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Alejandro Artopoulos: ¿Para qué queremos ingenieros?

"Las empresas basadas en el conocimiento están integradas por técnicos y gerentes con formaciones eclécticas producto de la innovación institucional del sistema educativo que combina tecnología con humanidades. El problema no es si hay más o menos ingenieros sino qué nuevos tipos de ingenieros necesitan las industrias competitivas", sostuvo el profesor de la Escuela de Educación. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://ar.bastiondigital.com/notas/para-que-queremos-ingenieros#sthash.lKJmRz1V.dpuf

Desde hace unos meses, particularmente desde que en el discurso presidencial de la apertura de las sesiones de la Asamblea Legislativa, la presidente Cristina Fernández dijo que por primera vez la UBA tiene más inscriptos en Ingeniería que en Sociales, se estableció un consenso respecto de la Argentina necesita más ingenieros.

La pregunta que nadie hace alrededor de este déficit es para qué queremos más ingenieros. En aquel discurso, la presidente dijo que los ingenieros “están siendo demandados por un país cada vez más industrial, por el modelo y por las políticas públicas.” La respuesta parece no alcanzar. ¿más industrial cómo? ¿Como China o como Corea del Sur? ¿Queremos ingenieros y punto o ingenieros que diseñen? No es lo mismo.

Esta distinción sin resolución es un indicador de que el país se encuentra estancado en un debate binario por un desarrollismo sin rumbo. Que sea de mercado o estatal es sólo una cuestión de matices. Si bien los especialistas coinciden sobre la necesidad de reclutar vocaciones científicas y tecnológicas, una cosa son los recursos humanos, muy otra son los talentos.

El mismo día del discurso presidencial, los medios norteamericanos se lamentaron por la temprana muerte de Mike Ey. Con apenas 30 años, ingeniero de Microsoft, murió cuando su vehículo se descontroló debido a la imprudencia de un conductor que corría picadas. Fue notable la repercusión. Se trataba de un talento único que se perdió por un accidente estúpido.

Mike Ey era uno de los ingenieros desarrolladores del nuevo y super secreto proyecto HoloLens, un proyecto que según la revista Wired promete renovar la orientación estratégica de Microsoft. Se trata de la continuación de la línea seguida por kinect, solo que en este caso son lentes de realidad aumentada que proyectan hologramas. En enero el HoloLens causó sensación en el mundo tecnológico cuando se presentó en el cierre del evento de lanzamiento del Windows 10. Fue la frutilla del postre.

Quizá lo más ilustrativo de lo que esta corta vida talentosa nos deja es que para el nuevo desarrollo no es cuestión de blancos o negros, de ingenieros o de semiólogos. De acuerdo a su página de Facebook, Ey antes de entrar en Microsoft se graduó en “diseño y desarrollo de videojuegos” en la Escuela de Juegos y Medios Interactivos del Rochester Institute of Technology. Con materias técnicas como Matemática de la simulación gráfica o Física I combinadas con materias sociales como Introducción a los medios interactivos o Fundamentos de la Narrativa Interactiva.

El joven ingeniero del HoloLens no es una excepción. Antes bien se trata de un caso ejemplar de cómo funciona la Sociedad del Conocimiento luego de tres décadas de evolución. Casos como el de Bill Gates o Steve Jobs que abandonaron sus estudios universitarios frustrados frente a la oferta académica son difíciles de encontrar hoy en día. Luego del período de impacto de la primer ola de la revolución informacional en la década del ochenta las universidades de los países avanzados desarrollaron una gimnasia de innovación curricular que llega, y no se detiene, hasta nuestros días.

Las empresas basadas en el conocimiento están formadas por técnicos y gerentes con formaciones eclécticas producto de la innovación institucional del sistema educativo que combina tecnología con humanidades. El problema no es si hay más o menos ingenieros sino qué nuevos tipos de ingenieros necesitan las industrias competitivas.

A un siglo de M’hijo el dotor de Florencio Sánchez nuestra cultura anclada en la oposición ciudad-campo reedita la obra, esta vez con el título M’hijo el inyenieri. Una mirada conservadora, con aversión al riesgo no nos permite distinguir industria de factoría, recursos humanos de talento, inyenieri de ingeniero. Así difícilmente nos demos cuenta de lo lejos que estamos de ofrecerles a nuestro hijos una educación para este siglo.

de Marina Rosso Siverino, 11 de May de 2015

Estimado Alejandro:

Como ingeniera que soy hace unas cuantas décadas, reducir a los ingenieros al diseño o la fabrica es tener una visión de muy poco ancho de banda.

Yo cada vez soy mas Contadora y/o Abogada, porque gracias a la formación que brinda la ingeniería uno esta entrenado para asumir muchísimos roles o por qué será que cada vez mas CEOs de compañías son ingenieros?, la presidente leyó una sola estadística.

La ingeniería es mucho mas, es el entrenamiento pensar que otras carreas por tan soft y oníricas, no dan. Y algo que me gusta decir porque amo la ingeniería y cada vez por las deficiencias de formación que me encuentro en los otros ámbitos, es que la volvería a estudiar porque explica muchísimas cosas o no es correcto decir que nuestro cuerpo también funciona gracias al balance de fluidos que también lo explica la hidráulica?

saludos

Ing. Marina Rosso Siverino