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Roberto Bouzas: El doble Grexit, la otra pesadilla

"La tradición de gradualismo y cambio incremental propios de la Unión Europea sugieren que cualquier solución a la crisis actual encontrará una manera menos traumática que la que hoy está prevista tanto para Grecia como para las instituciones europeas. Una vez más, la economía pone sus límites y la política trata de empujarlos", analizó el vicerrector académico. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.lanacion.com.ar/1808510-el-doble-grexit-la-otra-pesadilla

Mucho se ha hablado en estas semanas del Grexit, o posible salida de Grecia de la eurozona. Pero pocos se han preguntado qué caminos prevén los tratados de la Unión Europea (UE) para que un país de la eurozona abandone el euro. Curiosamente la respuesta es ninguno: no hay nada en los tratados que prevea un mecanismo por el cual un país de la eurozona podría dejar la moneda común.


Con la excepción de Gran Bretaña y Dinamarca, países que reservaron su derecho a no adoptar el euro a través de dos protocolos accesorios al Tratado de Maastricht, todos los demás miembros de la UE (esto incluye a los restantes 26) o ya se encuentran dentro de la eurozona o se incorporarán cuando cumplan con los criterios de convergencia establecidos a través de una decisión del Consejo de Europa.


En otras palabras, la Unión Europea tiene un procedimiento para ingresar en la eurozona (que no depende de la decisión de los Estados miembro sino de las instituciones comunitarias), pero ninguno para abandonarla.


El Tratado de Lisboa, sin embargo, sí incluyó un artículo estableciendo los procedimientos que debería seguir un país miembro para retirarse de la Unión Europea. Esto coloca a Grecia ante al hecho de que para dejar el euro debería-si se siguen los procedimientos establecidos- abandonar también la Unión Europea. Lindo problema. Es muy probable que ante la eventualidad de un Grexit la creatividad europea encontrará un mecanismo pragmático para que su salida del euro no se acompañe de los catastróficos efectos de quedar también al margen de la unión aduanera y el mercado único.  


La tradición de gradualismo y cambio incremental propios de la Unión Europea sugieren que cualquier solución a la crisis actual encontrará una manera menos traumática que la que hoy está prevista tanto para Grecia como para las instituciones europeas. Una vez más, la economía pone sus límites y la política trata de empujarlos.