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Guillermo Mizraji: Alberto Nisman ( Z´L)

"Alberto Nisman fue un fiscal extraordinario. Tenía en claro cuál era su función en el cargo que ostentaba. Con agallas y sentido patriótico no dudo en confrontar al poder y por ello murió", consideró el abogado y profesor en el Departamento de Derecho de San Andrés. Su dirección de mail es gmizraji@estudiomd.com

La oscura muerte del  fiscal Alberto Nisman, ocurrida hace casi un mes, ha generado en  los argentinos un recalentamiento y una aceleración inesperada en los inicios del año.

Desde lo ocurrido los ciudadanos bien nacidos acrecientan su congoja, su tristeza; los abruma la perplejidad por lo sucedido. El miedo envuelve y torsiona sus mentes; se sienten desprotegidos: a la intemperie y sin recursos ante lo peor que pueda avecinarse. Saben que el Estado está ausente y no cumplirá con la principal consigna: su obligación de velar por la protección de los derechos ciudadanos asegurando, así, el interés general. Advierten que el estado de derecho está suspendido. Que conocer la verdad de lo sucedido y el por qué, es casi una entelequia imposible de lograr.

Las instituciones argentinas “están pintadas”. La república ha dejado de existir. Nuestro país va en camino de transformarse en un “montón” de personas agolpadas en un territorio que no podrá considerarse  una verdadera Nación. A falta de leyes que nos protejan el “sálvese quien pueda” se ha instalado como la salida más apropiada ante la urgencia.

La estructura del Estado existe pero pertenece a otros: los que detentan el poder para su propio beneficio. Se ha transformado en una herramienta para satisfacer intereses particulares. Son los intereses de aquéllos que han logrado una metástasis en todos los rincones del cuerpo del país que exuda una pestilencia nacida en la corrupción impune que alienta el Gobierno y ejecutan sus operadores. Son la Hydra que a través de sus tentáculos depredan nuestro tejido social; marginan y excluyen, de ser necesario, hasta la muerte física de todos aquéllos que por no pensar igual son considerados los enemigos de la “causa del pueblo”.

Alberto Nisman fue un fiscal extraordinario. Tenía en claro cuál era su función en el cargo que ostentaba. Con agallas y sentido patriótico no dudo en confrontar al poder y por ello murió. Dio su vida por la causa. Integró ese músculo intelectual de valientes que la Argentina todavía resguarda. Desde que tuvo la causa AMIA entre sus manos investigó hasta el tuétano de los hechos. Denunció a todos los que querían y quieren enterrar con cal viva el atentado a la mutual judía y hacer desaparecer a los responsables directos y a sus  encubridores, del atentado terrorista más grande de la historia de nuestro país.

Alberto Nisman demostró coraje y valentía al señalar a todos los Luis D´Elía y Héctor Timerman, encubridores de la mentira y traidores de la patria quienes, con la anuencia del poder político, obstaculizan la búsqueda de la verdad.

Alberto Nisman está muerto porque lo dejaron solo. Todos nosotros lo acompañamos en esa muerte porque la desolación que nos invade y la desconfianza que nos atropella nos quita, día a día, la vida. Porque avizoramos el caos y porque sabemos que una sociedad no puede vivir por mucho tiempo en el caos. Sin embargo, no tenemos respuesta. Nos miramos atónitos. Vamos de aquí para allá como zombies errantes con los brazos extendidos. Sabemos que nuestra sociedad esta desfondada; que el tejido social está deshilachado por obra del populismo, la corrupción, y las dádivas. Nuestro mal es moral. Nuestro contrato social está roto; los pactos ya no los honramos. Nuestro rumbo es errante. El filósofo escocés David Hume sostuvo que el progreso de las naciones se funda en el respeto de los pactos. Así, se distinguen las sociedades civilizadas, donde impera la confianza, de las hordas bárbaras, donde impera la espada.

Alberto Nisman ya no puede hablar; ya no puede denunciar, probar y acusar. Los hijos más probos de esta tierra deben levantar el testimonio que él dejó. 

La gente común, el hombre de la calle, las mayorías silenciosas ultrajadas por el terror, todos, deben volver a creer en las instituciones. Convencerse de que el terrorismo que hoy nos asfixia puede combatirse. Que la corrupción no es una pandemia: que podemos extirparla. Que es posible lograr un poder político cuyo oficio no sea el fomento de la corrupción. Que la justicia argentina puede actuar con justicia. Estos son los objetivos.

Por nuestros abuelos que poblaron estas tierras convencidos de las bondades que podían obtener como resultado del trabajo noble y fecundo; por nuestros padres que supieron mantener y acrecentar ese mensaje; por nuestros hijos que los  queremos ver  crecer y desarrollar en esta Patria, junto a nosotros criando a nuestros nietos, sin vergüenzas y  orgullosos de sus tradiciones. Por nosotros mismos, que nos debemos una vida mejor. No dudo que es el camino a la Patria Grande por la que Alberto Nisman (Z´L) también luchó comprometiendo su vida.

* En el alfabeto hebreo es el acrónimo de "Zijronó LiBerajá" (bendito recuerdo).