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Chris Husbands: ¿Para qué sirven las universidades?

El director del Instituto de Educación de la Universidad de Londres brindó el pasado 1 de noviembre una conferencia en San Andrés. El siguiente texto es un fragmento de la presentación.
En 1088 la comuna de Bologna invitó a algunos estudiosos en Derecho para que dieran su consejo acerca de los alcances en la región de ciertas leyes romanas. Estos intelectuales proporcionaron, de ese modo, la base para el crecimiento de la Escuela de Derecho local, que fue la primera Universidad que se estableció en el mundo occidental. Cien años después le siguieron a ésta las facultades de Medicina y de Filosofía, mientras que la de Ciencias fue fundada en el siglo XVII.
En 1880, por su parte, se establecieron la Universidad de Birmingham, que tenía como misión educar para favorecer el crecimiento de la industria local; la Universidad de Jönköping, donde se estudiaba Medicina, Ingeniería y Artes; y las universidades de Delhi y de Ghana. Todas tenían un enfoque similar: educar un cuadro técnico y profesional para la economía. A casi mil años de la fundación de la primera casa de estudios, llegamos a la conclusión de que las universidades continúan transmitiendo ciertas ideas importantes sobre los sujetos, el desarrollo de una elite local a través de la enseñanza y la importancia de establecerse en un lugar geográfico preciso.

La mayoría de las universidades europeas, entre ellas La Sorbona, fueron impulsadas por la Iglesia. La de Oxford, por ejemplo, fue fundada en 1209 cuando Enrique II prohibió a los eruditos ingleses que estudiaran en la Universidad de Padua, que a su vez se desarrolló cuando algunos profesores y estudiantes decidieron abandonar la de Bologna al sentirse amenazados en su libertad académica.

En sus comienzos, las universidades eran de pequeña escala pero, en la actualidad, las más grandes del mundo son enormes. En la Universidad Indira Gandhi, en India, estudian 3,5 millones de alumnos; otro millón lo hace en la Universidad de Bangladesh y unos 500 mil en la de Bombay. La de California, por su parte, tiene múltiples locaciones en todo el estado y en diferentes partes del mundo. La de Nothingam posee un campus en China y enormes cantidades de estudiantes a distancias. En los últimos 40 años, en tanto, hemos visto algo muy bueno para las universidades y es que se han expandido: hay 8.400 en India y unas 5 mil en Estados Unidos, por citar dos casos.

Una respuesta simple sería que la Universidad persigue la excelencia a través de la investigación y el estudio. Existe para crear, comunicar, formar y brindar conocimiento e ideas de un modo más accesible para la sociedad. Pero esto no es suficiente como definición de la misión que tienen las universidades.
Al haber crecido en número y en escala, vale la pena pensar un poco más qué constituyen. Si apartamos la investigación y la enseñanza, la universidad deja de ser. Algunos académicos dirán que para expandir las fronteras del conocimiento, difundirlo y crearlo, basta con dos funciones principales: investigar y enseñar. Kimura, un especialista japonés en educación universitaria, identificó otras cualidades que deben tener estos establecimientos: dar servicio a la comunidad, apoyar el desarrollo económico local, proveer consultoría, ser un espacio para el debate público e identificar a aquellos jóvenes que en el futuro serán líderes. Añadiría una más, y es que la Universidad tiene que asegurarle a un país una ventaja eco nómica, porque alrededor del mundo los gobiernos invierten en educación superior como un camino hacia la economía del conocimiento.

Desde la década del 60 se registró un incremento en la participación de los estudiantes y la educación superior se volvió masiva y global. Durante siglos sólo una muy pequeña porción de la sociedad concurría a la Universidad, pero ahora entre el 30 y el 50% de los jóvenes mayores de 18 años lo hace. Este proceso, sin embargo, genera una presión sobre las universidades a partir de los cambios introducidos en el mercado de las habilidades, las nuevas tecnologías y la producción privada de conocimiento.

En este contexto, ¿las universidades pueden hacer actualmente lo que hacían cuando eran pequeñas y se dedicaban a la elite? ¿Pueden servir a una comunidad si la mayoría de sus estudiantes están esparcidos alrededor del mundo y cursan a distancia? ¿Pueden hacer investigación si los gobiernos condicionan su apoyo financiero? Pluralismo, la ventaja. La Universidad de Padua se estableció cuando los estudiosos de la Universidad de Bologna se apartaron por lo que llamaron ofensas a la libertad académica.

El académico y político inglés Conrad Russell sostuvo en su obra el argumento de que la libertad es el principio de la vida académica y que el derecho de perseguir cualquier cuestión, independientemente de su conclusión, es más importante aunque pueda ser incómoda.

A principios del siglo XXI el conocimiento se expandió en el mundo y esto derivó en un incremento de las investigaciones que se publican cada año. Pero el rol de las universidades frente a la investigación cambió. Mientras que en el pasado se llevaba a cabo por curiosidad, ahora queda en manos, en muchos casos, de empresas privadas y el gobierno que contratan a departamentos universitarios e imponen restricciones a la investigación.

El financiamiento público destinado a la investigación, por su parte, declinó en los últimos años, en tanto que docentes y estudiantes decidieron abandonar el ámbito universitario para desarrollar su trabajo del conocimiento fuera de los claustros. El porcentaje de investigación nacional de las universidades es menos del 50% del total en el mundo.

A mediados de 1800, el británico John Henry Newman publicó un texto en el que opinó que la universidad debía ayudar a sus estudiantes a desarrollarse como pensadores a través de una educación liberal y no necesariamente asociada con la capacitación vocacional. Newman se ha convertido en un símbolo para los que creen que las actividades académicas deben estudiarse e investigarse por sí mismas y no por sus beneficios prácticos. En los últimos años, sin embargo, se ha sugerido que los gobiernos abandonaron esto cuando decidieron promover la educación empresarial, imponiendo un marco burocrático a los niveles académicos. Las presiones del mercado han llevado a sostener un enfoque que desprecia, en cierto modo, la idea de los valores académicos. Algunos intelectuales, incluso, creen que la idea de Newman ha sido destruida en las universidades y hay razones para ello.

Entonces, parece no haber una respuesta que conteste para qué están destinadas las universidades, de las que esperamos que realicen todo un tipo de cosas al mismo tiempo: que sean tradicionales e innovadoras; conservadoras en su conocimiento pero que desafíen a las convenciones; que sean excelentes y también igualitarias; que cubran las necesidades de la población en la que están establecidas pero, al mismo tiempo, sean globales.

Todos tienen expectativas diferentes acerca de qué debe brindar una Universidad. Los políticos tienen una visión al respecto, como también las empresas, los miembros de la comunidad universitaria, los académicos, los vecinos y los medios de comunicación. La respuesta todavía está abierta.