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Sebastián Galiani: La triste historia reciente del sistema integrado de estadísticas nacionales en Argentina

"Se le atribuye a Martin Lutero haber dicho que 'una mentira es como una bola de nieve; cuanto más rueda, más grande se vuelve'. En cierta forma, esta frase se relaciona estrechamente con la política sobre información estadística llevada a cabo por el Gobierno Nacional tras la intervención del INDEC en el año 2007", opinó el profesor del Departamento de Economía. La versión original de la nota puede verse aquí: http://goo.gl/JztWM9

Como hemos visto durante estos últimos siete años, ha habido grandes discrepancias entre las estadísticas de inflación nacionales y las privadas. Por ejemplo, en las últimas estadísticas reveladas las diferencias son notables: mientras que la inflación oficial proyecta un valor del 24% anual para el año 2014, las estadísticas privadas alcanzan el 40%. Más aun, los economistas bien sabemos cómo dicha subestimación se traslada, en forma directa o indirecta, a otros indicadores macroeconómicos. No resulta extraño que tras la intervención en el índice de precios del consumidor en el año 2007 se descontinuara la publicación de la valorización de la canasta básica de alimentos, la cual se utiliza para calcular la línea de pobreza e indigencia. De esta manera, la fiabilidad de variables como PBI, pobreza e indigencia están cuestionadas desde la intervención del INDEC del año 2007.

Ahora bien, recientemente se sumaron nuevas discrepancias sobre otras estadísticas oficiales (tal vez no relacionadas en forma tan directa con la tasa de inflación) como es el caso del nivel de empleo. Si bien los datos del INDEC muestran una caída en la tasa de empleo (del 42.9% en el tercer trimestre de 2013 al 41.3%), hay discrepancias sobre los valores absolutos del empleo y de la desocupación. De cierta forma, se podría decir que las variables mencionadas (inflación, PBI, pobreza, empleo y desempleo) forman una gran “bola de nieve” de mentiras que ha creado el gobierno en los últimos años.

Lamentablemente para el gobierno, llega un punto en el que la bola de nieve se vuelve tan grande que es imposible de esconder porque la realidad no acompaña el relato oficial. En cuanto a la inflación, si bien el gobierno puede ignorar a la ama de casa encargada de hacer las compras todos los días, quien reclama el aumento de precios, le cuesta más ignorar un paro nacional llevado a cabo por la CGT pidiendo la actualización del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias o los paros de los docentes bonaerenses por no lograr un acuerdo en las paritarias salariales. En cuanto a la caída del producto y sus consecuencias en el desempleo, es imposible esconder los conflictos laborales que se presentan a menudo debido a los grandes despidos que ha habido, por ejemplo, en la industria automotriz. En definitiva, se presentan asiduamente situaciones evidentes para cualquier ciudadano que lo informan acerca de la nula fiabilidad de las estadísticas oficiales.

Sin embargo, el problema resulta aún más grave cuando la gran bola de nieve empieza a quebrantarse porque las mentiras acumuladas empiezan a generar inconsistencias evidentes. Quizás el caso más divulgado fue cuando el INDEC informó que el costo de alimentarse por día era de 6 pesos. Pero también existen otros casos que reflejan la inconsistencia de los datos que presenta el gobierno. Por ejemplo, presentando un índice de pobreza que es menor al de Suecia. En última instancia, lo que termina ocurriendo es que llega un punto en el que las mentiras, para ser sostenidas, llevan a otras mentiras, las cuales terminan revelándose por su gran incongruencia. Volviendo al caso del índice de pobreza, validar su reducción extrema necesita la alteración de otras variables socioeconómicas. Lamentablemente, no sería extraño que ese sea el caso, y se estén afectando o se terminen afectando otras estadísticas como, por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil (el cual está estrechamente ligado con el nivel de pobreza).

En síntesis, el problema de mentir con las estadísticas económicas es que la correlación que existe entre las variables socioeconómicas termina generando que una mentira se transforme en muchas mentiras hasta llegar a un punto en el que la realidad ni la lógica acompañan los datos. Como escribió Gabriel García Márquez en el coronel no tiene quien le escriba: “Lo peor de la mala situación es que lo obliga a uno a decir mentiras”.