, pero comparado de dónde venimos, no se ve tan mal. Es mejor que todo el siglo XX junto.

UN FUTURO POSIBLE, SEGÚN BUZAN.

-¿Cómo analiza el fenómeno de Estado Islámico, sus crímines y decapitaciones?

-No creo que pueda ser considerado una amenaza en términos de seguridad internacional. Es un problema, ciertamente, un tipo de amenaza, pero no una gran amenaza. A mi modo de ver, ha sido exagerada por Estados que quieren recuperar el control de sus sociedades civiles. Si se viera en términos puramente utilitarios, diría que los terroristas matan mucha menos gente que los accidentes de auto. La amenaza del terrorismo no me parece que sea como la que conocimos en la Guerra Fría, durante la cual podíamos incinerarnos de un día al otro y podía ser el fin de todo. No representa, por ejemplo, una variedad de potencial crisis medioambiental, una enfermedad, un problema de "fin del mundo". Hay problemas comunes sobre el manejo del medio ambiente planetario que no están teniendo la suficiente atención, mientras que otros de tercer orden, como el terrorismo, consiguen titulares y hacen sentir paranoicos a todos. La única posibilidad de que lo fuera es que los terroristas tuvieran acceso a armas de destrucción masiva, porque un ataque cambiaría la manera en que todos vivimos, aunque no desataría una guerra nuclear.

EL PROFESOR HIPPIE

Ácido, invariablemente irónico y de excelente humor, entrevistar a Barry Buzan es asistir al funcionamiento de una verdadera máquina de ideas. ¿Qué hace con todas ellas? En el diálogo se adivina a un hombre prolífico: uno de sus colegas confesó que en el tiempo que a él le llevaría escribir un artículo, Buzan puede despachar dos? libros. A los 68, el muy británico Buzan no es un académico convencional. Como a otros, le gustan el buen vino y la buena comida, pero también emprender recorridos en su moto, con su mujer atrás, el folk rock inglés de finales de los 60 -se declara seguidor de la banda Fairport Convention-, las guitarras eléctricas y, sí, Jimi Hendrix. Buenos Aires le permitió disfrutar de otra de sus pasiones: los barcos. Acompañado por un profesor de la Universidad de San Andrés, Buzan recorrió la Fragata Sarmiento, en Puerto Madero. "Cuando la Argentina se la compró a Gran Bretaña, la fragata ya no era de avanzada para su época. Pero por lo que se ve, aquí fue dotada de armamento moderno", dijo durante su paseo. Buzan nació en Londres y su familia emigró a Canadá cuando tenía 12 años. Está casado con la artista Deborah Skinner (la mujer que va atrás de él en la moto), hija del psicólogo conductista B.F. Skinner.