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Verónica Dimant y Silvia Lassalle: Un matemático brillante, un pacifista apasionado

La vida de Alexander Grothendieck estuvo marcada por el misterio de la rima detrás de las palabras, y las estructuras ocultas en los problemas puntuales. Estableció nuevos lenguajes, propuso enfoques naturales, construyó puentes entre diversas disciplinas y sembró gran parte de la investigación matemática de los siglos XX y XXI. La versión original de la nota puede verse aquí: http://ar.bastiondigital.com/notas/un-matematico-brillante-un-pacifista-apasionado

Quand j’étais gosse, j’aimais bien aller à l’école. On avait le même maître pour nous enseigner à lire et à écrire, le calcul, le chant (il jouait d’un petit violon pour nous accompagner), ou les hommes préhistoriques et la découverte du feu. Je ne me rappelle pas qu’on se soit jamais ennuyé à l’école, à ce moment. Il avait la magie des nombres, et celle des mots, des signes et des sons. Celle de la rime aussi, dans les chansons ou dans les petits poèmes. Il semblait y avoir dans la rime un mystère au delà des mots.

A. Grothendieck. La magie des choses. Récoltes et Semailles (*)

Alexander Grothendieck nació en 1928 en Berlín, en el seno de una familia activamente comprometida con la realidad socio-política de la época. Su padre, Alexander Schapiro, judío ruso revolucionario, luchó contra el régimen zarista, apoyó a los republicanos en la Guerra Civil Española y a la resistencia alemana a Hitler. Murió en Auschwitz en 1942. Su madre, Hanka Grothendieck, también militante, estaba casada y tenía una hija cuando conoció a Schapiro. El pequeño Alexander vivió sus primeros cinco años en Berlín. Cuando los padres resolvieron partir a Francia para apoyar la lucha en España dejaron a su hijo al cuidado de una familia en Hamburgo. Recién en 1939, a los 11 años, Alexander fue enviado a Francia a reunirse con su madre. Al cabo de unos meses ambos fueron detenidos en un campo de concentración nazi. Al terminar la guerra se establecieron en Montpellier, donde Grothendieck, con ayuda de una beca, inició sus estudios de matemática en la universidad local.

Ya graduado pasó un año en París, donde conoció a la élite matemática de la época. Interesado por el Análisis Funcional, se mudó en 1949 a Nancy para hacer su doctorado bajo la dirección de dos célebres matemáticos: Schwarz y Dieudonné, quienes le dieron a leer su trabajo sobre “Dualidad de Espacios Localmente Convexos” que contenía 14 problemas que no habían podido resolver. La idea era que Grothendieck trabajara en uno de ellos. En menos de un año, superando las expectativas de sus prestigiosos directores, los resolvió todos introduciendo ingeniosas construcciones que le posibilitaron, a su vez, desarrollar nuevas teorías en el área.

Hacia 1955 cambió su interés hacia el Álgebra Homológica y la Geometría Algebraica. Sus aportes, considerados revolucionarios en estas áreas, lo hicieron merecedor de la medalla Fields en 1966, que sería entregada en el Congreso Internacional de Matemática en Moscú. Por oposición a la política militar rusa, no fue a recibirla. En esos años dorados de intensa producción científica, se destacó por la pasión y generosidad con que compartía sus ideas con los colegas y estudiantes. Sus fuertes convicciones pacifistas lo llevaron a renunciar en 1970 al Institut des Hautes Études Scientifiques luego de descubrir que parte del financiamiento que recibía provenía de fuentes militares. Fundó el grupo ecologista “Vivre et Survivre”, desde el que entusiasmó a numerosos jóvenes con su personalidad carismática.

Se retiró en 1973 a la pequeña universidad de Montpellier. Allí se fue alejando de la investigación matemática y concentrando en sus reflexiones sobre problemas medioambientales, la ecología y el  movimiento antinuclear. Su cuestionamiento a la ética de la comunidad científica hizo que en 1988 rechazara el cuantioso premio Crafoord de la Academia Sueca. Gradualmente fue renegando de la vida en sociedad y se internó en sus meditaciones filosóficas. En 1991, y sin previo aviso, dejó su casa y se fue a vivir a un lugar no precisado de los Pirineos para rehusarse al contacto con casi cualquier ser humano. En 2010 hizo una declaración en la que solicitó que no se publicara ningún texto de su autoría, ni en papel ni electrónicamente.

Vivió sus últimos años como un eremita. Falleció a los 86 años el pasado 13 de noviembre. La matemática está de duelo.

(*) Cuando yo era un chico, me gustaba ir a la escuela. Teníamos el mismo maestro para enseñarnos a leer y a escribir, el cálculo, el canto (tocaba un violín pequeño para acompañarnos), o los hombres prehistóricos y el descubrimiento del fuego. No me acuerdo de haberme aburrido nunca en la escuela. Estaba la magia de los números, y la de las palabras, de los signos y de los sonidos. También la magia de la rima en las canciones o en los pequeños poemas. Parecía haber en la rima un misterio más allá de las palabras.

A. Grothendieck. La magia de las cosas. Cosechas y Siembras