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Khatchik DerGhougassian: Golpear en tres continentes

"A un año de la proclamación del Califato, el Estado Islámico (EI) ha desatado una ola de terror en lugares alejados del territorio que controla en Siria e Irak. Las estrategias de contención de este movimiento se han revelado hasta ahora ineficaces", opinó el profesor de Relaciones Internacionales. 

El martes 23 de junio de 2015, a cinco días del comienzo del Ramadán, el noveno mes del año en el calendario lunar, en que los musulmanes ayunan por su fe desde el alba hasta la puesta del sol, el portavoz del Estado Islámico (EI), Abu Mohamed al-Adnani, llamó a los fieles del Islam a multiplicar los ataques por la yihad. Su llamada fue respondida en tres continentes el viernes 26 de junio; mejor dicho, el EI coordinó por lo menos dos de estos ataques, en Túnez y en Kuwait, los reivindicó en dos comunicados separados y prometió aún más para los próximos días. No estaba del todo claro si el tercer atentado en SaintQuentin-Fallavier, cerca de la ciudad de Lyon, en Francia, formaba parte de una planificación anticipada y coordinada con los otros dos, o si Yassin Salhi, de 35 años, el terrorista que decapitó a una persona y luego intentó hacer explotar la planta de gas y productos químicos de la empresa global Air Products, actuaba voluntariamente. Aun así, su acto contribuye enormemente a la reivindicación de la credibilidad del EI en su doble capacidad de cumplimiento de las advertencias y de convencimiento a musulmanes que respondan a su llamada a la yihad.

La planificación y coordinación de los otros dos atentados se refleja no sólo en la doble estrategia de los actos del EI fuera del territorio que controla –tomar como blanco a cualquier occidental, preferiblemente civiles, y apostar a la mayor profundización de las grietas entre sunnitas y chiitas–, sino también en la elección de los espacios: un complejo turístico en Túnez, una de las mayores fuentes de ingresos para la economía del país, y una mezquita chiita a la hora de la oración en Kuwait, un país de mayoría sunnita pero hasta ahora bastante al margen como blanco de atentados y/o incitación al odio sectario intra-islámico.

No por casualidad, en la reivindicación de la voladura de la mezquita en Kuwait City de parte de uno de sus militantes, que identifica como Abu Sulaiman al-Muwahid, el comunicado de EI justificaba el ataque sosteniendo que el lugar de culto había sido utilizado para la conversión de sunnitas al chiismo. El atentado, además, sigue el patrón de ataques contra los chiitas, el último de los cuales se produjo en Damman, en el este de Arabia Saudita, cuando el 29 de mayo pasado, un islamista intentó inmolarse en un cochebomba contra la mezquita del Imam Husein, pero al ser detectado como sospechoso detonó el explosivo, matando a cuatro personas. En cuanto a los presumiblemente dos terroristas que en la playa de un resort sobre el Mediterráneo, en la ciudad de Sousse, en Túnez, abrieron fuego ciegamente contra los turistas, a nadie se le escapó que el antecedente en términos de un patrón estratégico que se repite había sido el ataque contra el Museo Nacional del Bardo, el 18 de marzo pasado. Es decir, en el único país donde las revueltas árabes del 2011 habían tenido un desenlace más o menos positivo en el sentido de la democratización del sistema de gobierno y el rechazo a la inclusión de la sharia –la ley islámica– en la Constitución, que intentó el partido islamista al-Nahda luego de ganar las elecciones, el EI tomaba como blanco blando a los turistas para golpear una de las fuentes de ingresos más importantes de la economía tunecina y para sembrar la intranquilidad. Más aun, aunque el comunicado de EI no lo mencionara explícitamente, Túnez fue designado aliado extra-OTAN de Estados Unidos el 21 de mayo pasado, durante la visita del presidente Beji Caid Essebsi a la Casa Blanca. Como tal, Túnez ha dado visibilidad a su participación, voluntaria o motivada por la necesidad de contar con el apoyo de Washington –o la esperanza de este apoyo…– en el proceso de consolidación de la democracia y de la “guerra contra el terrorismo”, tema del mayor interés para Estados Unidos.

Es cierto, al EI nunca le preocupó la guerra contra el terrorismo; con o sin ella seguiría su vía; pero tampoco se ha de menospreciar la importancia de golpear a un aliado de Estados Unidos para demostrar predisposición a enfrentar a esa “drôle de guerre” y acomodarla en el paradigma de la yihad.

Trayectoria breve y “fecunda”

Sumados, ambos atentados causaron cerca de 60 muertos y más de un centenar de heridos. En Francia, el tercer atentado tuvo como principal víctima al empleador, de 54 años, de quien lo perpetró y luego se inmoló. La espectacularidad de este atentado, la exhibición de la barbarie como mensaje de identificación se encuentra en la cabeza expuesta en la reja donde el terrorista había escrito con la sangre de la víctima inscripciones en árabe. La similitud de este atentado con los emprendimientos del EI o como respuesta a la llamada de Al-Adnani es más obvia que las semejanzas con los atentados en París contra Charlie Hebdo y el supermercado judío. Francia había decidido seguir los pasos de Estados Unidos e imponer un control más estricto sobre las comunicaciones por temor, precisamente, al recrudecimiento del terrorismo; la cooperación en este dominio entre los servicios de inteligencia de Francia y Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo siempre ha sido de alto nivel, sin que ello impidiera que la Agencia Nacional de Seguridad vigilara también las comunicaciones de los presidentes en ejercicio desde el comienzo de la “guerra contra el terrorismo” –Chirac, Sarkozy y Hollande–, como revelaron los WikiLeaks provocando un escándalo en Francia tan solo tres días antes del atentado. Pese a la indignación, la diplomacia francesa había optado por no provocar ninguna crisis con Washington (en donde el tema no había importado ni a la clase política ni a la opinión pública); es probable que después de este ataque terrorista la indignación dejará de tener sentido…

Los tres atentados recientes marcan también el primer año de la proclamación del Califato. El 10 de junio de 2014 caía Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, a manos del entonces llamado Estado Islámico de Irak y Siria –ISIS, en su sigla en inglés, o DAESH, en su sigla en árabe, que es como se refieren al EI en Medio Oriente para quitarle cualquier ilusión de legitimidad con el uso del concepto de “Estado”–. La caída de Mosul fue la culminación de una ofensiva militar en Siria e Irak que DAESH había comenzado en mayo de 2013, cuando ocupó la ciudad de Raqqa en Siria. La caída de Mosul fue consecuencia de una “guerra relámpago” cuyos detalles de planificación, terceras partes involucradas y las razones de la facilitación de su acontecimiento aún se han de revelar.

El 4 de julio de 2014, el líder del nuevamente proclamado EI, Abu Bakr al-Baghdadi, pronunció el sermón de la victoria en Mosul y proclamó el restablecimiento del Califato, pidiendo la adscripción de todos los musulmanes al “Calif Ibrahim”. Desde entonces, el EI se expandió territorialmente, ocupando la ciudad siria de Palmira y la iraquí de Ramadi. Veintiún grupos islamistas le declararon lealtad, incluyendo a Ansar Al-Sharia en Libia, Boko Haram en Nigeria y Ansar Beit al-Maqdisi en Egipto. Considerando todos estos hechos, el analista Muhammad-Mahmud Ould Mohamedou sostiene que el EI “ha tenido un muy buen primer año”, no hay ninguna estrategia regional o internacional para combatirlo, y el fenómeno tendrá consecuencias de largo tiempo en términos de las transformaciones en el Levante (1).

El EI alteró la dinámica del balance de poder en Medio Oriente en dos sentidos: generó un espacio territorial geopolítico que reclama la representatividad de la Umma (comunidad musulmana) entendida como musulmanes sunnitas y, por lo tanto, se da el derecho de pretender legitimidad en hacer la yihad en nombre de la misma, como no lo hicieron ni los Estados más identificados con los sunnitas y con aspiraciones de liderazgo regional –a saber, Arabia Saudita y Turquía– y tampoco las organizaciones islamistas –en particular su rival y hasta enemigo Al-Qaeda–; incluyó oficialmente, si no esencialmente, a los chiitas en la lista de los blancos de sus ataques y limpieza religiosa.

Por cierto, la intervención y ocupación militar de Irak por parte de Estados Unidos ha sido el factor de mayor importancia en el desenlace de los acontecimientos, con una transformación radical de la geopolítica y el balance de poder en la región. Sin descartar por ello la validez explicativa de las razones que remiten a motivaciones primarias, como la puja por la hegemonía, la imposición de la perspectiva ideológica de los llamados neoconservadores en la administración de George W. Bush y hasta el petróleo, la lógica de la política del balance de poder siempre termina imponiéndose como la más relevante a la hora de pensar el fenómeno empíricamente y hasta normativamente.

Así, sea cual fuera la motivación primaria de una guerra anunciada, pocas dudas quedan de que un debilitamiento de los sunnitas y un empoderamiento de los chiitas serían el resultado inevitable de la caída de Saddam Hussein. La cuna de la ideología islamista que proporcionó una base de legitimación a los ataques terroristas estaba en Arabia Saudita. Paradójicamente, esta misma fuente ideológica –la interpretación wahabista del Islam– legitimaba y amenazaba a la vez a la monarquía aliada con Estados Unidos. Lo que probablemente más le preocupaba a la administración Bush era la caída de una monarquía conservadora que, si bien nunca tuvo problemas en apoyar la variante del wahabismo que generó el régimen de los talibanes, tampoco podía hacerla suya en términos de gobierno o forma de vida. Por lo tanto, y en la lógica de una política de balance de poder, es muy probable que los mentores intelectuales de la Operación Libertad Iraquí pensaron en la contención del islamismo emergente como amenaza interna a la dinastía de los Saud, mientras confiaban en que el poderío militar de las bases permanentes en Irak que pensaban instalar serviría como factor disuasivo y de contención a la expansión de la influencia chiita-iraní.

Errores de fondo

¿Cálculo estratégico incorrecto, pecado de omnipotencia en un mundo unipolar o simplemente desconocimiento voluntario de la compleja realidad de Medio Oriente en general e Irak en particular?... Lo cierto es que Washington despreció las limitaciones de su capacidad de controlar los acontecimientos, y ante la falta de un pensamiento estratégico que supiera entender y evaluar el sentido de la fractura sunnita-chiita preponderante en Irak desde 2006 por lo menos, Washington recurrió a las acomodaciones dinámicas del día a día de una política de balance de poder, armando tanto al gobierno aliado de Irak como a distintas facciones de la sociedad iraquí de manera circunstancial. De ahí que la pregunta central para entender al EI que se formuló en círculos de académicos, analistas y políticos estadounidenses fue si éste tiene como objetivo la inauguración de un nuevo espacio territorial soberano en Medio Oriente. El esfuerzo de construcción estatal en los territorios bajo el control del EI con la imposición de la sharia es notable (2); a tal punto que a un año de su anuncio se puede constatar una “normalización” de la vida cotidiana en los territorios bajo su dominio, de acuerdo al criterio de gobernabilidad definido por el régimen, aunque la mayoría de sus aspectos resulten simplemente repudiables desde el punto de vista de cualquier perspectiva secular o de respeto a los derechos humanos. Sobre la base de esta consideración, Stephen M. Walt recurre a la perspectiva teórica del neorrealismo y confía en la capacidad de “socialización” del sistema; y como ninguna “socialización” acontece en forma espontánea, Washington debería apoyarse sobre actores locales como Arabia Saudita, Turquía, Jordania e Irán para contener su expansión (3).

El problema es que la estrategia de contención pensada esencialmente bajo el paradigma del Estado territorial no tiene protocolos definidos para la guerra religiosa entre los sunnitas y los chiitas en la cual se inserta la emergencia y consolidación del EI. Más sencillamente, ¿cuál es el límite de la expansión territorial del Califato cuando el objetivo proclamado es la reunificación de la Umma? La proyección de poder global que ensayó el 26 de junio con ataques simultáneos en tres continentes revela que la razón de ser del EI es más que la expansión territorial y consolidación de una legitimidad de gobierno para luego aspirar a su aceptación en el sistema y la convivencia en una nueva estructura de balance de poder en Medio Oriente. El EI parece confiado en la victoria final para desestimar una eventual escasez de recursos, menor éxito en el reclutamiento de combatientes o el éxito de una supuesta política de contención; no necesariamente por la fe en Dios. Tampoco por el apoyo logístico que recibe de Arabia Saudita y Turquía por ser útil como factor de contención a Irán y para luchar contra una supuesta expansión chiita. Según una encuesta de Al-Jazeera en la última semana del pasado mayo a su audiencia de habla árabe, 81% votaron “sí” a la pregunta: “¿Apoyaría las victorias del ISIS en su región?”. “Los resultados de esta encuesta online pueden no ser científicos. Pero proporcionan una evidencia anecdótica de lo que muchos ven como un auge del apoyo al islamismo en el Medio Oriente árabe, entre los musulmanes del subcontinente indo-pakistaní y en la diáspora en Gran Bretaña y Francia”, comenta Tarek Fatah (4).


(1) . Muhammad-Mahmud Ould Mohamedou, “The Islamic State’s first year”, Al Monitor, 25 de junio. En Internet: http://www.almonitor.com/pulse/originals/2015/06/iraq-isis-baghdadi-alqaeda-mosul-raqqa--syria-yemen.html?utm_source=Al-Monitor+Newsletter+%5BEnglish%5D&utm_campaign=32a25ce3baJune_25_2015&utm_medium=email&utm_term=0_28264b27a0-32a25ce3ba-93113565 (consulta realizada el 26-6-15).

(2). Andrew F. March y Mara Revkin: “Caliphate of Law. ISIS’ Ground Rules”, Foreign Affairs. En Internet: https:// www.foreignaffairs.com/articles/syria/2015-04-15/caliphate-law (consulta realizada el 15-4-15).

(3). Stephen M. Walt, “What Should We Do if the Islamic State Wins?”, Foreign Policy, 10 de junio. En Internet: http://foreignpolicy.com/2015/06/10/what-should-we-do-if-isisislamic-state-wins-containment/(consulta realizada el 11-6-15).

(4). Tarek Fatah, “Face reality: Many Muslims support ISIS”, Toronto Sun, 16 de junio. En Internet: http://www.torontosun.com/2015/06/16/face-reality-manymuslims-support-isis (consulta realizada el 29-6-15).