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Tomás Bieda: Malditos políticos

House of Cards retrata aquello que el espectador promedio necesita creer que es “la política” y “los políticos”: un mundo sucio y corrupto capaz de traicionar, asesinar, comprar y seducir para acumular poder. Pero en la realidad, el entramado institucional de Estados Unidos está precisamente diseñado para que los Frank Underwood no puedan gobernar sin control, analizó el profesor en Ciencia Política de San Andrés. La versión original de la nota puede verse aquí: http://ar.bastiondigital.com/notas/malditos-politicos

Este texto NO contiene spoilers de la tercera temporada de House of Cards.


En 1871 Lewis Carroll publicó la segunda parte de su clásico Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas titulándola A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí. Esta segunda parte relata los sucesos producidos a raíz de que Alicia atraviesa el espejo de su casa, para descubrir qué había del otro lado.


Como a Alicia, la serie House of Cards (HoC) nos invita a atravesar el cristal para ver cómo cobran vida las piezas de ajedrez de la política estadounidense. Pero acaba disponiendo una imagen distorsionada o naïve de la realidad de la política de Estados Unidos.


House of Cards es muchas cosas a la vez. Ante todo es un gran éxito “taquillero”. Ha recibido decenas de premios, entre los que se encuentran mejor actriz y actor, dirección, fotografía, mejor serie. A su vez, ha recibido mucha atención pública, acusando el reconocimiento y el “rebote” de la misma clase política a la cual pretende retratar. En este sentido, fue famoso cuando el 13 de febrero de 2014, a horas de lanzar la segunda temporada, el mismo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, reclamó a través de Twitter “no spoilers, please” –pidiendo que nadie contara qué pasaría en los próximos capítulos.


Pero además de entretener, y atornillarnos al sillón hasta el final, HoC da una definición sobre la política y los políticos. Como si resultara una confesión, Frank Underwood (el protagonista de la serie), cual “Dante demócrata”, va descendiendo al espectador hacia los círculos oscuros de la política. Rompiendo “la cuarta pared”, va advirtiendo lo que sucederá, detallando la estrategia, y sacando a la audiencia de un rol pasivo, convirtiéndola en cómplice de sus jugadas. Capítulo tras capítulo, Frank “enseña” cómo es la política del “mundo real”, desnudando políticos “reales”.


¿Cómo son entonces este “mundo real” de la política y los políticos que muestra explícitamente la serie? Es un mundo sucio y corrupto. Una arena de estrategia pura, donde cada movimiento está previamente calculado y medido, y donde todo está permitido para todos, sin importar el cargo: traicionar, asesinar, comprar, seducir. La política como un tablero de ajedrez, con jugadores sin escrúpulos dispuestos a cualquier cosa para alcanzar su única preferencia: acumular poder. Y en esta selva, todos los medios son legítimos para este fin. En la política retratada por esta serie no hay valores ni ideologías. Las diferencias de preferencias entre los dos partidos políticos principales no importan demasiado. Resulta además un mundo con medios de comunicación que juegan un rol secundario, en tanto meros vasos comunicantes de información, y no como corporaciones capaces de “hacer política”. A su vez, la ciudadanía (o cualquier referencia a esta) casi no aparece. Pero principalmente, muestra una arena política de pocos jugadores, y donde sólo unos pocos juegan hiper-estratégicamente, y el resto son constantes y lineales (el único que pareciera jugar como Frank es el “poder económico” en la segunda temporada, retratado en la figura del “amigo/consejero” del Presidente, Raymond Tusk). Algo así como si se soltara a “un Messi” en un metegol: uno solo juega “liberado” (y encima es crack) y el resto están todos atados y estáticos, con pocos recursos de acción, y con movimientos previsibles.


¿Pero es esta la realidad de la política? ¿Es esto lo que verdaderamente pasa? ¿Todo se reduce a unas pocas máximas? No, no y no, respectivamente. Lo que se retrata en la serie es quizá lo que el espectador promedio necesita creer que es “la política” y “los políticos”. Es decir, HoC regala una visión simplificada de “la política de los políticos” que ayudaría a “reducir complejidad” y así poder procesar rápida y concluyentemente un mundo que es multifacético, multidimensional, inasible, inabarcable, y en el que la mayoría lo “vemos desde la butaca”.


Pero Estados Unidos es sustantivamente más complejo que la apariencia laberíntica y “maquiavélica” que pretende allanar en complicidad Frank. Es el resultado histórico de un intenso proceso de ingeniería institucional que acabó construyendo un sistema dinámico que se caracteriza, entre muchas cosas, por la mediación constante de las voluntades. Presenta un entramado institucional diseñado especialmente para que no puedan gobernar (sin control) los Frank Underwoods –ni los Homero Simpsons. Esto es, donde la mera voluntad individual, combinada con astucia, no puedan “jugar libremente”, transitando los espacios de poder sin consecuencias, control o contención. Los “padres fundadores” americanos, principalmente Madison –inspirado en los conceptos de Montesquieu- diseñaron “sobre el desierto” una red de instituciones que contiene, media y agrega las preferencias individuales, y garantiza la incapacidad de una acumulación -filo monárquica- del poder, por más Messi-de-la-política-que-seas.

Entonces, el mundo en el que nos adentramos, atravesando el espejo de Netflix, es también una ficción. En la política de Estados Unidos los partidos sí importan, sí existen y sí marcan diferencias (y cada vez más). A su vez, por más que se los pueda acusar de ser vehículos de fundamentación retórica, especialmente en Estados Unidos, los llamados "valores morales" sí atraviesan la política, por lo que -en lo manifiesto- no todo está permitido. Los medios de comunicación son un actor en sí mismo, y no un mero transmisor de noticias. La ciudadanía importa y mucho por más que sea una democracia con "baja" participación: el carácter local de la política (solo retratado en único capítulo de la serie) y el asociativismo transforma a la ciudadanía en la base ineludible de la política. Además, los políticos en Estados Unidos están en campaña permanente, y siempre atentos a la mirada vigilante de la opinión pública, altamente sensible a la transgresión de sus valores. Finalmente, el entramado institucional americano garantiza la disminución de recursos de poder discrecional a los políticos, dividiendo los procesos d etoma de decisiones y obligándolos a actuar interdependientemente. Así, la "astucia de zorro" y la "fuerza del león" (al cantar de Maquiavelo) resultan recursos menores dentro de una trama institucional que dispone un proceso hiper-mediado de toma de decisiones políticas.