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Enrique Hofman: Competitividad y tecnología o sustitución de importaciones

"Pensar en abrir una discusión a nivel nacional en donde el tema fuera la sustitución de las importaciones, en qué medida, en qué rubros, total o parcial, nos corre del foco del verdadero replanteo que tiene que basarse en los conceptos de competitividad, innovación y tecnología, entendiendo por tecnología su verdadero significado, que alude al conocimiento", analizó el director de la Maestría y Especialización en Gestión de Servicios Tecnológicos y Telecomunicaciones. La versión original de la nota puede verse aquí: http://goo.gl/fSffyR

Estamos asistiendo a una discusión sobre el modelo productivo, por igual en servicios y manufactura, en la que podemos visualizar posiciones diferenciales: una histórica, tradicional y del sentido común de las décadas pasadas; y otra rupturista y propia de las políticas de crecimiento de algunos países que tienen éxitos para mostrarnos en los últimos 20 años.

Desde hace varias décadas asistimos a una "verdad" aceptada por el común de la gente respecto del modelo productivo de la Argentina, que debiera reunir las siguientes condiciones: producir nacionalmente la mayor cantidad de insumos y productos posibles; disminuir al máximo las importaciones; agregarle valor a las materias primas; y, por último, el ajuste de competitividad que no se lograra vendría por modificación de la paridad cambiaria para equilibrar injusticias externas.

Por otro lado, asistimos en las últimas tres décadas, al desarrollo de países que dieron un salto cualitativo y cuantitativo enorme, partiendo prácticamente de la nada, con una visión opuesta a la anteriormente citada: aumento dramático de las exportaciones en cinco, 10 o hasta 20 veces la magnitud del mercado interno; aumento de las importaciones para abastecer la maquinaria productiva exportadora y el mercado interno; portafolio de manufacturas y servicios ampliado en tradicionales y no tradicionales; optimización y aumento constante de la producción de materias primas; incremento en la exportación de servicios y manufacturas no tradicionales.

En la segunda opción se observan casos interesantes en Corea del Sur, Finlandia, Singapur, Malasia, India, China y, en menor medida pero con el mismo espíritu, Colombia, Chile y Uruguay.

A partir de estos ejemplos, quedó muy claro que la optimización de la balanza comercial proviene mayormente del aumento de las exportaciones y de su diversidad, y no de la disminución de las importaciones. El aumento de las importaciones refleja no solamente el dinamismo de la economía sino una mejor calidad de vida en términos de diversidad y precio para los sectores de menores recursos.

Respecto de la sustitución de importaciones, que desde el sentido común tradicional nos evitaría una sangría de recursos, podría ser pensado de otra manera, en donde la tasa de crecimiento de las exportaciones o su velocidad de crecimiento sea mucho mayor que la tasa o velocidad de crecimiento de las importaciones, produciendo una economía más estable y sustentable, no solo por lo expresado, sino también por el aumento de diversidad de la oferta al mercado global desde nuestro país, que indirectamente impulsa el aumento de portafolio, o sea, la diversidad en términos de manufactura y servicios (sean tradicionales o no).Para entender lo expresado imaginemos hipotéticamente un caso extremo en el que en la producción de un bien o un servicio el 100% de los insumos fuera importado. Aún así se le estaría agregando valor y se produciría un plus que agregaría a nuestra balanza comercial.

Por otro lado, es imposible pensar razonablemente en un ambiente global de 200 países, que los miles de componentes de un automóvil o de un electrodoméstico, por ejemplo, pudieran ser fabricados en un solo origen con calidad, tecnología y costos competitivos.

La distribución del esfuerzo global se basa en que las naciones producen pocos productos o servicios pero con excedentes muy importantes que posibilitan las importaciones de la mayoría de los productos o servicios ofrecidos por las demás.

No se plantean como excluyentes, ni deben serlo, los productos tradicionales de los no tradicionales, pero tampoco el aumento de las exportaciones con el aumento de las importaciones. No es un contrasentido pensar en una especialización lo más diversificada posible. Esto quiere decir, pensar en los pocos miles de productos o servicios que podemos producir respecto de las decenas o centenares de miles de productos que debiéramos importar.

La clave del sistema se basa, desde luego, en que la producción, la productividad y la competitividad estén a la altura de las mejores ofertas globales y que la optimización de los indicadores produzca no solo un superávit de la balanza, sino, al mismo tiempo, la elevación en la calidad de vida de la población y en la oferta de productos y servicios. Esta situación arrojaría como resultado un aumento importante de las importaciones y de su diversidad.

No hay ningún inconveniente en que podamos llegar a pensar que lo antedicho sea aplicable a grandes empresas nacionales o internacionales como a pymes.

Pensar en abrir una discusión a nivel nacional en donde el tema fuera la sustitución de las importaciones, en qué medida, en qué rubros, total o parcial, nos corre del foco del verdadero replanteo que tiene que basarse en los conceptos de competitividad, innovación y tecnología, entendiendo por tecnología su verdadero significado, que alude al conocimiento.