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Melina Furman: "La escuela no sólo no enseña a pensar, sino que enseña a no pensar"

"El otro problema es la enorme diferencia en el desempeño de los chicos de distintas regiones. Somos uno de los países que tienen mayor desigualdad", indicó la profesora de la Escuela de Educación, durante el seminario Pensando Argentina 2030, realizado en la Universidad de Harvard. La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.lanacion.com.ar/1781969-argentina-2030-en-harvard-pensando-el-futuro-del-pais

A pesar de la primavera incipiente y del cielo soleado, afuera hace frío, el pasto está quemado por una reciente nevada y los jardines todavía conservan parches de hielo que se resisten a fundirse. Por la ventana se ve flamear la bandera norteamericana. Todo el entorno de esta pequeña ciudad universitaria vuelve aún más singular lo que sucede en esta sala de la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, donde unos 40 argentinos de diferentes ámbitos, intereses y colores políticos aceptaron reunirse para identificar metas comunes que permitan avanzar en los próximos años.

Contra lo que podría imaginarse, se dialoga sin agresiones ni ataques personales. Al final de la segunda jornada, resulta obvio que hay un número importante de objetivos que provocan adhesión casi completa, como lograr deserción cero en la escuela secundaria (actualmente abandonan antes de terminar siete de cada diez chicos) o tener acceso libre a los datos de gobierno. E incluso otros más urticantes, como la necesidad de estudiar la regulación de la pauta de publicidad oficial en los medios.

También hubo coincidencia en que es importante no retroceder, valorizar lo que se hizo bien para seguir avanzando y no volver a empezar desde cero.

"Pensando Argentina 2030 [tal el título de la convocatoria] es un experimento", dice Martín Maximino, presidente de la Sociedad de Estudiantes Argentinos de la Universidad de Harvard (HASS, según sus siglas en inglés), que, junto con el Club Argentino del MIT (MAC), organizó este encuentro durante el cual empresarios y artistas, representantes de ONG y gremialistas, periodistas, políticos y científicos compartieron dos días de reflexiones sobre dónde estamos y hacia dónde queremos ir en materia de ciencia y tecnología, salud, educación, seguridad social, modernización del Estado.

"Qué notable que haga falta estar fuera del país para que grupos de personas tengan una iniciativa de este tipo -comenta Adrián Paenza, que tuvo a su cargo una de las conferencias inaugurales-. Deberíamos tener muchas de estas sesiones en distintos lugares y con diversos actores de la sociedad que quieren elegir qué lugar les corresponde o desean que les corresponda dentro de 5, 10 o 15 años (...) Tenemos que pensar qué país queremos ser."

Andrés Saul, físico formado en la Universidad de Buenos Aires, que actualmente es director de investigación del Consejo Nacional de Investigación Científica de Francia [el CNR, similar al Conicet] e investigador invitado en la escuela de ingeniería civil del MIT, empieza por destacar que la ciencia local tiene una buena performance.

Cruzando datos de estudios comparativos de Nature, Thomson Reuters y el propio CNRS, llegó a una conclusión "más optimista de lo que podría esperarse", afirma.

"Los grandes actores de la ciencia en América latina son Brasil, la Argentina, Chile y Colombia -dijo Saul-. Las producciones de Brasil y la Argentina son proporcionales a sus respectivas poblaciones. Si el promedio mundial de impacto de los trabajos científicos (medido por número de citas; es decir, por cuánto se habla de cada uno) fuera 1, el promedio latinoamericano sería de aproximadamente 0,8. La Argentina en los últimos diez años logró un incremento medible y llegó a un impacto de 1,2, similar al europeo."

Según Saul, mientras Francia invierte más del 2% de su PBI en investigación y desarrollo, y Corea y Finlandia, entre un 3,5 y un 4%, la Argentina llega a algo más del 0,6%. Por eso, una de las metas para el futuro es llegar al 1% de inversión en ciencia y tecnología, el rango considerado deseable para un país emergente.

"Se hizo mucho, pero no podemos dormirnos sobre los laureles -agrega Victoria Flexer, una joven doctora en Química del Conicet que después de siete años en Australia, Francia y Bélgica retorna al país en un par de meses para instalarse en Jujuy y dirigir un centro de investigación en la tecnología del litio-. Falta mucho. Un problema importante es la escasez de recursos humanos. Hay que aumentar el número de investigadores y tecnólogos, y facilitar el tránsito de los científicos a las empresas y de las empresas al sistema científico. También necesitamos que haya profesionales trabajando en la administración pública."

"El sistema científico argentino es pequeño -coincide el nanotecnólogo Galo Soler Illia-. En el Plan 2020 se hizo un esfuerzo para identificar áreas prioritarias y está bien. Pero sin una industria que demande, es muy difícil sostener el esfuerzo."

Candelaria Garay, socióloga graduada en la UBA y profesora de Políticas Públicas de Harvard, presenta un detallado estudio de la seguridad social en el Cono Sur que pronto publicará en forma de libro. Destaca las pensiones a adultos mayores, la transferencia de ingresos a hogares con menores de 18 años y los servicios de salud. "La red argentina de hospitales públicos fue una suerte de anomalía en la región -afirma-. La magnitud de la cobertura social tuvo efectos positivos sobre la mortalidad infantil, la escolarización, la estabilidad en el ingreso de los hogares más pobres."

Como temas para el futuro indica que resta implementar una política de vivienda e integrar el mercado de trabajo con el sistema educativo y de formación profesional. Y agrega: "No sólo se necesita contar con más datos, sino también con sistemas de evaluación de políticas públicas para comprender su impacto. Se necesitan más lazos entre la academia y los hacedores de políticas. Es fundamental que esté la información disponible para que lo investigadores podamos hacer análisis."

Eduardo Levy Yeyati, director del Cippec, destaca la importancia de contar con un Estado saludable. "La discusión en el país está casi circunscripta a cuestiones coyunturales. Necesitamos una reforma del Estado, porque si no está en buena forma, nada de lo que planifiquemos para dentro de 15 años puede funcionar. El Estado es el músculo de las políticas públicas y si se articula sobre un horizonte de seis meses, muchas de los esfuerzos cruciales a largo plazo van a ser imposibles."

Por su parte, el venezolano Roberto Rigobón, profesor de la Escuela de Economía del MIT, plantea que los países progresan por la calidad de las instituciones que construyen, pero también porque desarrollan "dispositivos de coordinación" o anhelos comunes. "Es lo que permite hacer sacrificios por las generaciones futuras y por los demás -afirma-. Nuestras agendas son muy destructivas. Muy pocas veces decimos qué queremos construir."

Uno de los temas prioritarios y que más atención concentra por parte de todos los grupos que participan en el seminario es la educación. "Es una de nuestras preocupaciones prioritarias -dice Melina Furman, investigadora del Conicet y docente de la Escuela de Educación de la Universidad San Andrés-. De los grandes desafíos que tenemos por delante, uno es la calidad (la escuela no está formando las capacidades necesarias para participar de manera plena en el mundo de hoy y en el que se acerca). La escuela no sólo no enseña a pensar, sino que enseña a no pensar. Se transmite conocimiento fáctico, se pide memorización de datos, nombres... Y lo mismo ocurre en la formación docente. El otro problema es la enorme diferencia en el desempeño de los chicos de distintas regiones. Somos uno de los países que tienen mayor desigualdad."

Según el grupo organizador, la invitación a reflexionar seguirá adelante con otros temas y otras encrucijadas, una intención que, más allá de los efectos concretos, es estimulante. "Yo advierto que la comunidad política no duda -sintetiza Paenza-. En el mundo de la ciencia eso pasa muy poco: uno duda todo el tiempo. A nosotros nos va 'saliendo' el país, a lo mejor podemos empezar a pensarlo para que nos salga mejor. Yo quiero un futuro con fuerte intervención, otros tal vez no. El INVAP, ¿lo vamos a proteger? ¿Queremos que haya Internet gratis en todas las ciudades? Si ambicionamos un futuro razonable, establezcamos compromisos. Tenemos que plantearnos los objetivos y comunicarlos a la población."