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Federico Merke: El deshielo en el Caribe, dos cálculos de oportunidad

"En un giro inesperado, y tras una paciente negociación para intercambiar prisioneros típica de la Guerra Fría, Obama se propuso dar por terminada la sanción más extensa de la historia de Estados Unidos. Claro que no estuvo solo. A sólo noventa millas de Miami, Raúl Castro hizo su propio cálculo", comentó el director de las carreras de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.lanacion.com.ar/1753922-el-deshielo-en-el-caribe-dos-calculos-de-oportunidad

La decisión del presidente Barack Obama de normalizar las relaciones diplomáticas con Cuba inaugura un nuevo capítulo en la relación bilateral, cuyo fin aún desconocemos. Sabemos, claro, cómo comenzó. Los presidentes de Estados Unidos, se dice, buscan en su primer mandato la reelección, o el oro, y en su segundo mandato el legado, o el bronce. En poco tiempo, un prudente, ambiguo y hasta inconsistente jefe de Estado se convirtió en un innovador y arriesgado presidente. Si a esto le sumamos la inacción del Congreso para discutir importantes asuntos, un cambio en la opinión pública más favorable de terminar con el bloqueo y una pérdida relativa de los grupos de presión cubanos, los incentivos para tomar decisiones a través de órdenes ejecutivas se hicieron más evidentes. En efecto, lo que hizo con Cuba es lo que hizo recientemente con Irán (el Plan Conjunto); con las migraciones y con la Iniciativa del Cambio Climático.

En un giro inesperado, y tras una paciente negociación para intercambiar prisioneros típica de la Guerra Fría, Obama se propuso dar por terminada la sanción más extensa de la historia de Estados Unidos. Claro que no estuvo solo.

A sólo noventa millas de Miami, Raúl Castro hizo su propio cálculo. En línea con el giro pragmático puesto en marcha en 2008 y con una economía cubana estancada, Castro le bajó el precio a la relación con Venezuela, su gran benefactor. La caída de la popularidad de Maduro y un petróleo por debajo de los sesenta dólares, concluyó, no le ofrecen garantías de seguir contando con el financiamiento bolivariano. El razonamiento desde La Habana es que la sociedad internacional está siendo testigo de una mayor disociación entre capitalismo y democracia y, por lo tanto, que el país se puede insertar en la globalización y mantener un régimen político cerrado. China y Vietnam son de algún modo el paradigma a seguir.

El razonamiento desde Washington, en cambio, es más liberal y consiste en suponer que una mayor interdependencia económica y cultural creará presiones para la apertura política. El mismo pensamiento, claro, que fue utilizado para avanzar en la relación con China y para normalizar la relación con Vietnam. No podemos saber cuál lógica es la más acertada, pero sí podemos examinar qué capacidad tiene Cuba para mantener un equilibrio entre crecimiento económico y estabilidad política.

Como en el modelo asiático, Cuba aspira a construir un nuevo esquema de legitimidad basado en el progreso económico, no en la apertura política. El desafío, acá, es enorme. Si Cuba pretende modernizar su economía sin convertirse en un Estado logístico que acompañe los cambios en el mercado y la sociedad llevará las de perder.

Del lado de Washington tampoco el camino será fácil. El embargo a Cuba se inscribe en un entramado complejo de leyes y regulaciones que sólo el Congreso puede desenredar. Una próxima mayoría republicana hará más costosos los cambios. Pero el Congreso es una amplia zona de negociación, regateo e intercambios. Miremos, si no, el acuerdo aprobado en el Congreso la semana pasada, que impondrá sanciones a Venezuela. Sí, con el apoyo de los republicanos, Obama firmará el acta de defensa de la democracia en Venezuela.

Suave con Cuba, duro con Venezuela no parece ser un mal acuerdo para muchos republicanos que poco se identifican con la causa cubana. Así, Estados Unidos, con relativamente poco, está debilitando al régimen de Maduro, poniendo restricciones financieras y de visados, por un lado, y quitándole a Caracas la estrella ideológica que guía su camino al socialismo del siglo XXI.

Queda un intenso camino por recorrer, no sólo para Cuba, sino para toda una región que siempre encontró en el embargo un punto desde donde proyectar críticas y broncas. Por muchos años, cuatro elementos blindaron al régimen cubano: una activa diplomacia, un generoso benefactor, un bloqueo injusto y el agua alrededor. Al menos dos elementos están en vías de extinción, y la diplomacia cubana está cambiando también como reflejo del pragmatismo adoptado por los Castro. ¿Podrán el pragmatismo y la geografía garantizar una larga vida al régimen?