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Jason Beech: “Hay una contradicción entre la obligatoriedad de la secundaria hasta los 18 años y el voto a los 16”

El director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés asegura que si bien “el corte de edad siempre va a ser arbitrario”, tiene que ser una medida “coherente con el acceso a otros derechos y obligaciones” de los adolescentes. Además, considera que la problemática educativa "está ausente de las propuestas electorales" de los candidatos con miras a los comicios legislativos.
El 1,9 por ciento del padrón electoral en condiciones de votar el próximo 11 de agosto en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) lo integran adolescentes de entre 16 y 18 años, quienes tendrán la posibilidad de hacer su presentación en las urnas tras una ley votada a fines de 2012.

Según cifras difundidas por el Ministerio del Interior, un total de 592.344 adolescentes renovaron su DNI y podrán elegir legisladores, tanto en las internas abiertas como en los comicios generales del 27 de octubre. El dato, además, señala que los adolescentes que realizaron el trámite de renovación del documento para tener la opción de votar por primera vez representan el 42,7 por ciento de los ciudadanos registrados entre los 16 y 18 años.

“Hay una contradicción grande cuando se dice que todos los chicos tienen que cursar la educación secundaria obligatoria hasta los 18 años porque estamos convencidos de que es una parte fundamental de su educación para el futuro pero, por otro lado, les damos antes el derecho al voto”, afirmó Jason Beech, director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés. 

¿Están suficientemente preparados los adolescentes para votar?

Jason Beech: Eso depende de qué quiere decir estar preparado para votar. En cierto sentido ninguno de nosotros está del todo preparado, y en otro, uno podría pensar que votar no requiere de ninguna preparación especial. Basta con ser ciudadano de un espacio político. Lo que quiero decir es que si partiéramos de la idea de que no están preparados a los 16, nada nos garantiza que sí lo estén a los 18. No tengo una opinión fuerte ni a favor ni en contra del voto a los 16. El corte de edad siempre va a ser arbitrario. Lo que creo es que tiene que ser coherente con el acceso a otros derechos y obligaciones. En ese sentido, lo que veo es que hay una contradicción más filosófica o de principios en todo esto, porque se supone que la escuela es una especie de microcosmos en el cual se espera que los estudiantes se preparen para después entrar en el mundo real y tener una participación mucho más activa en la sociedad. Hasta los 18 años suponemos que los chicos no pueden hacer ciertas cosas porque se están preparando. Les decimos que es obligatorio seguir en la escuela hasta quinto o sexto año porque es una parte fundamental de su educación para el futuro pero, por otro lado, les damos el derecho al voto antes de esa edad. Desde un punto de vista ideológico está bien visto decir ‘estos chicos merecen ser escuchados’, pero si merecen ser escuchados entonces no hagamos obligatoria la escuela secundaria. Hagámosla obligatoria hasta los 15 o 16 años y después que siga yendo el que quiere. El que quiera empezar a trabajar, por ejemplo, que trabaje. No entiendo que pueda votar pero que no pueda elegir ir o no a la escuela. Ahora, si los chicos están preparados o no para votar es otro tema. 

¿En ese contexto planteado, tiene sentido que puedan votar?

Jason Beech: No me parece mal pero no es un problema de la Argentina. Es decir, no lo veo como un tema importante en la agenda. Y, reitero, me parece que es grande la contradicción entre decirles ‘vos estás obligado a terminar la escuela secundaria porque no sos lo suficientemente adulto’ pero, por otro lado, decirles que si quieren pueden ir a votar.

¿Qué debería hacer la escuela secundaria a partir de esta instancia electoral en la que participan los estudiantes?

Jason Beech: Un lado positivo que se le puede ver a esta situación es que las escuelas secundarias se involucren más con el tema de las elecciones. Sería bueno que puedan hacer algo desde materias como Educación Cívica o Historia, o actividades extracurriculares. Pero en esa instancia hay ver cómo juega el proselitismo y cómo balancearlo con una preparación de los chicos que sea más política en el sentido grande de la palabra. Por ejemplo, se podrían invitar a representantes de los distintos partidos políticos a que expongan en el horario escolar o fuera de él, aunque se tendría que hacer bien para que la escuela no se convierta en un espacio partidario porque podría ser una pérdida grande si la disputa partidaria, tal como está planteada hoy en la Argentina, coloniza las escuelas. Pero, por supuesto, me parece mucho mejor esta opción bien hecha a que los alumnos simplemente aprendan de memoria el Preámbulo de la Constitución. Ahora, la escuela ya tiene un montón de problemas y desafíos para resolver, y este tema sería cargarla de una más. Queremos que la escuela forme buenos ciudadanos, enseñe las disciplinas, luche contra la droga, brinde educación sexual y ahora le sumamos otra demanda. Es lógico que la educación condense las aspiraciones políticas y sociales, porque cuando discutís qué tipo de educación querés estás también discutiendo qué tipo de sociedad se busca, y es algo interminable donde siempre se va a querer más. No conozco un solo país en el mundo en donde alguien diga que está muy conforme con la educación que tienen y que no quiere mejorarla. Por eso, creo que en una buena política educativa un aspecto fundamental es saber priorizar las demandas que le vamos a hacer a las escuelas y el apoyo que les vamos a dar para que las aborden. Porque los recursos, incluido el tiempo, son escasos y querer hacer todo a la vez es tan problemático como no hacer nada.

¿De qué modo abordan los candidatos el tema de la educación en sus campañas?

Jason Beech: Observo que el tema de la educación está completamente ausente de las propuestas electorales. Más allá de alguna declaración de principios del tipo ‘la educación es importante para nosotros’, no se habla de educación. Y no es un problema sólo de los candidatos, porque tampoco los periodistas les preguntan sobre el tema. No aparece como un tema importante para los candidatos políticos y los electores tampoco lo exigen. Me parece que es un círculo vicioso en el que los políticos meten temas en sus discursos a partir de encuestas que hacen sobre qué le importa a la gente, y se ve que en las encuestas el tema de la educación no aparece. La educación dejo de ser un problema público o al menos no tiene ese estatus en nuestra sociedad actual. Sin embargo, el problema de la educación va mucho más allá de la educación de mi hijo. Qué educación recibe tu hijo también es un problema mío, porque va a convivir con mi hijo y conmigo. Yendo a situaciones extremas, me interesa saber si estás formando un neonazi y me gustaría que el estado te lo prohíba. En el medio hay un montón de cuestiones como, por ejemplo, escuelas en donde los chicos de sexto grado tienen problemas para leer y escribir, y eso no aparece ni en los medios ni en los discursos de los candidatos. Mi impresión es que se habla de educación cuando hay un conflicto docente por salarios o cuando hay hechos de violencia en escuelas, que suelen ser aislados aunque aparecen como si fueran algo frecuente.