En contexto

Enfoques sobre la actualidad del país y del mundo

Comunicación Institucional

San Andrés en imágenes

Galería multimedia

+ San Andrés

Actualidad

Khatchik DerGhougassian: La advertencia detrás del insulto a la Argentina

"La arrogancia del ministro de Asuntos Europeos de Turquía, Volkan Bozkir, debería alertar acerca de la realidad detrás de la seducción turca que podría revelar promesas tan momentáneas y vacías de contenido como el impacto de una telenovela", opinó el profesor de la Carrera de Relaciones Internacionales. La versión original de la nota puede verse aquí:   http://tiempo.infonews.com/nota/150954/la-advertencia-detras-del-insulto-a-la-argentina  La foto pertenece al diario La Nación

El ministro de Asuntos Europeos de Turquía, Volkan Bozkir, escribió una nota en el portal Project Syndicate el 8 de abril de 2015 llamando a "los amigos europeos de Turquía" facilitar el proceso de inclusión de su país a la Unión Europea que empezó una década atrás. Según Bozir, no puede haber dudas sobre la credencial de su país en el cumplimiento de las condiciones políticas del criterio de Copenhague, a saber: "Compromiso con la democracia, el gobierno de Derecho, Derechos Humanos y respeto y protección a las minorías." Apenas una semana después, Bozkir se sumó a la avalancha de las protestas, denuncias y amenazas de oficiales del gobierno de Erdogan contra el Papa por su discurso en el Vaticano en la misa del 12 de abril en conmemoración del Centenario del Genocidio de los armenios. Las palabras del ministro tomaron como blanco a la Argentina y fueron las más insultantes de todas las declaraciones públicas: "Es importante recordar que Francisco es argentino. La Argentina es un país que recibió a los ejecutores del Holocausto con los brazos abiertos. El Papa actuó bajo la influencia de su ciudadanía argentina más que su cargo transitorio que está más allá de cualquier nacionalidad. En la Argentina, lamentablemente, la diáspora armenia controla los medios de comunicación y los negocios."

Se puede atribuir al ministro el impulso de una reacción histérica cuando se trata del Genocidio de los armenios que, en general, sólo diplomáticos entrenados o académicos que se aventuran en la política como el ex canciller y actual primer ministro Davutoglu saben controlar para elegir sus pronunciamientos públicos. Pero tratándose de un alto responsable en el gobierno, la falta de auto-contención de Bozkir en su mención a la Argentina invita a una lectura que no descarta la intencionalidad estratégica propia a la racionalidad de la política de negación. Paralelamente a la manipulación del Islam en las evocaciones de una nueva "cruzada" o la acusación de "parcialidad" por supuesta "negligencia" del dolor de los musulmanes que los dirigentes turcos vociferaron con remarcable énfasis en sus reacciones al discurso del Papa, el Holocausto a menudo se usa para denunciar la supuesta falsedad del reclamo de que la "tragedia" de los armenios fue un genocidio. En este caso, Bozkir agregó el insulto a la Argentina donde hay una comunidad judía importante que jamás ha puesto en dudas el Genocidio de los armenios. Pero, además, etiquetando a la Argentina como un país filo-nazi, Bozkir hizo omisión de la autoridad moral de la Argentina que no solamente juzgó a genocidas sino tiene el más alto perfil en la defensa de los derechos humanos en la escena internacional. De las palabras del ministro turco se deduce que el reconocimiento del Genocidio de parte del presidente Alfonsín de 1987 y la promulgación de la Ley 26.199 por el presidente Kirchner no fueron más que "compras" realizados por una comunidad armenia que, según él, "controla los medios de comunicación y los negocios". ¿No será un espejismo del comportamiento del Estado turco cuyo presupuesto anual incluye los gastos de la política de negación que aquí en la Argentina supo convencer solo a un presidente, Menem, cuyo sentido de ética se definía en el cálculo de costo-beneficio propio al fundamentalismo de mercado? En su momento, la diplomacia turca aparentemente consideró correctamente que un presidente que amnistió a los genocidas en su propio país no tendría problema en vetar una primera ley de reconocimiento del Genocidio de los armenios en 1995 y se abstendría durante su visita a Armenia en 1998 a pronunciar la palabra en “G” pese a la visita que realizó al monumento a las víctimas del exterminio; pero se equivocó pensando que aquellos hombres de Estado con un sentido firme de compromiso con los valores tienen líneas rojas que no cruzan.

Finalmente, ¿acaso es una casualidad una declaración tan fuerte contra la Argentina en esta coyuntura internacional de parte de un ministro del gobierno de un país que preside el G20 donde la Argentina ha puesto muchas expectativas en un apoyo internacional necesario contra la embestida de los fondos buitres? La arrogancia de Bozkir debería alertar acerca de la realidad detrás de la seducción turca que podría revelar promesas tan momentáneas y vacías de contenido como el impacto de una telenovela.