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Diego Reynoso: La carrera de fondo en el kirchnerismo

"Daniel Scioli comprendió desde hace tiempo que el camino a la Casa Rosada era una carrera de fondo y no una de velocidad. Por eso se ganó, con el respaldo de la presidenta Cristina Fernández, ser el candidato que representará al espacio oficialista en las próximas elecciones", consideró el profesor de la Carrera de Ciencia Política. La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.lavoz.com.ar/opinion/la-carrera-de-fondo-en-el-kirchnerismo  La foto pertenece a bairesparatodos

Daniel Scioli comprendió desde hace tiempo que el camino a la Casa Rosada era una carrera de fondo y no una de velocidad. Por eso se ganó, con el respaldo de la presidenta Cristina Fernández, ser el candidato que representará al espacio oficialista en las próximas elecciones.

Cambió la tipografía de sus afiches de campaña, dejó de lado el color naranja para usar el celeste y blanco –distintivos del Frente para la Victoria– y se muestra como el elegido de la jefa del Estado, quien también comprendió que no podía darse el lujo de competir contra él avalando a cualquier otro candidato, y correr el riesgo de perder las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) del próximo 9 de agosto.

El FPV enfrenta una carrera de obstáculos con tres vallas. En agosto, las Paso; en octubre, las generales, y en noviembre, eventualmente, la segunda vuelta. El escenario es complicado por donde se lo mire, pero del mismo modo que Scioli demostró ser buen fondista, el FPV evidenció buenos desempeños en las carreras de obstáculos.

En agosto, el oficialismo está obligado a ser la fuerza más votada. De lo contrario, quedaría casi eliminada de la competencia de cara a la general.

Es difícil pensar que el volumen de votos del FPV crezca de las primarias a la general, aunque en 2011 ello haya sucedido. A diferencia de esa vez, en esta hay rivales con capacidad de disputar el voto.

Por otra parte, tanto el Frente Renovador (FR) como la alianza entre el PRO y la UCR no necesitan ser los más votados, aunque de serlo quedarían en una posición determinante.

Dinámica del voto

La información que el electorado extraerá de las Paso será decisiva en octubre. Es muy probable que la segunda fuerza más votada en agosto reciba en octubre el respaldo de los votantes estratégicos de las otras fuerzas.

La magnitud de la coordinación del electorado no K detrás del candidato que emerja con más chance será decisiva. La coordinación del electorado puede facilitarse, incluso, si la dirigencia política coordina sus esfuerzos de manera explícita. Acuerdos pos-Paso que, si bien tienen el problema de no ser obligatorios, pueden ayudar al electorado a concentrar el ?voto.

Es cuestión de aprendizaje, y las consecuencias de la fallida coordinación de la oposición en 2011 pudo haber servido de lección. Al menos, la alianza PRO-UCR parece ir en esa dirección, del mismo modo que los acuerdos provinciales del FR y algunos sectores de la UCR.

Incluso, si no los hacen los dirigentes, los grupos económicos y algunos medios interesados en influir en el escenario electoral también pueden ayudar a forzar la coordinación. Darle más entrevistas y cobertura a un candidato o a otro puede ser decisivo para generar una percepción de hacia quién conviene dirigir mejor el voto.

Por esa razón, si en agosto el FPV está obligado a ser la fuerza más votada, en octubre está obligado a ganar en primera vuelta. El electorado opositor tiene varias chances para corregir su voto y coordinarlo detrás de un candidato. En caso de haber una segunda vuelta, cuenta con otra oportunidad adicional.

Por ello, la selección del vicepresidente de Scioli es una delicada decisión estratégica. El problema es sumar hacia el centro moderado, sin perder por ello al costado K. De la estrategia que pongan en práctica dependerá el éxito electoral.

Los días previos al cierre de listas encontrarán a la Presidenta y a Scioli discutiendo el nombre del vicepresidente y las candidaturas legislativas. Si logran un acuerdo, entonces la Mandataria habrá dado un respaldo explícito a la candidatura de Scioli.

Así como Cristina Fernández no puede darse el lujo de perder una interna contra Scioli, tampoco debe arriesgarse a ser derrotada en agosto, cuando a nivel nacional también se ponga en evaluación su gestión de gobierno.

Compañero de fórmula

En este contexto, la Presidenta está en condiciones de incidir sobre quién será el compañero de fórmula del gobernador bonaerense, al mismo tiempo que garantizarse leales en las listas de diputados, si quiere ejercer algún control sobre el nuevo gobierno.

Quien acompañe a Scioli debe probar un equilibrio en la fórmula: sumar volumen (votos) y dejar satisfechos a todos los sectores que integran el oficialismo.

En 1988, en ocasión del Consejo de la Renovación Justicialista, los sindicatos impulsaban la candidatura a vicepresidente del santafesino José María Vernet para acompañar a Antonio Cafiero, quien a su vez promovía a José Manuel de la Sota, en ese entonces un joven dirigente político.

Pese a las presiones del Consejo, Cafiero se inclinó por De la Sota. Habría que hacer el experimento, pero resulta clarísimo que esa decisión determinó que sectores con peso se volcaran a favor de Carlos Menem, ganador de la interna peronista ese año y luego elegido presidente. La lección pudo haber sido aprendida.

Scioli emerge como un candidato más propio del PJ que del kirchnerismo puro, por lo que, así las cosas, un potencial vicepresidente debería compensar ese hecho.

Por otra parte, se trata ni más ni menos que del gobernador de la provincia de Buenos Aires, de modo que un compañero de fórmula también debería equilibrar ese rasgos.

Entre las figuras más relevantes que podrían reunir esas dos condiciones, surge una corta lista de aspirantes potenciales. Quizá el que más se ajusta a estas condiciones sea Sergio Urribarri, gobernador de Entre Ríos, y todavía precandidato a presidente.

Los otros gobernadores oficialistas tal vez no reúnan la primera condición para neutralizar. Sin embargo, y ya que algunos radicales están dispuestos a acompañar, podría ser el gobernador de Misiones, Maurice Closs, o el exgobernador de Santiago del Estero y presidente provisional del Senado, Gerardo Zamora. Dejando de lado los liderazgos provinciales, otro vice potencial es el actual ministro ?de Defensa (y todavía precandidato a presidente), Agustín Rossi.

Ese es el escenario que tienen que enfrentar la Presidenta y Scioli a la hora de definir el candidato a vicepresidente. Lo cierto es que esta instancia los llevará a firmar un pacto para tener unas buenas Paso y luego conseguir volumen electoral de cara a la general del 25 de octubre. Scioli, después de una larga maratón, se ganó ese lugar. Ahora enfrenta otra disciplina complicada.