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Juan Pablo Montiel: La complicidad del avestruz

"Joseph Blatter no podía meter la cabeza en un hueco por mucho tiempo para hacer de cuenta que no pasaba nada. La falta de control y vigilancia lo hizo, en sentido jurídico, responsable por complicidad. Solo cuatro días después de asumir su quinto mandato, debió renunciar" a la FIFA, analizó el profesor del Departamento de Derecho. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://ar.bastiondigital.com/notas/la-complicidad-del-avestruz

“No puedo controlar a todos todo el tiempo”. La frase de Joseph Blatter cuando todavía era presidente de la FIFA tenía el clásico aroma de la impunidad: desde los escándalos de corrupción que se conocieron en la década de los 90, entre ellos los protagonizados por Siemens, Enron, Parmalat y WorldCom, resulta inaceptable que un director o ejecutivo de una organización pretenda desligarse de responsabilidad por los hechos de sus subordinados.

Seguramente muchos abogados dedicados al asesoramiento de empresas se sorprendieron mucho cuando, todavía sentado en el trono máximo de la FIFA, Joseph Blatter pronunció una frase para el recuerdo de su oscura gestión al frente del fútbol mundial: “No puedo controlar a todos todo el tiempo”.

Esos mismos abogados habrán coincidido con el dirigente suizo en el argumento de que la cabeza de una organización no puede controlarlo todo, es cierto, pero también con seguridad pensaron que tampoco podía desentenderse de lo que pasaba y, como las avestruces, meter la cabeza bajo tierra.

Difícilmente en su tarea cotidiana recomienden al director de un banco que frente a un escándalo de lavado de dinero, por ejemplo, repita relajadamente las palabras de Blatter como un argumento concluyente. Conocedores de las trastiendas judiciales, quizás hasta sospecharon, sino afirmaron, que aquellas palabras del renunciado presidente de la FIFA tenían cierto tufillo a impunidad.

Desde los escándalos de corrupción que se conocieron en la década de los 90, entre ellos los protagonizados por Siemens, Enron, Parmalat y WorldCom, resulta inaceptable que un director o ejecutivo de empresa (pero también de toda organización) pretenda desligarse de responsabilidad por los hechos de sus subordinados alegando que no puede funcionar como una especie de “Gran Hermano”.

Las nuevas leyes y las líneas jurisprudenciales surgidas luego de aquellos delitos reforzaron la idea que los entes colectivos deben organizarse en forma eficiente para evitar la generación de redes internas que favorezcan a la corrupción. Además, estas normas buscaron robustecer los incentivos para que los directores vigilen la actividad de sus subordinados.

Era irracional pretender que Blatter vigilara los negocios sucios que, presuntamente, realizaba una federación concreta como la argentina, jordana o alemana. Sin perjuicio de los mecanismos de control que pudiera tener FIFA, controlar estos supuestos no es algo que debía caer solo sobre la cabeza de Blatter. Sin embargo, los hechos sacados a la luz en la última semana y que le costaron el puesto al histórico dirigente suizo, demuestran que, incluso tratándose de eventos continentales, la FIFA también tiene una participación relevante en la organización de certámenes como la Copa América de Chile, que comenzará en pocos días.

Blatter no podía meter la cabeza en un hueco por mucho tiempo para hacer de cuenta que no pasaba nada. La falta de control y vigilancia lo hizo, en sentido jurídico, responsable por complicidad. Solo cuatro días después de asumir su quinto mandato, debió renunciar cercado por la Justicia y el FBI.