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Alejandro Artopoulos: Atrapados en WhatsApp

"Es la app ideal para lo que se llama el micromanagement familiar. Y lo que más se usa, claro, son los grupos, tanto para familias, amigos, padres de escuelas, etcétera, como para grupos de trabajo", consideró el profesor de la Escuela de Educación. La foto pertenece a Paula Salischiker, de LA NACION. La versión original de la nota puede verse aquí: http://www.lanacion.com.ar/1827168-atrapados-en-whatsapp

 


Seis grupos estables y varios "del momento" para organizar encuentros, compras de regalos, cumpleaños o trabajos para la facultad. Así se compone el WhatsApp de Jessica Mathov, estudiante de Psicología de 25 años para quien esta aplicación forma parte de su vida cotidiana en el sentido más literal de la palabra: lo usa desde que se levanta hasta que se va a dormir, y lo considera un "contacto constante y necesario" con su entorno. "Los grupos con los que más interactúo en el día son el de mis dos mejores amigas, el de los amigos del colegio, el de la facultad, los de mi familia (tengo uno con mi hermano y mi mamá, otro con mi hermano y mi papá) y el de unos compañeros de viaje que conocí en las últimas vacaciones", cuenta.

Como ella, miles de argentinos rinden culto diario a la aplicación. Siguen su lógica, están pendientes de cada notificación, arman grupos y grupos y más grupos que despiertan, cuándo no, sentimientos contrapuestos: la queja constante por la cantidad de notificaciones y la "obligación" de permanecer en ellos, pero también la certeza de que darse de baja es sinónimo de quedar afuera de (casi) todo.

Así, estos grupos desplazan las cadenas de mails y las llamadas telefónicas para atravesar todas las edades y círculos sociales: está el de las mamis del jardín, el de los papis de la escuela, los grupos de varios amigos simultáneos, el del trabajo, el de las parejas estables o incipientes; están los fanáticos del mensaje de voz (junto con los detractores que no quieren escucharlos) y claro: esos infaltables que nacen y mueren para un evento puntual, cada uno con su dinámica, códigos y contratiempos propios. Se crean, se abandonan y se vuelven a crear en versiones más reducidas. Todo el tiempo. No es raro, teniendo en cuenta que la Argentina encabeza el top ten mundial de usuarios de WhatsApp.

Según un reciente estudio realizado por la consultora GlobalWebIndex, dedicada a medir las tendencias en consumos digitales, el 57% de los adultos que tienen Internet chatea, lo cual nos coloca en el séptimo puesto de la lista, liderada por Sudáfrica. Y el 68% de ese porcentajes participa de múltiples grupos.

"WhatsApp hoy se usa más como red social, como diálogo colectivo -asegura Alejandro Artopoulos, sociólogo y profesor de la Universidad de San Andrés-. Es la app ideal para lo que se llama el micromanagement familiar. Y lo que más se usa, claro, son los grupos, tanto para familias, amigos, padres de escuelas, etcétera, como para grupos de trabajo".

"Soy de la época del mensaje de texto, pero esto te abre la puerta a conversaciones más largas y mesas redondas múltiples", dice Franco Marinucci, de 28 años, un médico que participa de entre 12 y 15 grupos simultáneos. Entrar es fácil, lo complejo es darse de baja. "Si algún grupo excede el comentario, la necesidad o la anécdota, yo me bajo. Pido perdón si es necesario, pero me salgo, porque me parece un abuso", asegura Jessica, aunque también admite que tomar esa decisión le cuesta, y mucho. El dilema se impone en las miles de pantallas: ¿somos autónomos con respecto a este uso o hemos quedado atrapados en la lógica del diálogo infinito?