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Alfredo Dillon

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Rebeca Anijovich: "Favorecer la autonomía de los chicos no supone dejarlos solos"

"No se puede proponer que los padres no intervengan. No deben hacer la tarea de los hijos, pero sí deben colaborar y acompañarlos en el proceso educativo", afirmó la profesora de la Escuela de Educación. La versión original de la nota puede verse aquí:

Usted, madre atenta y cariñosa, está acostumbrada a sentarse junto a su hijo todas las tardes para hacer la tarea. Luego de la merienda, despeja la mesa, abre la carpeta y se pone a revisar con él los problemas de Matemática. Ha dilapidado sus ahorros en maestras particulares y no quiere que el nene se la lleve a examen otra vez. Él no entiende, usted insiste: al final termina resolviéndole las consignas. Pero usted, madre atenta y cariñosa, está perjudicando la educación de su hijo. Así lo creen algunos expertos que sostienen que los adultos no deben intervenir en las tareas escolares.

“Es necesario que los padres toleren el malestar que provoca que los hijos vayan al colegio sin resolver las tareas y afronten esa situación en el aula con la maestra”, plantea Dina Laufer, psicóloga especialista en familia. Laufer asegura que permanecer al margen de los deberes de los chicos hace que ellos se vuelvan más autónomos: “Probablemente comenzarán a asumir las responsabilidades con confianza en ellos mismos”.

En muchas casas, el momento de los deberes da pie a gritos, llantos, portazos y amenazas: porque los chicos se resisten, los padres no saben cómo manejarlo, y la tarea se vuelve así un asunto de toda la familia. Estoy haciendo el colegio de nuevo; si no hago la tarea yo, mi hijo no la hace; mejor lo ayudo para que no se atrase, razonan muchos adultos desconcertados. “Estas cuestiones acarrean momentos de tensión entre padres e hijos e inseguridad en los chicos, ya que sienten que no son capaces de resolver los deberes por sí mismos”, sostiene Laufer.

La intervención de los padres también es contraproducente cuando ellos intentan que sus hijos hagan la tarea con los métodos que ellos usaban hace 30 o 40 años. En algunas materias como Matemática, la pedagogía cambió mucho y las viejas técnicas ya no sirven. Entre otras cosas, ahora se busca “que los chicos puedan reflexionar sobre las cuentas, que sepan qué están haciendo cuando suman o dividen. Se trata de visibilizar los procesos que uno hace cuando resuelve una cuenta”, explica Stella Menéndez, coordinadora de Matemática del Instituto La Salle de Florida. Esto implica que ya no hay un solo método para dividir, tal como se hacía antes: imponerle al chico la manera que uno aprendió es un error.

“En algunas escuelas se arman reuniones en las que se explica a los padres la pedagogía y algunas de sus herramientas, como la importancia del cálculo mental y la tabla pitagórica”, cuentan Moira Saint Amant y Silvina Quallbrunn, capacitadoras docentes y autoras del libro Hagamos un trato (Noveduc), sobre la comunicación entre escuela y familia. Para Saint Amant y Quallbrunn, este tipo de reuniones “permite dejar en claro los objetivos pedagógicos y que las familias entiendan mejor lo que ven en cuadernos y carpetas”.

Algunos pedagogos disienten de la idea de “no intervenir”. Según Rebeca Anijovich, profesora e investigadora de la Universidad de San Andrés y la UBA, “no se puede proponer que los padres no intervengan. No deben hacer la tarea de los hijos, pero sí deben colaborar y acompañarlos en el proceso educativo”. Para Anijovich, los padres “deben ser respetuosos de los métodos que proponen los docentes y no decirles a los hijos: La forma que yo aprendí es mejor. Pero esto tampoco implica lavarse las manos y dejarlos solos con la tarea”.

La especialista en formación docente asegura que “favorecer la autonomía de los chicos no supone dejarlos solos”, y que incluso en secundaria es necesario el acompañamiento de los padres, que puede consistir simplemente en un ¿qué hiciste ayer en la escuela?. Según Anijovich, los padres tienen un rol clave “para ayudar a los chicos a organizarse y generar en casa las condiciones para estudiar”, considerando que cada chico “tiene estilos de aprendizaje diferentes”.

En ciertas circunstancias la intervención de los padres es fundamental. Laufer enumera algunas: “Cuando el chico tiene algún problema de aprendizaje, cuando se trata de un proyecto puntual y es un trabajo del chico con su familia, cuando le cuesta organizarse y ocupa mucho tiempo para hacer pocas cosas, y no le queda tiempo para jugar y distraerse”.

Saint Amant y Quallbrunn coinciden: “Cuando los padres advierten que sus hijos están en un laberinto al que no le encuentran salida, es momento de intervenir”. Las especialistas señalan que frases como Empezá solo y si necesitás ayuda avisame ya ponen al chico en absoluta soledad. En cambio, Veamos lo que tenés que hacer para mañana involucra al adulto pero no implica que este haga la tarea del chico. Aquí todos acuerdan: nada justifica que los padres resuelvan por sus hijos las consignas escolares. La clave es reforzar la confianza en los docentes: en este sentido, la mejor fórmula es Si no entendés, preguntale a la maestra.