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Enrique Kawamura: Grecia y el choque cultural

"El problema de fondo en Grecia sigue siendo la asimetría entre países de la zona del Euro en los fundamentos institucionales que determinan las políticas fiscales de cada país. No sería razonable admitir que el modo de decidir en materia de política fiscal en Alemania sea similar a la de Grecia. Ambos países tienen improntas culturales mutuamente inconsistentes, en las que radica gran parte del problema actual de la región", opinó el director de la Maestría en Economía. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://ar.bastiondigital.com/notas/grecia-y-el-choque-cultural

Los últimos acontecimientos ocurridos en Grecia revelaron la profundidad de los problemas que trajo la implementación de una unión monetaria en un continente tan heterogéneo como Europa. Aquellos factores estructurales que ponían en duda la sostenibilidad del Euro a largo plazo parecen confirmarse hoy.

El corralito establecido sobre los bancos que aplicó el gobierno griego es más un paliativo frente al problema estructural que de una necesidad recurrente de fondos para ir repagando el stock de deuda pública, que en 2011 alcanzó su pico máximo de 180% de su PBI. Sin embargo, parece improbable que este ajuste haya podido ser suficiente para afrontar pagos de la magnitud que debía afrontar el gobierno griego con el FMI en esta semana. Más grave aún, enfrentar estas condiciones con un proceso como el referido no parece ser sostenible desde una perspectiva político-económica debido a su efecto directo en la actividad económica, en contracción desde 2010.

El problema de fondo sigue siendo el mismo que al momento de producirse la crisis a comienzos de la década: la profunda asimetría entre países de la zona del Euro, no solamente con respecto a la estructura productiva sino, especialmente, en los fundamentos institucionales que determinan las políticas fiscales de cada país. Este último aspecto es tal vez el que se encuentra en el centro de discusión al día de hoy. Las dinámicas políticas (esto es, el modo en que los respectivos actores políticos influyen en las decisiones) que dan lugar a la determinación de las políticas de impuestos, gastos y endeudamiento de los distintos estados son bien diferentes entre distintos grupos de países. Por ejemplo, no sería razonable admitir que el modo de decidir en materia de política fiscal en Alemania sea similar a la de Grecia, aun pensando en el gobierno anterior al actualmente vigente. En el fondo, las preferencias de cada electorado entre países son bien heterogéneas, obedeciendo, seguramente, a mentalidades culturales muy disímiles.

Aquí parece radicar buena parte del problema, ya presente en las discusiones de hace cuatro años y renovadas hoy. Consideremos un ejemplo. Un país cuyo electorado promedio tal vez esté dispuesto a ser gobernado por administraciones más “previsoras”, con políticas fiscales contracíclicas (esto es, ahorrando en épocas de auge para desahorrar en épocas de recesión) tal vez sea poco proclive a pagar paquetes de rescate a otro país cuyo electorado, a lo mejor, sea menos propenso a tener tales gobiernos previsores. Y, sin embargo, esos dos países, legalmente hablando, comparten la misma moneda con un único banco central. Si el segundo país, por diversas razones, incurre en un peligro inminente de repago de deuda y le solicita un rescate al primero, el potencial problema es que el electorado de este último se niegue a financiar ese rescate, simplemente porque considera que el segundo país “pecó de imprudente”.

Evidentemente, la historia narrada en el párrafo anterior tiene varias aristas discutibles, como, por ejemplo, la dificultad de determinar en lo previo hasta qué punto un gobierno (o un electorado que lo apoye) puede ser despilfarrador por problemas “culturales” o porque es suficientemente optimista respecto del futuro.

Sin embargo, sin querer encontrar culpables, tal historia intenta puntualizar una “incompatibilidad de incentivos” que hoy parece existir para que puedan pagarse paquetes de rescate más laxos que los que se vienen discutiendo para evitar que el gobierno griego deba realizar un ajuste del gasto en plena contracción. Y su potencial solución no parece avizorarse: las improntas culturales mutuamente inconsistentes no pueden cambiar de un año a otro.