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Alberto Föhrig: Las políticas que faltan para evitar la “mexicanización”

"¿Somos México? De ninguna manera, pero para que esto no evolucione se deben implementar políticas que Argentina por el momento no tiene", sostuvo el profesor de la carrera de Ciencia Política de San Andrés. La versión original de la nota puede verse aquí: http://goo.gl/UvEW55

Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización”, advirtió días atrás el Papa Francisco en un correo electrónico enviado al legislador porteño Gustavo Vera. Las expresiones, surgidas de una comunicación privada que no debió hacerse pública, permiten, sin embargo, reflexionar sobre el tema. ¿Existe, a nivel general, algo así como un fenómeno de mexicanización? No. La criminalidad organizada vinculada al narcotráfico es global y, por lo tanto, resulta inútil reducirla a un país en particular.

México padece un panorama de violencia social producto del narcotráfico, pero es una de las muchas naciones que se encuentran en la misma situación. Si hacemos a un lado este aspecto estigmatizador del concepto, lo que podemos interpretar de la idea a la que alude el Papa es que existe un proceso de incremento de la criminalidad organizada producto del narcotráfico que pone en jaque a la sociedad por medio de la violencia; al Estado por la vía de la cooptación de agentes públicos de todo nivel (policías de baja graduación, agentes de Aduana e Inmigración, legisladores, ministros y/o presidentes); y al mercado, un aspecto que se analiza comparativamente poco en Argentina pero que es muy relevante. En varios países latinoamericanos hay sectores de la economía formal dominados por el narcotráfico, por eso pensar que la influencia del narcotráfico solo se vincula a las drogas es una visión acotada.

Argentina tiene ciertas condiciones de aceptación del proceso de penetración del narcotráfico. Una de ellas es el aumento de la circulación de cocaína: 120 toneladas por año. La tasa de incremento de este fenómeno se dio en un período muy corto, entre 2005 y 2010, y sirve para explicar una segunda dimensión del problema que es el aumento del consumo interno de cocaína, que en una década pasó de 1% a 2,9% en una población de entre 15 y 64 años. Otra es la elaboración local de la droga: Argentina posee laboratorios que finalizan el proceso químico de producción de clorhidrato de cocaína. En este marco, también se observa una creciente presencia en materia de lavado de dinero en sectores de la economía formal que comienza a condicionar el mercado. Basta con destacar que más de la mitad de los departamentos construidos en Puerto Madero están vacíos y que Rosario tiene 70.000 inmuebles sin ocupar. A eso se suman las manifestaciones de violencia surgidas del narcotráfico que se ven en varias ciudades del país: el Gran Buenos Aires, el Gran Mendoza, el Gran Córdoba, Rosario, Santa Fe, Comodoro Rivadavia y Bariloche son algunas donde se registran hechos de violencia asociados al narco.

¿Somos México? De ninguna manera, pero para que esto no evolucione se deben implementar políticas que Argentina por el momento no tiene para evitar maniobras de lavado de dinero, de cooptación de agentes públicos, de financiamiento ilegal de las campañas políticas y de represión a las bandas organizadas.

Las tendencias, entonces, no permiten ser demasiado optimistas.