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Paloma Bigio

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Martín Rossi: De eso no se habla, los lindos ganan más

Contra todo lo que indica el manual de las buenas costumbres, la apariencia física puede impactar directamente en el empleo; cuáles son las razones y por qué en este caso la tendencia es global. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.lanacion.com.ar/1809474-de-eso-no-se-habla-los-lindos-ganan-mas

La belleza es la moneda de la naturaleza, escribió el poeta inglés John Milton en 1634. Y en la actualidad, aunque suene lamentable, también es la moneda vigente en el mercado laboral. Diversos estudios hechos por economistas llegaron a la conclusión de que la apariencia física puede afectar la probabilidad de ser empleado y que los considerados más atractivos ganan entre un 5 y un 10% más. Estos datos se desprenden del estudio sobre beauty labour market (o economía de la belleza) de los economistas Daniel S. Hamermesh y Jeff Biddle de los Estados Unidos. Además, descubrieron que la "penalidad" para los "no tan atractivos" es de un sueldo inferior, entre un 5% y un 10% menos, y deben "proactivamente compensar su falta de atractivo con mayor educación o mayor experiencia laboral".

¿De qué se trata el beauty labor market? El concepto tiene que ver con la discriminación implícita en ciertas culturas. En el caso de Hamermesh y Biddle, el estudio fue exclusivo para el mercado laboral de los Estados Unidos y Canadá. Pero fue sólo el puntapié: otros colegas decidieron estudiar en diferentes países como la Argentina, Alemania, Luxemburgo y Reino Unido.

En todos los casos, las conclusiones tienen algo en común: en el mercado laboral, independientemente del país, se recompensa el atractivo físico en términos de salarios reales y no hay diferencias de género. Es decir, que contrariamente a las creencias culturales, no son sólo las mujeres las que por ser "pretty" ganan más. Pasa también en los hombres, y si son altos, mejor para algunos empleos.

En la Argentina, los economistas Florencia López Bóo (del BID), Martín Rossi (Universidad de San Andrés) y Sergio Urzúa (Universidad de Maryland) hicieron un estudio en el que comprobaron que los candidatos "atractivos" recibieron 36% más de invitaciones a ser entrevistados. Tomaron una medida que indica que la proporción de lo considerado "belleza" es de una distancia vertical entre los ojos y boca de 36% del largo de la cara total, y la distancia horizontal entre los ojos es de 46% del ancho de la cara. Con retoque digital modificaron esas medidas para hacer fotos "atractivas" y "menos atractivas".

"Hicimos un experimento controlado, o lo que en inglés se llama un RCT [random control trial]. Enviamos aleatoriamente los CV de los atractivos y no atractivos a cada una de las ofertas de trabajo que aparecían en Internet", explicó López Bóo, que agregó que hizo este trabajo porque "hay un reconocido interés por el aspecto físico en la Argentina y además es habitual adjuntar una foto al CV. Cuando quisimos hacerlo en Colombia, no pudimos, porque allí esto último no se acostumbra".

Dos economistas europeas se preguntaron si el impacto en los salarios se debe realmente a la belleza o a una alta autoestima. Karina Doorley y Eva Sierminska elaboraron un estudio comparativo entre Alemania y Luxemburgo, del que destacaron que los sueldos se veían más "motivados" por la apariencia física y que las mujeres así obtenían un plus.

En su estudio revelaron que para las mujeres existe un 25% de premio al atractivo y otro del 17% de aumento en el salario para las de mayor autoestima. En cambio, para los hombres el efecto es un poco menor: hay 16% de premio al atractivo y ningún efecto significativo en cuanto a la autoestima.

Al igual que el estudio de Hamermesh y Biddle, sostuvieron: "Las personas más atractivas, en igualdad de condiciones, pueden tener mejores oportunidades y mayores ingresos, mientras que las menos atractivas deben compensar con otro tipo de calificaciones, como mayores niveles de productividad, dependiendo dónde se ubiquen en la distribución del salario".

Además, demostraron que hay causas directas para explicarlo: pura discriminación del empleador, discriminación de los clientes (se asume que prefieren ser atendidos por gente atractiva) o ocupational crowding (aquellos trabajos que tienen discriminación implícita de género como, por ejemplo, "trabajos de hombre" o "de mujer", como enfermeras o secretarias). En una entrevista radial, Hamermesh explicó: "Un empleador paga más a los empleados más atractivos, pero, a la vez, obtiene algo extra gracias a ellos: generan mayor clientela, más ingresos y más ganancias. En ese sentido, el empleador está haciendo una maximización razonable de su negocio, y la discriminación no viene de su parte, sino de las preferencias de los clientes".

Pero, ¿quiénes son "los lindos"? ¿Cuál es el parámetro de la belleza? Para Hamermesh y Biddle, no hay una única idea del concepto de belleza porque depende de cada cultura en particular. Así estiman en su estudio: "Lo que es menos obvio es que los estándares de belleza cambian a lo largo del tiempo en las mismas culturas; por lo tanto, lo crucial es que los estándares de lo atractivo cambien lo suficientemente lento para que las decisiones del mercado laboral permitan planear a las personas un horizonte posible en su vida laboral".

El economista Barry Harper fue un paso más adelante y agregó un parámetro a estas investigaciones: además de la belleza, estudió qué sucede respecto de la estatura y peso en Gran Bretaña. Descubrió que los hombres altos obtienen un premio y las mujeres "con sobrepeso", una penalidad. Dice en su trabajo: "Encontramos en particular que más allá del género, aquellos que son considerados no atractivos o bajos de altura tienen desventajas salariales".

Así, Harper observó una brecha salarial entre los más atractivos y los menos atractivos: 19% para hombres y 13,1% para mujeres, y una brecha para aquellos que son más altos de 23,2% y 25,9% para, respectivamente, hombres y mujeres. Entre aquellas personas con sobrepeso, los hombres ganan 12,8% menos, mientras que las mujeres ganan un 13,6% menos que sus pares del mismo género. Y reportó también que la probabilidad de ser empleado en una ocupación profesional es mayor para altos o atractivos, pero menor para los no tan atractivos, bajos u obesos.

Pero ¿cuánto debe medir alguien para ser considerado "alto o bajo"? Según su estudio, se usó la medida estándar de 1,68 m para los hombres y 1,54 m para las mujeres. "Los hombres y mujeres que estén entre los 10% del promedio de altura ganan 4,3% y 5,1% menos que los individuos que miden entre el 20 y el 79% más. Los hombres relativamente altos, pero no los más altos, obtienen un premio salarial. Y los más altos, que miden 1,82 m o más, obtienen un plus salarial de 5,9% más que los de estatura mediana. En el estudio no se encontraron diferencias entre mujeres relativamente altas, lo cual expresa que se evidencia una importancia en la altura sólo para el género masculino", dice el análisis.

¿Cuál es el rol de la belleza en el espacio de trabajo? Doorley y Sierminska hicieron una división: los trabajos dressy y non-dressy, aquellos que exigen estar muy bien vestidos, y los que no se les presta tanta importancia, ya que no hay tanta interacción entre personas (trabajos de agricultura, artistas, oficios varios, operarios de maquinarias, entre otros). Los dressy son los que exigen una interacción humana en las actividades del día tras día; supervisores, managers, profesiones ligadas a la intelectualidad, profesiones intermedias, empleados administrativos y venta al público. A su vez, López Bóo encontró que las industrias de servicio como oficinistas, administrativos, comidas, restaurantes, entre otros, "el premio a la belleza es mayor, lo cual tiene sentido por el contacto más directo con el cliente".