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Lorena Moscovich: ¿Por qué marchan los fiscales?

"Si la pregunta es por qué marchan los fiscales, la respuesta debería buscarse en la base de los principios republicanos. Los fiscales demandan la garantía de una esfera autónoma de acción libre de injerencia del Ejecutivo y por la disposición de todas las herramientas posibles para el esclarecimiento de la muerte de Nisman. Los fiscales demandan la división y mutuo control del poder. Los fiscales demandan Justicia legítima", opinó la profesora del Departamento de Ciencias Sociales.La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.rionegro.com.ar/diario/por-que-marchan-los-fiscales-5995417-9539-nota.aspx

Circuló en los últimos días una serie de teorías que intentan explicar las motivaciones de la marcha que se realizará el 18 de este mes, día en el que se conmemorará un mes de la muerte de Alberto Nisman.

Un hecho tan claramente excepcional como el fallecimiento de un fiscal del Estado argentino, en el marco del esclarecimiento de un atentado terrorista y la investigación sobre el Poder Ejecutivo, parecería ser una razón suficiente para una movilización de esta naturaleza. Sin embargo, curiosamente, ninguna de las teorías difundidas en los últimos días mencionó la muerte del fiscal como motivación de la marcha. Se centraron, en cambio, en el oportunismo político de la oposición, el reclamo corporativo de los fiscales y la falta de legitimidad del pedido de justicia por parte de miembros del Poder Judicial.

Vale la pena revisar cada uno de estos argumentos.

El primero sugiere que la oposición se sumará a la marcha para cuestionar al gobierno con fines electorales, que los fiscales actúan parcial y políticamente al permitir que esto suceda y que, en un extremo, este cuestionamiento al oficialismo podría ser interpretado como un socavamiento de las bases de apoyo de un gobierno legítimo (la teoría del "golpe blando"). Este argumento desconoce dos hechos fundamentales. Por un lado, la del 18F, como se denomina a la convocatoria, será la segunda marcha como reacción a la muerte de Nisman. La primera fue espontánea, inorgánica y prácticamente convocada de la noche a la mañana. La nueva movilización parece estar en esa línea y surgir como producto de la mayor conciencia que día a día se toma respecto de la gravedad de lo sucedido (y la constatación de que el Poder Ejecutivo desconoce esta gravedad).

El segundo hecho es que los políticos y sus partidos, entre otros sectores, se han plegado al llamado de los fiscales y lo seguirán haciendo a todo tipo de movilizaciones sociales. Desde, por ejemplo, las marchas por la seguridad hasta la defensa de los derechos humanos, la apropiación partidaria de demandas sociales ha sido una constante sin que esto reste singularidad al objeto de la demanda.

Otro argumento cuestiona la naturaleza de la movilización circunscribiéndola a un reclamo corporativo. Se dice que esta protesta es un evento más dentro de la sucesión de tensiones por la reforma del Código Civil y el nombramiento y la remoción de fiscales. En definitiva, un emergente de la disputa entre el Poder Judicial y el Ejecutivo. Sin embargo, toda la sociedad, y no sólo los fiscales, está conmovida por la sensación de impunidad y vulnerabilidad que dejó la muerte del fiscal. Esta movilización no es un reclamo corporativo de empleados judiciales, así como la movilización por el esclarecimiento del asesinato de José Luis Cabezas no era una demanda por las condiciones laborales de los fotógrafos. En ambos casos la demanda se centra en el esclarecimiento de un crimen impune donde oscuros intereses vinculados con el poder político están involucrados.

No son pocos, por último, los que observan una paradoja en que los fiscales demanden justicia en las calles. Una de las voces del gobierno sugirió que reclamar es un error tanto "como si los chefs reclamaran que se cocina mal". En esa misma línea de pensamiento, ¿sería una paradoja que los docentes, responsables de enseñar, demandaran por mayor calidad educativa? La falta de claridad sobre la responsabilidad de una agencia de inteligencia que depende del Poder Ejecutivo en la muerte de un fiscal de la Nación es un obstáculo sustantivo al accionar del Poder Judicial, obstáculo que no puede ser resuelto con las herramientas institucionales al alcance de sus miembros.

Para entender qué se demanda el 18F cabe recordar que la República implica reconocer que existen diferencias en la sociedad y que las instituciones del poder organizado deben respetarlas a través de la división de poderes, que vela por los que están afuera del mismo. La legitimidad de la Justicia no es electoral, sino que deriva del mérito comprobado de sus miembros, de su idoneidad para el cumplimiento de su función fundamental: velar por la constitucionalidad de los actos de las otras ramas del gobierno elegidas mediante el voto popular. Esta distinción del principio de legitimidad de origen de la Justicia es la quintaesencia de la garantía de los derechos frente a los abusos del poder plebiscitario. Así, la Justicia legítima es aquella que puede mantener la independencia respecto de los demás poderes del Estado.

Cuando el poder político organizado no responde a las demandas de la población y de las instituciones que la representan, la política en las calles es la herramienta legítima y pública para demandar soluciones. La gravedad de la muerte de Nisman es tan indiscutida y la reacción social tan espontánea que las dudas en torno a las motivaciones de la convocatoria parecen, de manera deliberada, sacar el foco del llamado de atención que esta movilización le hace al gobierno para que se ponga a la altura de las circunstancias. Si la pregunta es por qué marchan los fiscales, la respuesta debería buscarse en la base de los principios republicanos. Los fiscales demandan la garantía de una esfera autónoma de acción libre de injerencia del Ejecutivo y por la disposición de todas las herramientas posibles para el esclarecimiento de la muerte de Nisman. Los fiscales demandan la división y mutuo control del poder. Los fiscales demandan Justicia legítima.