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María Inés Barbero: “Los empresarios no son héroes ni villanos”

"La cuestión es cómo separarse de esa visión tan ideologista y estudiar a los empresarios como una parte de la sociedad argentina, como uno de los sectores que toman decisiones", expresó la profesora de la Escuela de Administración y Negocios. La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.ieco.clarin.com/afterwork/Maria-Ines-Barbero-empresarios-villanos_0_1265273818.html

La biografía intelectual de María Inés Barbero ilumina también las fases de la historia de empresas desde la década de 1970. Graduada en historia por la UBA en 1972, evoca hoy la primavera democrática de 1973 así como la represión posterior, cuando la echaron de la universidad estatal y pudo refugiarse en la Del Salvador. Tras estudiar en Italia en 1980, regresa con nuevas ideas al país, y se concentra en el estudio de los empresarios inmigrantes. Luego, desde mediados de los '80, como directora en la Universidad de San Andrés del CEHDE (Centro de Historia y Desarrollo de Empresas) fue enfocándose en la historia de empresas, al tiempo que esta rama de la historiografía también mutaba.

Por un lado, explica Barbero, entra en crisis el paradigma de las grandes empresas, instaurado por el estadounidense Alfred Chandler, el "patriarca" de la historia de empresas durante el siglo XX. "Chandler se centró mucho en la problemática del management, es decir en la organización y la gestión de las empresas. Pero otros historiadores plantean la necesidad de estudiar la relación entre empresas y Estado, o las pymes, o las redes de empresas", explica.

"Ocurre también que es más fácil estudiar a la gran empresa porque hay muchos más elementos disponibles. Las pequeñas no suelen guardar sus archivos y suelen además tener más reticencia, porque se mezcla mucho la vida de la empresa con la vida de la familia", marca Barbero. "Pero es imprescindible hacer la historia de las pymes, pues ellas explican gran parte de la producción y una parte enorme del empleo."

Actores que deciden

Por otro lado, explica la académica, la historia de empresas vivió un segundo cambio en las últimas décadas: "Entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y comienzos de la década de 1970, predominaba lo que se llama la historia estructural, es decir la idea de que los márgenes de libertad de los actores eran mínimos, y que lo que condicionaba casi por completo era el contexto. Esto ocurría tanto en la historia como en la antropología o en la sociología. Pero luego empezó a ponerse el foco en las estrategias de los actores, y esto creo que explica la fortaleza que empieza a adquirir la historia de empresas en Europa, Japón, Corea y América latina. Porque se rescata la libertad que tienen los individuos para tomar decisiones. Es decir, si bien hay condicionamientos externos, no todos reaccionan de la misma manera. Justamente esas estrategias se diseñan a partir de la historia de las personas y de las empresas, de modo que se van acumulando saberes y experiencias que son clave a la hora de tomar decisiones".

Barbero, sin embargo, no olvida los límites de procedimiento que tiene su objeto de estudio: "En Ciencias Sociales siempre hay tensión entre lo general y lo particular. Los historiadores tendemos a ser particularistas, por lo que hay que dar un paso hacia la historia comparada, que es algo así como el laboratorio para nuestra disciplina, porque no podemos hacer experimentos. Así, para mí es clave, a través de esas comparaciones, poder encontrar recurrencias e identificar generalidades".

-Usted señala en sus libros la existencia de dos grandes líneas en la historiografía de empresas en la Argentina.

-Hay una interpretación, en los trabajos de Jorge Sábato y Jorge Schvarzer, donde se enfatiza que la presunta falta de espíritu innovador en los empresarios argentinos es una clave para explicar nuestros problemas de desarrollo. Digo esto con el mayor respeto hacia ellos, que hicieron mucho por la historia de empresas e instalaron el tema del rol de los empresarios. Pero postulan que la Argentina se fue quedando, respecto de otros países, por carecer de empresarios schumpeterianos, tomadores de riesgo. A mí esa explicación me parece simplista, porque la realidad es multifacética: hay empresarios rentistas, pero también los hay muy innovadores y capaces de tomar riesgo. Existe una división entre los historiadores: unos tienen una visión muy crítica hacia los empresarios, en especial la gente de mi generación, que nos formamos en un mundo muy convulsionado. Cuando yo estudiaba, el empresario era visto como el enemigo de clase... La cuestión es cómo separarse de esa visión tan ideologista y estudiar a los empresarios como una parte de la sociedad argentina, como uno de los sectores que toman decisiones –junto con los sindicatos, la clase política, en su momento los militares–, que fueron diseñando un contexto poco satisfactorio en términos de desarrollo, distribución del ingreso, etcétera. Creo que hoy en la Argentina estamos haciendo mucho por romper con el prejuicio hacia ambos lados: no ver a los empresarios como héroes, pero tampoco como villanos.

-También ha puesto el foco en la formación de grupos empresariales.

-Me interesa entender por qué se crearon grupos diversificados, cómo influyó el contexto en su creación. Otro enfoque hace más hincapié en el poder de los grupos. Mi objetivo, en cambio –aunque ambos se complementan y no pueden ignorarse–, es chequear aspectos de la teoría de la empresa y entender qué tipo de gran empresa se forma en los mercados emergentes y por qué. Y observo que, en general, los grupos crecen donde no hay buenos mercados de capitales. Algunos autores hablan de ausencia de buenos mecanismos de información, de modo que son las relaciones personales e intragrupo las que permiten la circulación de información. Y cuando hay mucha incertidumbre y un contexto muy volátil, la diversificación de inversiones en un grupo permite reducir riesgos.

-En el libro "Contra viento y marea" está muy marcado el aspecto territorial como factor de desarrollo de las pymes.

-Lo que vimos, con los autores y trabajos publicados en el libro, es que si las empresas logran insertarse en un territorio donde pueden generar sinergias con otras –tanto de la misma actividad como complementarias–, la competitividad crece. En mi experiencia, creo que es clave la función de las autoridades locales, como el caso de Rafaela, una zona muy dinámica. Y que no son sólo ventajas impositivas, sino también capacitación, acceso a la información, o aun ayuda para viajar a las ferias.