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Emiliano Guido

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Khatchik Derghougassian: “El terrorismo no controla a sus lobos solitarios”

"Los éxitos en el terreno militar de los islamistas en Siria e Irak no se explican sin el apoyo financiero de las monarquías del Golfo, pero sobre todo la asistencia logística, y a veces militar, de Turquía. Pero también la torpeza de la política de Estados Unidos y sus aliados europeos en el Medio Oriente", explicó el profesor del Departamento de Ciencias Sociales.

A trece años de los atentados del 11 S, el movimiento terrorista sunita, ahora bajo la sombra de dos grandes troncos organizativos –Al Qaeda y el ascendente Estado Islámico–, sigue generando acciones desestabilizadoras. Esta semana, un miliciano iraní sacudió el pacífico transcurrir diario del centro de Sidney cuando protagonizó una larga toma de rehenes en un coqueto café de la ciudad; horas más tarde, un grupo talibán hizo tronar un colegio paquistaní con una bomba y liquidó a cientos de niños. Miradas al Sur dialogó con el experimentado profesor Khatchik Derghougassian para intentar leer con mayor profundidad la ofensiva militar de dos grupos fundamentalistas que, al parecer, siguen gozando de buena salud a pesar de las macabras torturas desplegadas por la CIA para ganar la guerra contra el terrorismo.

–Hechos como los de Sidney intentan visibilizar, aparentemente, a nivel global las demandas del Estado Islámico. ¿Existe, sin embargo, un vínculo orgánico entre los denominados “lobos solitarios” y la cúpula terrorista?

–La lógica de una organización en forma de una red sin un centro tiene muchas ventajas por la evidente flexibilidad operativa desplegada, pero también presenta algunas desventajas. La mayor desventaja –para los islamistas, se entiende– es que la lucha por el poder es inevitable, y hasta inminente como lo demuestran los enfrentamientos en Siria entre los seguidores del Estado Islámico y Yabhat Al-Nusra; pero, sobre todo, la confrontación más amplia para la dominación del liderazgo de la Yihad global entre Abu Bakr Al-Baghdadi, el autoproclamado califa del Estado Islámico, y el sucesor de Osama Bin Laden, Ayman Al- Zawahiri. La otra desventaja es que no hay control sobre quienes se apropian de la marca del “islamismo” y recurren al terrorismo conocido como de los “lobos solitarios”. Es el caso del terrorista de Sidney. Un impostor buscado por Irán que se refugió en Australia y que se hizo pasar por un religioso recibiendo todo tipo de condenas de la comunidad chiíta local. Esta persona cometió graves actos de delincuencia, incluyendo homicidio, pero las autoridades australianas desoyeron las advertencias que Teherán les mandaba. Hasta que el impostor se convirtió al sunismo, levantó las banderas del Estado Islámico y cometió el acto de terrorismo cuyo salvajismo se opacó pronto con la barbarie de los talibanes en Pakistán, donde masacraron sin piedad a niños en una escuela.

–Ya que lo menciona, el atentado en Pakistán tiene el sello indudable de Al Qaeda, una organización que, por el despliegue de su logística y búsqueda de poder, parece pensarse como una multinacional. ¿Es exagerado hacer esa afirmación?

–Al Qaeda fue la primera expresión más concreta de un movimiento global que parecía haberse dedicado a la Yihad sin haber establecido con precisión la relación estratégica entre la violencia y los objetivos políticos. Indudablemente, la ocupación estadounidense de Afganistán e Irak les permitió territorializar la lucha y darle objetivos más concretos sin por ello terminar con el terrorismo global pues esta táctica daba resultados bastante concretos demostrando la capacidad de los yihadistas de golpear a Nueva York, Londres, Madrid, Bali o Irak. Sobre todo permitió la reorganización de Al Qaeda en contextos territoriales, a saber: el norte de África, la península árabe e Irak y Siria. Además, sobre todo después de 2006, la lucha de los islamistas sunitas tomó claramente un sesgo sectario cuando los chiítas se transformaron en su mayor blanco. Una vez más, países sunitas como Turquía, bajo el dominio del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan al poder desde 2002, y las monarquías del Golfo pensaron “usar” a los islamistas con el doble fin de contener la influencia de Irán y de luchar contra los chiítas. De ahí, los éxitos en el terreno militar de los islamistas en Siria e Irak no se explican sin el apoyo financiero de las monarquías del Golfo, pero sobre todo la asistencia logística, y a veces militar, de Turquía, pero también la torpeza de la política de Estados Unidos y sus aliados europeos en el Medio Oriente.

–Brevemente, ¿cuáles son las claves históricas para entender las raíces políticas del movimiento sunita?

–El fenómeno del islamismo contemporáneo, en este caso se trata del islamismo sunita, cuyas raíces se remontan a la fundación de los Hermanos Musulmanes por Hasan Banna en 1928 y su giro hacia la violencia política en los años ’70 con la referencia a los escritos de Saíd Al-Qutub (ambos egipcios), se caracteriza por ser una red global carente de centro. Si seguimos su desarrollo en las distintas épocas veremos que empieza como un movimiento antisecular que se opone al nacionalismo árabe, la ideología emergente en contra del colonialismo franco-británico; en este sentido, el islamismo moderno, así como el islam sunita conservador que llega al poder con la creación de Arabia Saudí en 1932, recibe el tácito, y a veces directo, apoyo primero de las potencias coloniales europeas; luego, después de la Segunda Guerra Mundial y sobre todo desde mediados de los años ’50, de Estados Unidos, que lo consideran como un contrabalance a la ideología nacionalista. En ese sentido, la abolición del Califato por Mustafa Kemal en 1924 significó un golpe muy fuerte a la institución que simbolizaba la unidad de la Umma, la comunidad musulmana sin distinciones étnicas o nacionales. Por lo tanto, la reunificación de la Umma, una suerte de utopía transnacional antes de la transnacionalización de la política, queda como el gran objetivo de la mayor organización islamista, los Hermanos Musulmanes, que se expanden desde Egipto hasta Palestina, Siria y otros países.

–¿Por qué afirma que EE.UU. es clave en la formación de Al Qaeda?

–Porque fue la guerra de Afganistán y el apoyo de Estados Unidos a los muyahidín lo que va a permitir a los islamistas no solo adquirir formación y experiencia militar a menudo bajo el auspicio de la CIA, sino también organizarse en la lógica de una red global y adaptarse al contexto internacional que viene después de la Guerra Fría. En la formación de esa red tuvo una mayor importancia el aporte financiero que provino tanto de las monarquías del Golfo así como de vastos sectores de la propia sociedad civil sunita en el mundo entero. Como ha sido el caso de los británicos en su apoyo indirecto a los Hermanos Musulmanes, y luego de Sadat, para citar unos ejemplos, los estadounidenses también pensaron que podrían usar a los muyahidín para su fin superior que era la lucha contra la URSS. Pero fue una ilusión, porque el fenómeno adquirió existencia propia.