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Juan Casassus: “No tenemos que hacer una revolución si queremos menos desigualdad educativa”

El filósofo y sociólogo chileno dictó la “El mundo visto desde la educación emocional: conductas, emociones y climas”, organizada por la Escuela de Educación en el campus universitario.

Juan Casassus, filósofo y sociólogo chileno experto en educación emocional, opinó que para reducir la desigualdad educativa no es necesario “hacer una revolución social”, sino plantear cambios “adentro de la escuela y el aula”, donde están las “razones del rendimiento” de los estudiantes.

“El clima emocional del aula explica por sí solo el rendimiento de los alumnos mucho más que un conjunto de otras variables educativas”, expresó Casassus durante una conferencia titulada “El mundo visto desde la educación emocional: conductas, emociones y climas”, que dictó en la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés.

Casassus se desempeñó como Especialista Principal de Educación de UNESCO para América Latina y el Caribe, es filósofo (Notre Dame, 1965), sociólogo (Universidad Católica, 1969) y PhD en Sociología de la Educación (Sorbonne, 1983).

“Los resultados en las pruebas internacionales como las de PISA no tienen tanto que ver con la estructura social y las políticas sino con lo que pasa dentro de una persona”, analizó el experto chileno.

Según Casassus, significa “una gran noticia” que las razones del bajo rendimiento de un estudiante no tengan relación con el vínculo fuerte de la familia.

“El resultado de las pruebas no está diciendo que no. Eso quiere decir que no tenemos que hacer una revolución social si queremos menos desigualdad, sino que hay cosas que se pueden hacer en la escuela y el aula. Las razones que afectan el rendimiento están en ese ámbito”, aseguró.

Y agregó: “Los alumnos cuyos docentes piensan que su éxito o fracaso depende de su familia y del lugar del que provienen tienen, por ese solo hecho, menos oportunidades que los que tienen docentes que piensan lo contrario y consideran que se trata de un problema con su propia metodología”.

Para Casassus, hay en la actualidad "una visión de las políticas públicas” que se “enfoca en descomponer la práctica docente y en enseñar una cosa específica, después otra y otra sobre la base de que así va a resolver el problema de dictar mejores clases”.

“No se puede transformar en un programa de formación de buenos gestores o profesores. No podemos acceder a ese milagro desde una visión mecánica”, cuestionó.

Casassus consideró que un escenario semejante significa “quitarle la mitad de las cosas orgánicas” al proceso de aprendizaje. “En los 80 se pasó de una educación pensada para el desarrollo de la persona humana a orientarse hacia el crecimiento económico y la competencia internacional. Por lo tanto, la fuente de inspiración pasó a la economía”, resaltó.

Así, dijo, “la educación se ha orientado hacia un punto del trabajo específico, como si hoy existiera una única actividad. La imagen de la fábrica de principios del Siglo XX ya pasó de moda, no existe, pero la educación sigue orientándose hacia allí”.

“Esto impacta en el sentido de que el tipo de educación actual está desarrollando cierto tipo de persona. Educa solamente un cerebro: el derecho”, resumió

Los neurólogos, por el contrario, observó Casassus, “auguran que el 75 por ciento de una persona es la emoción. Estamos en un período en el cual la interpretación de qué es un ser humano está cambiando radicalmente”, aseveró.

“Lo interesante –planteó– es que hay un dominio específico que es emocional, que tiene mucho campo de estudio. Tenemos cuerpo, mente y emociones, ese es el cambio”.

El filósofo chileno definió a “la educación emocional como un proceso orientado al desarrollo de la conciencia y la comprensión emocional”.

“Para saber de qué se tratan las emociones hay que darse una vuelta por adentro de uno. Cada uno tiene su experiencia, no hay dos que tengan la misma. Nadie más puede decirnos eso. Si uno tiene conciencia emocional y soy capaz de mirar lo que está pasando, la emoción me dirá quién soy yo. El mundo en el cual uno vive es una construcción personal, no es culpa de nadie”, finalizó.