En contexto

Enfoques sobre la actualidad del país y del mundo

Comunicación Institucional

San Andrés en imágenes

Galería multimedia

+ San Andrés

Actualidad

Pedro Frías: Los beneficios espurios y el peligro de la presión por lograr resultados

"El beneficio resultante de prácticas espurias no debería llamarse beneficio, aunque fuese reportado en estados financieros emitidos según normas vigentes. La mezcla de beneficios esenciales y espurios tiñe toda la actividad empresarial, impidiendo separar la paja del trigo", expresó el director del MBA. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.lanacion.com.ar/1791603-los-beneficios-espurios-y-el-peligro-de-la-presion-por-lograr-resultados

En todos los ámbitos de acción humana se desarrolla una jerga o lenguaje específico que se esparce en la vida política y social. En el mundo de los negocios, la palabra beneficio es un elemento clave de esa jerga, y representa para empresarios y directivos de empresa, el éxito y la sostenibilidad de sus emprendimientos de negocio. En su significado económico, el beneficio expresa que la acción empresaria genera un plus por sobre los costos, indicando que sus bienes y servicios son efectivamente valorados por los clientes.

Sin embargo, para gran parte de la sociedad, el beneficio empresario se asocia a la codicia de los hombres de negocios. Se manifiesta en la percepción de que los medios utilizados para lograr el beneficio son para los empresarios instrumentos sin valor intrínseco alguno. Innumerables escándalos corporativos muestran a directivos de empresa involucrados en prácticas desleales e ilegales.

El significado de la palabra beneficio presenta varias acepciones que aportan confusión y llegan a incluir conceptualmente las rentas de origen espurio, facilitando su asociación racional y emocional con la codicia empresaria. En la categoría rentas empresarias espurias podrían incluirse: colusión anticompetitiva, sobornos, corrupción, aprovechamiento de externalidades negativas, abuso de poder en la contratación de empleados y proveedores, engaño en las prestaciones ofrecidas, uso indebido de información privilegiada y omisión de conflicto de intereses. Cabría también un etcétera a la luz del incumplimiento a los diez principios del Pacto Global de Naciones Unidas propuestos para la responsabilidad empresarial.

El beneficio resultante de prácticas espurias no debería llamarse beneficio, aunque fuese reportado en estados financieros emitidos según normas vigentes. La mezcla de beneficios esenciales y espurios tiñe toda la actividad empresarial, impidiendo separar la paja del trigo.

La empresa es una maravillosa creación humana que viabiliza la cooperación y la coordinación de los factores de la producción para aportar bienes y servicios necesarios para mejorar la vida desde el consumo, la inversión y el trabajo creativo. El beneficio obtenido por la empresa respetando los medios para lograrlo, tal como si fuesen su objetivo y sentido último, es la condición necesaria para validar su aporte a la construcción social, a la vez que el premio al riesgo asumido. Este beneficio esencial es el trigo del rendimiento empresario y del esfuerzo de directivos y gente de negocios.

La jerga indiferenciada arrastra en un mismo colectivo a los empresarios codiciosos junto a los que energizan actividades lícitas que crean valor en la sociedad. Esta pretensión no busca renombrar el beneficio contable o económico. Busca que, mientras no se cree una nueva jerga que distinga el beneficio empresario esencial del espurio, se ponga énfasis en los medios utilizados para su logro.

Muchísimas personas dedican su vida profesional a la dirección de empresas. Todos están condicionados por la necesidad de demostrar su aptitud y excelencia a través de los resultados obtenidos. El condicionamiento se transforma sutilmente en presión por demostrar resultados, cuando la permanencia en posiciones de autoridad muy bien remuneradas depende de ellos. La falta de distinción entre el beneficio esencial y el espurio tiene una alta influencia en el camino de los directivos y empresarios.

La imprecisión lingüística no debería servir de excusa para sostener comportamientos indebidos racionalizados por la presión por el beneficio, pero basados en la codicia. Quienes estamos en el mundo de la empresa tenemos una importante responsabilidad en ello.