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Marcelo Leiras: "No hay ningún motivo para adoptar de nuevo la Ley de lemas"

"Volver a la ley de lemas es un retroceso institucional. Neutraliza los progresos alcanzados con las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Es una regla que perjudica a muchos y beneficia a pocos. No hay ningún buen motivo para adoptarla", afirmó el director del Departamento de Ciencias Sociales. La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.cronista.com/columnistas/Ley-de-lemas-de-nuevo-no-20150310-0009.html

Nunca toma menos de cinco minutos explicar qué es. Así de complicada es la ley de lemas. La norma permite a los partidos presentar más de una lista de candidatos para el mismo cargo y luego asignar, a la lista más votada dentro de cada partido, los votos que recibieron todas las otras listas.

Es como si se hicieran una elección interna y una elección general al mismo tiempo. Por eso, algunos llaman al sistema ?doble voto simultáneo?. ¿Parece una buena idea, un ahorro de tiempo? Es idea muy mala.

El primer problema de la ley de lemas es que enturbia la información a partir de la que deciden los votantes. El elector vota por una lista que está compitiendo de distintos modos con el resto de las listas. Con las de fuera de su partido compite del todo: el voto que queda dentro de un partido es un voto que no va a ninguno de los otros partidos. Dentro de los partidos, la competencia es parcial: en el momento del voto lo que gana una no lo pueden ganar las otras; en el momento del recuento, lo que gana cada lista del partido va, todo, a la lista que más votos sacó.

¿Cómo sabe el elector a qué lista irá su voto en el momento de votar? No lo sabrá hasta el recuento. La ley de lemas supone admitir que el voto se sume al resto de las listas que compiten dentro de un partido sin saber bien a cuál. Es difícil saber cuántos votantes lo comprenden y, aunque todos lo sepan y lo entiendan, el problema es que en el momento de votar no se puede predecir con certeza qué ocurrirá con el voto.

El segundo problema de la ley de lemas es que dificulta la interpretación de los resultados. Puede ocurrir, y ha ocurrido muchas veces con este sistema, que la lista más votada no sea la que gana la elección, es decir, que no se quede con los cargos más importantes en juego.

Supongamos que en la elección de un cargo ejecutivo un partido presenta una sola lista que obtiene el 40% de los votos y que otro partido presenta tres listas, una de las cuales obtiene el 21% de los votos y las otras dos, 19,5% cada una. De acuerdo con la ley de lemas, la lista que obtuvo el 21% sería la ganadora. Porque recibe el 39% que reunieron las otras dos. La que obtuvo 40%, siendo mucho más votada que cualquiera de las otras, queda sin nada.

Este sistema premia la capacidad de convocar gente con aspiraciones de llegar a un cargo bajo un mismo paraguas partidario antes que la capacidad de motivar el respaldo de los votantes. La capacidad de convocar listas de candidatos es una forma indirecta, instrumental y secundaria de representatividad. Premiar esa capacidad por sobre otras compromete la legitimidad democrática de las autoridades elegidas.

Hay un tercer problema. La ley de lemas acentúa el faccionalismo partidario. Se presentan varias listas de candidatos cuando sus integrantes no se ponen de acuerdo para integrar una sola. La posibilidad de presentar varias listas bajo una misma etiqueta partidaria parece evitar que el desacuerdo en la distribución de las candidaturas divida a los partidos. Pero, en general, las leyes de lemas concentran todos los cargos en juego en la lista más votada. Esta forma de concentración de recompensas radicaliza la competencia interna.

Por otro lado, como el costo de presentar una lista es muy bajo y el premio potencial muy alto, el incentivo para presentarse es muy fuerte. Esto suele dar lugar a la multiplicación de listas, como ocurrió en Salta, Formosa y Tucumán mientras este sistema estuvo vigente.

Adoptar este sistema genera muchos perjuicios y tiene un solo beneficiario: los oficialismos que quieren seguir ganando elecciones a pesar de sus divisiones internas. Es la explicación más verosímil para la reciente decisión del gobierno de Santa Cruz de sostener esta regla, vigente en la provincia, con distintas variantes, desde 1991.

Es el mismo motivo por el que varias provincias lo adoptaron desde principios de la década de los 90. Todas esas provincias lo derogaron, reconociendo varios de los problemas mencionados.

Actualmente La Rioja evalúa la posibilidad de volver a la ley de lemas y, Misiones, de extenderlo a la elección de autoridades provinciales, donde ha estado vigente para elegir autoridades locales.

Volver a la ley de lemas es un retroceso institucional. Neutraliza los progresos alcanzados con las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Es una regla que perjudica a muchos y beneficia a pocos. No hay ningún buen motivo para adoptarla. Leyes de lemas, de nuevo no.