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María Eugenia Podéstá y Josefina Peire: Las neurociencias en la educación

"La educación y las neurociencias deben de tender más puentes y entablar más diálogos. Las neurociencias nos aportó explicaciones, es hora de que la educación le presente desafíos que permitan seguir profesionalizando nuestra tarea docente", señalaron las docentes e investigadoras de la Escuela de Educación. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://nuevacatedra.com.ar/las-neurociencias-en-la-educacion/

Neuromarketing, neurofinanzas, neurococina… Pareciera que las neurociencias se infiltraron en todos los campos de la vida humana en pocos años y la educación no es una excepción. La pregunta es: ¿Será una moda más? Nuestra respuesta es: No, las neurociencias vinieron para quedarse.

Así como hoy se habla del “Complejo de Edipo” en cualquier conversación, como un saber de cultura general, así hablarán las generaciones jóvenes sobre conceptos de las neurociencias que hoy recién estamos descubriendo. Las neurociencias nos revelan hoy los misterios de su complejo funcionamiento a través de las resonancias magnéticas funcionales que nos permiten ver qué áreas se activan cuando hacemos diferentes cosas como por ejemplo toca música o escuchar una historia.

Por eso, creemos que todos los docentes deben nutrir sus prácticas con los aportes de las neurociencias con la legítima advertencia de algunos críticos de no caer en biologisismos reduccionistas de la complejidad de cada ser humano.

En el campo de la educación, las neurociencias nos reafirman muchas prácticas pedagógicas que se vienen realizando y nos develan algunos mitos. Ahora con conocimientos más científicos seguimos promoviendo el aprendizaje cooperativo, la retroalimentación sistemática, las experiencias multisensoriales, la necesidad de atender a la diversidad, el tener presente la gran  injerencia del estado emocional en la posibilidad de aprender, la importancia de la alimentación, el ejercicio físico, etc.

Hoy entendemos de qué hablamos cuando decimos que el aprendizaje se construye y tenemos más herramientas para captar la atención de nuestros alumnos y provocar el deseo de aprender. Reafirmamos que tanto la niñez como la adolescencia son dos ventanas de oportunidades que como educadores debemos aprovechar al máximo porque el cerebro está en su estado más óptimo de aprendizaje.

Sin embargo también sabemos que todos pueden aprender. La gran plasticidad que tiene nuestro cerebro y su funcionamiento en red es lo que nos instiga a no poner “techos”, ni plazos, se aprende toda la vida. Como dice el dicho popular, “todos los días podemos aprender algo nuevo”.

Con este espíritu, los invitamos a leer del tema, a capacitarse, a conocer un poco más nuestro cerebro y el de nuestros alumnos. La educación y las neurociencias deben de tender más puentes y entablar más diálogos. Las neurociencias nos aportó explicaciones, es hora de que la educación le presente desafíos que permitan seguir profesionalizando nuestra tarea docente.